lunes, 25 de abril de 2016

ABC del fotógrafo curioso: El cuidado del negativo fotográfico






Comencé a fotografiar cuando tenía once años: la era digital tardaría un poco en llegar, de manera que parte de mi adolescencia transcurrió entre rollos, papel multigrado y negativos fotográficos. Tomaba al menos dos rollos semanales y aunque no copiaba en papel la gran mayoría, si guardaba los negativos con esa emoción un poco inocente del que nada sabe y quiere aprender de sus errores. Claro que, no tenía la menor noción de como conservar mi material en film: con frecuencia arrojaba los negativos a una caja o los introducía de cualquier manera en gaveteros, rodeados de todo tipo de pequeños objetos, polvo y suciedad. Por supuesto, estaban aquellos que amaba especialmente y que iban a parar a las páginas de mis libros favoritos. Pero esa es otra historia. Lo cierto que mucho del material fotográfico que realicé en mis primeros años en el mundo fotográfico, terminó invariablemente, al fondo de un cajón o acumulado de manera muy descuidada en cualquier parte.

Volviendo al presente, y luego de recorrer un camino que me llevó de vuelta a donde comencé —de lo digital y otra vez al mundo del film— descubrí que deseaba reencontrarme con la niña que fotografiaba por el solo deseo de hacerlo. Así que me dediqué a recopilar mis negativos: los escondidos en cajas, en libros, en gaveteros, en los lugares impensables de casa. Y encontré que la gran mayoría del material se encontraba —como es lógico— en deplorables condiciones. No es para menos, claro. El film es una de esas cosas delicadas que no sobreviven al descuido adolescente. Requieren un tipo de cuidado especialísimo para su conservación de las cuales no tenía conocimiento ninguno y que tuvo una única consecuencia: perder parte de mi primeros trabajos por pura negligencia.

De manera que, ahora, como adulta enamorada —de nuevo— del film, me esforcé en aprender como cuidar el material fotográfico, no solo con la intención de conservarlo incólume para la copia en papel, sino para su cuidado y preservación como material concreto. Ha sido un interesante recorrido, en el que he contado con la ayuda de muchos samaritanos de la imagen que me han brindado todo tipo de consejos y recomendaciones para cuidar mis negativos y copias en papel. Un aprendizaje que espero me permita en el futuro, mantener a buen resguardo toda mi memoria en film, sino además, hacer el uso correcto —y más sustancioso— de mi trabajo fotográfico artesanal.

Del film y sus pequeñas singularidades:

Cuando decidí comenzar a resguardar mi material fotográfico, lo primero que hice fue realizar algunas consultas importantes con respecto a la mejor manera de mantenerlo incólume al paso del tiempo y a mi caos personal. De manera que escribí un correo a la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, México, conocida a nivel mundial por ser uno de los más grandes archivos fotográficos de Latinoamérica. Me sorprendió que la respuesta a mi consulta (Nociones básicas de cuidado del negativo de film) fuera una extensa respuesta que me hizo comprender que poco sabía sobre el material fotográfico tradicional.

Un poco de historia:
El film como lo conocemos hoy en día, es el resultado de una lenta evolución de la película como material idóneo para el trabajo fotográfico. La industria fotográfica comenzó a utilizar la película de nitrocelulosa, en la que un éster de celulosa es tratado con ácido nítrico para producir nitrato de celulosa, a partir de 1887 y hasta la década de 1950, cuando comenzó a sustituirse por la llamada película de seguridad.
Esta última, elaborada a partir de celulosa tratada con ácido acético y plastificantes, producen acetato de celulosa, un material que no es susceptible de sufrir una combustión espontánea y que arde con dificultad, además de que su tiempo de vida es más prolongado.

¿Cómo diferenciarlos? Regularmente cualquier negativo hecho antes de 1950 es de nitrocelulosa, pero también, cuando presentan una tonalidad ambarina, cuando al revisar los márgenes de la placa se hallará la leyenda nitrate-film, cuando la cinta se enrolla con mayor rapidez o, por ejemplo, cuando despide un olor acre.

