lunes, 11 de abril de 2016

ABC del fotógrafo curioso: una corta reflexión sobre el lenguaje fotográfico y la conversación visual.




La fotografía con frecuencia se menosprecia como forma de expresión artística. Ya sea por el hecho que depende de una cámara para su resultado final - lo que Flusser llamaba la post historia o la creación de un traductor mecánico - o por su reciente data. Cualquiera sea el motivo, la percepción de la fotografía como herramienta de expresión visual y concepto creativo, continúa debatiéndose en todos los ámbitos imaginables: desde el punto de vista del autor - el fotógrafo que observa, extrae conclusiones de esa mirada subjetiva y crea en consecuencia - hasta la del colectivo, que se asume así mismo como parte del trayecto constructor de un lenguaje visual. Y es que la fotografía como arte autónomo, aún se encuentra en plena transformación hacia una propuesta firme y que pueda sustentarse sin el cimiento de otras artes y sobre todo, con la absoluta libertad que brinda la conclusión estética propia.

Por ese motivo, analizar los motivos de todo trabajo autoral será siempre una forma efectiva de elaborar un planteamiento amplio sobre las artes. Sobre todo,  la comprensión de la fotografía como ventana hacia el mundo íntimo de quien crea y sus motivaciones para hacerlo. Una percepción de enorme importancia en el  análisis de  la capacidad creativa, discursiva e incluso estética de un autor. Tal vez por ese motivo, me obsesiona un comentario que una de mis profesoras favoritas de fotografía hizo sobre el lenguaje fotográfico y en el cual he meditado muchas veces desde entonces: “En el arte, todos insistimos en el mismo tema, pero en diferentes maneras. Todo artista, está obsesionado por decir algo concreto, y eso se hace evidente en todo lo que hace”. Y es que esa frase, contiene esa búsqueda, en ocasiones ingrata, de ese lenguaje personal que se crea cada día, que se construye con esfuerzo y que al final, es la búsqueda más constante de todo aquel que ame la creación visual.

No es sencillo entender que se dice o que se crea en el trabajo fotográfico. Con frecuencia, se confunde la interpretación —la mirada del otro, la observación y la opinión del que mira— con la construcción de un mensaje visual sólido. El lenguaje fotográfico es esa idea subyacente que nace en el trabajo visual, ya sea a través de símbolos o simplemente con la ausencia de ellos. El lenguaje fotográfico se crea a diario, fotografía con fotografía, como si se tratara peldaños de una enorme escalera hacia el interior de la construcción visual más privada. Lo que interpreta el observador es importante, puede ser incluso significativo, si el fotógrafo lo desea así, pero lo verdaderamente perdurable, es ese metalenguaje, esa necesidad de expresión que el fotógrafo construye en cada imagen, en cada idea visual, en cada luz y sombra que escoge para eternizar. Y que dolor produce, que satisfacción también, encontrar ese vocabulario de formas e ideas que expresan esa voz interior tan preciada. Porque el lenguaje fotográfico grita, el lenguaje fotográfico guarda silencio, pero siempre dice algo. Una gran conversación entre el mundo del autor y el mundo que le rodea que en ocasiones resulta infinita, casi agotadora.

* Tomar fotos y hacer fotos:
Hace poco, observaba un extenso trabajo fotográfico de un autor a quién no conozco, pero que siempre me ha intrigado. En su personal selección —una sencillísima página web— donde parecía estar incluido todo los estilos de imágenes posibles: desde macros exquisitos hasta paisajes tranquilos y reposados. Ninguna fotografía era parecida a la otra y mucho menos, parecían tener alguna conexión entre sí. Pero de pronto, a fuerza de mirar las imágenes y degustarlas como quien paladea un vino añejado con cuidado, tuve la sensación que su autor intentaba comunicarme una idea muy clara sobre la soledad y el alineamiento social. Una pared blanca, abierta en un ángulo muy forzado, un rostro escondido entre una multitud que mira hacia la cámara, la sonrisa de una niña en medio de un grupo de siluetas adultas, apenas enfocadas. Y fue un sobresalto percibir esa intención, esa búsqueda que el autor persigue a través de sus imágenes. La conversación fluida, la conversación enormemente simbólica. La idea que construye puentes de comunicación tan precisos como personales. El concepto delineando el mundo en cuatro líneas que crean un idioma intimo.

* La idea que persiste:
Y es que sin duda, el lenguaje fotográfico poco o nada tiene que ver con el “cómo” y sí con el “por qué”. Tal vez, allí resida el mérito —la belleza— de un lenguaje fotográfico logrado a través de años de esfuerzo. Porque el lenguaje, esa conexión única entre el trabajo y su autor, se consigue luego de comprender tu manera de observar, de construir, de expresar. Un concepto, que se delinea con cuidado a través de la búsqueda de esa obsesión, de esa pasión, de la idea que subyace, que aguarda bajo la forma propiamente dicha. Durante todos estos años de educación fotográfica, lo más significativo que he aprendido sobre el lenguaje fotográfico —su valor— radica en el compromiso del fotógrafo, su capacidad para abandonar las zonas conocidas y sobre todo confortables, para rozar las ideas que cuentan una historia única, que comienza desde mucho antes de tomar la cámara entre las manos. Porque el fotógrafo, como creador, asume su perspectiva del mundo como imágenes a medio realizar, amplias en la interpretación, pero que para su personal conflicto, su deseo, su mirada personal, lo simboliza todo.

Sentada, en silencio, imagino mi propia capacidad de expresión como una extensión púrpura que se abre en algún lugar de mi mente. Y al otro lado de esa frontera imaginaria, está todo lo que quiero decir, que comencé a construir desde hace años, incluso antes de saberlo, antes incluso de pensarlo como una imagen que se sostiene. Ese lenguaje que me permite continuar insistiendo en mi propia necesidad de crear y sobre todo, de comprender(me) como una simple observadora del mundo que construyo, en mi mente y en realidad, a través de imágenes.

Y eso, a fin de cuentas, es lo realmente importante. ¿No es así?
C’es la vie.

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