miércoles, 1 de marzo de 2017

Crónicas del lector devoto: Los libros que deberías tener para comenzar tu mundo privado como lector.

Mi primera biblioteca — la primera que llamé mía, en todo caso — era muy pequeña. Pero a mis diez años, me parecía el mundo entero. Me llevó meses completarla — o comenzarla, como se le mire — . Se encontraba en la habitación que ocupaba cuando visitaba a mi abuela y era solo un pequeño mueble repleto de libros usados. Pero a mi me parecía espléndida: tenía un anaquel roto, una gaveta desvencijada y una enorme grieta en un costado, pero era hermosa en su pequeña decadencia. Y los libros, eran verdaderos tesoros. ¡Los amaba todos!. Los había heredado de varias bibliotecas familiares y otros, comprado en alguna de mis librerías favoritas. Eran míos, formaban parte de mi mundo. Era como pequeños trozos de mis memorias más preciadas, al alcance de una palabra y el olor incomparable de una página nueva.
Mi biblioteca creció conmigo. Tal vez era mi reflejo. Siempre había un libro nuevo que encontrar, como de casualidad, allí, perdido entre tantos otros. Amores a primera vista, pensaba en ocasiones, con una sonrisa, sosteniendo ese nuevo misterio guardado celosamente entre solapas. Un sueño nuevo cada vez. Mis pequeños tesoros estaban en todas partes: en la Librería Pequeñita de Sabana Grande con la que tropecé por casualidad, esa otra tan grande y lujosa en el Centro Comercial de Moda que me producía desconfianza, con sus pasillos bien iluminados y sus libreros muy jóvenes. Incluso en mesas perdidas en calles, en manteles tendidos en la calle. Libros que se asomaban entre revistas y objetos, sonriendo tímidamente. ¿Me llevas? decían. Prometo contarte sobre mundos que nunca has imaginado y que viven en mi. ¿Me guardarás? No sé cómo he llegado a ti, pero guardaré tus secretos y sonreiré para ti. ¿Me cuidas? Velaré tu sueño, serás quien ria y juegue entre mis páginas. ¿Me llevas entre tus brazos? Ah, la sonrisa de tu mejilla, el placer de mirarte maravillada por lo que leerás en mi. ¿Quién eres, hermosa mía? Deseo conocerte. Ven conmigo y cantaré para ti.

- ¿Lo llevará señorita? — el librero de turno me mira un poco desconcertado. ¿Cuanto tiempo llevo aquí, acariciando con la punta de los dedos la solapa de cuero? ¿Sonriendo sin aparente motivo? No lo sé. Quizás no me importa saberlo. Solo sé que acabo de encontrar otra pequeña pieza en el mundo radiante de mi imaginación. De lo que aspiro. De quién seré.

Coloco con cuidado el libro en el anaquel. Ya no se trata de mi vieja biblioteca, sino una más grande. Un hogar enorme para recibir a nuevos visitantes, a otros hijos radiantes de tinta y papel. Conservo a los antiguos, pero también abrí la puerta a otros tantos que he recibido en mis brazos, en mi mente y en mi espiritu. Uno tras otro, creando un castillo de la Memoria, que se eleva y se construye a mi alrededor, en puentes abiertos y cúpulas asombrosas, en pasillos diminutos y habitaciones amplias. Puertas abiertas y cerradas en mi mente. La ciudad que es mi espíritu y mi corazón.

Mi biblioteca — así, en general, la que tuve, la que tendré, las que vendrán — está llena de pequeños tesoros, de visiones de mi misma que parecen multiplicarse en todos los mundos que atesoro entre páginas. Y de pronto me pregunto ¿Cuales son los Imprescindibles? ¿Existe un libro Imprescindible, en realidad? La respuesta es ambigua y es quizás por ese motivo, que recopilar una lista sobre la idea resulte tan complicado. Pero quiero hacerlo, y quizás no exista mejor forma de que aspirar a esa gran ágora de mi mente, que reunir los que considero son los libros infaltables en cualquier biblioteca que esté por nacer o madure lentamente, un reflejo del amor de un lector devoto por la palabra. Y obsequiarlos claro. No existe un mayor placer que brindar el obsequio de las páginas de una historia a punto de comenzar a contarse.