De manera que lo primero que debía hacer era separar mis negativos por su origen. Me llevó algunas semanas reconocer las diferencias básicas, pero al lograrlo, encontré que resultaba sencillo para comprender, no solo las gamas de luces y sombras, sino el posterior proceso de copiado en papel que tendría que utilizar. Comencé a comprender mucho de mis errores, y de hecho comprobé que no se trataba solo de mi poca habilidad para la conservación de la película lo que había dañado un porcentaje de mi trabajo personal, sino además, el hecho que mi cultura con respecto al tema era bastante escasa. De manera que lo siguiente que hice fue documentarme ampliamente sobre el tema.

Del conocimiento a la práctica: el conocimiento necesario:
Por recomendación de varios fotógrafos y profesores a quienes consulté, busqué hasta conseguir dos libros que me han permitido no solo documentarme lo suficiente para tener un conocimiento más o menos básico sobre la película y su procesado, sino además acerca del tema del negativo como documento visual en concreto. Uno de ellos es el indispensable “la Fotografía” de Juan Muffone y el otro es el Manual de Juan Carlos Valdés Marín ¿Como cuidar mis negativos fotográficos? , primer libro de la serie “Cuadernos del Sistema Nacional de Fototecas” que muy gentilmente me hizo llegar el UNAM a vuelta de correo. Dos libros llenos de todo tipo de conocimientos y experiencias sobre el uso del film, su correcta limpieza y conservación y sobre todo, la transcendencia de la cultura del film como parte de la memoria histórica fotográfica. Aprendí sobre todo, lo elemental sobre el cuidado del material fotográfico pero más allá, el hecho que cada precaución que tome, me permitirá que la película —como documento y como concepto fundamental de mi idea fotográfica— sobreviva y sustente mi visión de la imagen. Un conocimiento que agradezco y sobre todo, ha enriquecido mi manera de mirar mi trabajo fotográfico, pasado y futuro.

Los consejos tanto de Muffone como de Valdés Marín pueden resumirse de la siguiente manera:

Para limpiar los negativos, Valdés Marín recomienda hacerlo sobre un soporte auxiliar de cartón rígido o una base de acrílico, usando guantes blancos de algodón para la manipulación de las piezas y nunca sobre vidrio o alguna superficie abrasiva.

Luego, con una brocha de pelo fino y suave se retiran todas las partículas de polvo del centro hacia los márgenes del negativo. Acto seguido, con algodón de uso clínico con una solución de alcohol etílico y agua destilada o alguna solución limpiadora comercial, se limpia en una sola dirección.

Este procedimiento sirve tanto para los negativos de plata gelatina sobre vidrio, conocidos como placa seca, como en los de nitrocelulosa que no presenten degradación del soporte así como en los de película de seguridad.

Una vez limpios los negativos fotográficos deben conservarse en guardas de características neutras y mantenerse en un ambiente idóneo para su resguardo con temperaturas de entre 18 y 22 grados centígrados, y una humedad relativa entre 48 y 52 por ciento.

¿Sencillo verdad? La verdad no lo es tanto. De hecho, me ha llevado una considerable cantidad de tiempo realizar un concienzudo ejercicio de paciencia hasta lograr brindar el cuidado necesario a mi material fotográfico. El cuidado del film requiere cierta minuciosidad y sobre todo, una particular dedicación que puede resultar difícil de adquirir. Que lo digo yo, que por casi seis meses, me he dedicado a separar, clasificar y hacer un mea culpa bastante pesaroso sobre el cuidado de mi trabajo en film. Pero ha sido un etapa muy significativa en mi crecimiento fotográfico. Una experiencia profundamente personal y a la vez, una manera de ejercitar esa idea que el fotógrafo digital olvida tan a menudo: La fotografía es un arte de paciencia, observación y conciencia de lo que haces con el material que obtienes. Y más allá: tu enorme necesidad, consciente o no, de coleccionar instantes de tu propia historia.


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