domingo, 7 de julio de 2013

Libre y salvaje: La bruja en mi mente.





Enciendo la vela y aguardo, con los ojos cerrados. Una sensación cálida me recorre como un pequeño temblor. Nunca he podido definir de qué se trata, pero desde que recuerdo, siempre he disfrutado de esta emoción casi infantil antes de comenzar un ritual. Una mezcla de asombro y expectativa, quizás. Y es que la magia, es un poco de eso. Una vez leí, que todo arte mágico trata de liberar ese otro yo niño, el que aún siente asombro por los misterios, el que se hace preguntas. Es verdad, pienso cuando abro los ojos y el resplandor de la llama me deslumbra. Hay algo de puramente inocente en las creencias, en esa capacidad que tenemos para mirarnos sin prejuicios, en esa pureza de intenciones de quien busca respuestas. Porque la magia es un eterno cuestionamiento. Es crear y creer. Quizás confiar.


Magia en azul: 

Con frecuencia, escucho que hemos perdido partes de nosotros mismos para poder funcionar adecuadamente en una cultura cínica y hostil. Es cierto, claro está, pero también se trata de esa necesidad casi incontrolable de pertenecer y formar parte de la sociedad que nos rodea. Un pensamiento natural sin duda, pero que puede llegar a limitarnos de muchas maneras, la mayoría de ellas dolorosas. Porque esa constante preocupación por la normalidad, por encontrar un lugar en donde encajar, hace que parte de nuestra personalidad deba reprimirse. Una manera de asumirnos parte de una idea cultural o lo que es lo mismos, ciudadanos de un mundo que exige un patrón de comportamiento. ¿Que pasa con quienes no se adecuan? ¿Que sucede con los que se niegan a aceptar esa visión limitada del mundo? Tal vez por ese motivo, la brujería fue llamada por mucho tiempo, la creencia de los rebeldes y los libres de corazón.


Porque la magia es libertad: una manera de consolar esa sensación de alineamiento, abrir un espacio en el día a día a esa otra parte de nuestra mente, a la que se considera real por estar en contacto - o mostrar, en todo caso - la manera más intima que tenemos de ver el mundo.

Toda emoción, toda visión y esperanza, toda sensación - del amor más profundo al rencor más árido - tienen su lugar en lo que se suele llamar la ecología del yo: esa especie de territorio misterioso que forma el mapa de nuestra mente. Las partes perdidas del yo - ocultas, reprimidas, olvidadas - son en ocasiones los tabues que en nuestra cultura se nos exige para ser admitidos dentro del grupo social. ¿Que ocurre entonces con el temperamento salvaje, con la emotividad de las lágrimas, las carcajadas a todo pulmón, el deseo apasionado, la pasión sin control? ¿Que ocurre con esa energía natural que es parte de nuestro espiritu y que la mayoría de las veces intentamos controlar en beneficio de construirnos una personalidad mucho más "normal? De eso trata un poco, el ritual que deseo compartir hoy.

Las brujas no buscamos controlar, reprimir, dominar o desapegarnos de ese poder emocional que forma parte de la naturaleza humana. Para nosotras, ese poder es justamente quien brinda equilibrio al espíritu del hombre y una necesaria tranquilidad mental. Por ese motivo, cada cierto tiempo, celebramos esa irracionalidad, esa necesidad de "perder el control" - o más bien, regresar a lo básico - que nos acerca de inmediato a la personalidad más profunda y quizás más real de nosotros mismos.

El ritual que comparto en esta entrada lleva por nombre "Azul que libera" y forma parte de la tradición mágica que insiste que la libertad personal comienza por aceptar nuestra diferencia y sobre todo, ese elemento que nos hace distintos. Ese elemento de esencial belleza que nos hace quizás, únicos.

Necesitarás:

Una vela azul marino
Incienso de Romero.

Disposición:

Coloca la vela azul marino frente a ti y el incienso de romero a tu derecha. Toma una larga bocanada de aire y visualiza como la energía a tu alrededor comienza a tomar una tonalidad azul. Imagina con gran detalle como reflejos de luz te rodean, envolviéndote y bañando cada parte de tu cuerpo. Siente como tus brazos y piernas se relajan lentamente, dejándote con una agradable sensación de placer y tranquilidad.

Ahora, abre los ojos y enciende la vela invocando:

"En nombre de la Diosa secreta
Busco el tiempo y la creación
Que sea la voz de la divinidad
quién me guie en el bosque de las Ideas
Asi sea"

Coloca tus manos alrededor de la llama, cuidando de no quemarte. Cierra los ojos e imagina que escalas una montaña muy alta a mitad de la noche. Visualiza, a través de la expresión creativa, cada paso, cada momento, cada movimiento que realizas mientras acometes el esfuerzo. Siente como tus manos se aferran a las piedras y salientes, como todos los músculos de tu cuerpo te ayudan a avanzar hacia tu destino. Siente que cada vez que te impulsas hacia arriba, te despojas de un pensamiento doloroso, de un recuerdo humillante, de la tristeza. Cada vez con mayor fuerza, levántate sobre tu debilidad. El sol comienza a nacer a partir de un punto en el horizonte, mientras te acercas más y más a la cúspide. Siente el viento fresco en tu rostro, la sensación de triunfo y concéntrate en que todo lo pasado se desplome y se pierda hacia el abismo a tus pies.

Finalmente, visualizate alcanzando la cumbre, cuando el amanecer se levanta sobre la tierra. Aspira la luz dorada del día que nace y siente la felicidad de haber vencido a tus temores y a la angustia que pudieron pesar sobre tus hombres. Con los ojos de tu mente, mírate gritando y celebrando el éxito de haber remontando el tiempo viejo y haber descubierto el renacer de las ideas a través de tu esfuerzo. Siente el poder que brota de tu interior, la fuerza secreta llenando cada uno de tus pensamientos. Finalmente, para regresar a tu consciente habitual, despídete en silencio del sol de tu espíritu y abre los ojos, sintiendo la emoción de renacer en un acto de voluntad.

Por último, para culminar  el ritual, enciende el incienso de romero y disfruta de su aroma, mientras permites que tus pensamientos divaguen, de la manera que prefieras. Come y bebe algo, para equilibrar la energía que has convocado mediante esta meditación.


Tendida en el suelo, en la oscuridad, siento que mi mente se abre en todas direcciones, flotando, llena de imagenes, recuerdos, deseos esperanzas. Luz radiante, que proviene de algún lugar de mi espiritu, quizás de esa esencial manera de soñar y crear que solo puede brindarte cierta ingenuidad. Y sin duda, eso es la magia: una manera de sentir una conexión plena y misteriosa con lo que no puedes ver, con esa sustancia - polvo de estrellas - que forma parte de tu identidad más personal.

C'est la vie.

2 comentarios:

Veronika Brkich dijo...

¿Haces estos rituales los domingos por algo en especifico?

Miss B dijo...

Hola Veronika!

En realidad, los publico en el blog en domingo por mero capricho personal, pero los llevo a cabo en cualquier fecha de mi preferencia. A menos que lo indique en el artículo y siempre debido a razones muy especificas, un ritual puede realizarse en el día que te sea más cómodo.

Besos! Gracias por leer y comentar!

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