¿Y cuales son esos libros que considero deben habitar en ese gran refugio de palabras que todo amante de la palabra quiere tener? Quizás los siguientes:

La Odisea de Homero:
La Odisea (en griego: Ὀδύσσεια, Odýsseia) es quizás uno de los libros más significativos de la historia de la literatura y quizás el primer intento real de crear una visión sobre la tragedia como conjunto narrativo. Al poema épico (compuesto por 24 cantos) se le considera la síntesis de la tradición clásica épica y la conclusión a un prolongado proceso histórico que culminó en las grandes narraciones orales. Es uno de los primeros textos conocidos que analizan el bien y el como aspectos fundamentales del ser humano, la noción sobre la irrealidad y lo pragmático, la relación entre hombres y Dioses. La visión de Homero abarca además una sutileza conceptual que aún sorprende por su profundidad y complejidad, abarcando desde lo humano y lo divino hasta lo filosófico. 

Como texto, la Odisea abandona los habituales análisis de su época sobre el hombre sometido a los designios del misterios y celebra la inteligencia y la Astucia del hombre en su lucha contra lo inefable. Cualquiera sea la forma como se le defina, La Odisea es un triunfo de la imaginación y la visión de su autor — cuya identidad aún se debate — sobre las interminables luchas entre los símbolos del poder y el hombre que se enfrenta a ellos a través del poder de su espíritu. Origen de multitud de mitos y leyendas, forma parte de esa memoria histórica Universal tan sutil como inevitable para todo devoto lector.

Don Quijote de Miguel de Cervantes Saavedra:
El gran libro que realmente poca gente ha leído. De hecho, confieso que solo lo leí durante mis años universitarios. Tenía mis dudas que una novela tan antigua ( considerada precursora de la novela tal y como la conocemos ) tuviera algo que decirme desde su célebre distancia histórica. Pero encontré que no solo tenía mucho que enseñarme la historia del Viejo Hidalgo melancólico, sino que además, su historia poseía una frescura inusitada, una visión trascendental que la hacía moderna a pesar de sus largos siglos a cuesta. Y es que quizás el idealismo, como los sueños, están destinados a mantenerse siempre jóvenes.

Madame Bovary de Gustave Flaubert: Considerada un clásico Universal, se trata de una de las primeras novelas en abordar lo femenino más allá de la idealización y sobre todo, a través de un análisis simbólico de las desigualdades sociales de una época culturalmente represiva. Flaubert reconstruye el tópico sobre la mujer elemental y lo transforma en algo mucho más complejo, a través de un personaje que no se atiene a los habituales estereotipos edificantes sobre la mujer tan populares en la literatura hasta entonces. 

La frustración cultural de Emma Bovary supone una evidente evolución en el oscuro y ambiguo subgénero literario de la historia del matrimonio y lo hace a través de la exaltación del yo y la identidad. A diferencia de los personajes de las novelas al uso, Emma Bovary batalla con los intríngulis de su personalidad y los dolores emocionales y morales a los que debe enfrentarse, lo que rompe con las antiguas fórmulas de representación de la mujer como sujeto literario. Hay un cierto fatalismo en la forma de Flaubert al momento de analizar a su personaje y quizás esa es la mayor fortaleza de la novela. 

El Diario de Anna Frank:
Anna murió sin vislumbrar que trascendiera más allá de su asesinato, como la escritora es que soñó ser. Y es que el diario de Anna Frank refleja el poder de las convicciones y la sensibilidad, la trascendencia del poder de la imaginación y la fortaleza de espíritu. Con apenas once años, Anna miró al mundo con unas transparencia irrevocable y más allá, con una esperanza inquebrantable que demostró que la verdadera libertad, habita en la palabra.

Crimen y Castigo de Fiódor Dostoyevski:
La culpa, el remordimiento se mezclan en una historia turbia, conmovedora a ratos y esencialmente inquietante, que muestra los matices del espíritu humano casi con crueldad. Y es que para Dostoievski hay una visión eminentemente elocuente en esa dualidad del hombre enfrentado a sus vicios, temores y dolores, una expresión de la individualidad falible que forma parte de la naturaleza humana. Una historia que asume su cualidad de análisis del hombre y su circunstancia y roza la crítica sin jamás perder su casi helada capacidad de observación. El hombre que devora el hombre. El temor del límite de la conciencia.

Orlando de Virginia Woolf:
En todas sus obras, Virginia Woolf se cuestiona sobre las diferencias entre hombres y mujeres, más allá del tópico de géneros y la percepción cultural sobre el sexo. Lo hace a través de un planteamiento intelectual que reflexiona sobre los estereotipos habituales de la cultura occidental desde un punto de vista ambiguo. Con la novela “Orlando” Woolf logró el punto máximo de esa percepción de la sexualidad y la identidad como parte de un proceso histórico incompleto. Y lo hace a través de una sátira en apariencia biográfica en la que cuenta la historia de un joven aristócrata con aspiraciones literarias que intenta transformarse en mujer. Una transgresión impensable hasta entonces y que transforma la novela en una alegoría profunda sobre las emociones, la individualidad y la libertad personal. No obstante, Woolf no se conformó con analizar a sus personajes — y su complejo mensaje — a través de cierta suposición imprecisa sobre la androginia, sino que avanza hacia terrenos extravagantes incluso en plena auge del modernismo inglés. Juega con los arcos narrativos, temporales y estructurales hasta crear una visión sobre el bien y el mal moral, la belleza y el dolor, la creación y la percepción del yo creador que aún continúa sorprendiendo por su audacia e insólita reflexión filosófica. 

La Divina Comedia de Dante:
El poema de Dante redefinió los conceptos de la fe, la creencia y el tiempo a través de una metáfora aleccionadora llena de símbolos políticos. Y tal vez por ese motivo, la obra trascendió los límites de su Florencia Natal para convertirse en un símbolo de esa visión profundamente humana del dolor, el pecado y lo sobrenatural.

Hamlet de William Shakespeare:
La Tragedia llevada a la poesía, o quizás la interpretación del dolor a través de la visión poética del autor. Como obra “Hamlet” meditó profundamente sobre la naturaleza del hombre y del poder, pero sobre todo, acerca del temor y el dolor como trascendencia espiritual. Es quizás, junto a Romeo y Julieta, la obra más emblemática de su autor.

Ensayo sobre la Ceguera de José Saramago:
Crítica durísima a la sociedad y a la cultura, desde una perspectiva tan poco usual como cruda. Y es que para Saramago, no parece haber nada que escape al análisis y la mirada de ese observador elemental que crea a través de la metáfora, el simbolismo e incluso esa meta visión del yo que evoluciona — crece — a través de ideas comunes. Una obra infaltable dentro del imaginario del autor y en la literatura moderna.

El Aleph de Jorge Luis Borges:
Es quizás el cuento más emblemático del autor Jorge Luis Borges y es el que define su exquisita visión sobre el Universo literario y más allá, la propuesta narrativa que finalmente le haría inmortal. Y es que el Aleph, con su visión levemente pesimista y sus múltiples interpretaciones, tiene la capacidad de concebir el lenguaje como una estructura elemental e incluso, una creación de infinitas variaciones que parecen provenir de un único origen: la imaginación del hombre.

Metamorfosis de Franz Kafka:
Cuando Gregorio Samsa despertó para encontrarse convertido en un insecto, cambió la historia de la literatura para siempre. Y es que Kafka, con su estilo directo, inquietante e incluso doloroso, creó un universo totalmente nuevo de la narración, la expresión literaria e incluso, ese análisis sutil sobre la voz individual del hombre que se asume como parte de lo irremediable. Probablemente Kafka, tímido y enfermizo, miró con mayor profundidad ese temor del hombre hacia lo voluble, la muerte y la fractura del tiempo personal.

La Guerra y la Paz de León Tolstoi:
La guerra, vista bajo el ojo del hombre común. Una asombrosa mirada a la violencia, el terror, el dolor y la orfandad de la tragedia bélica y sobre todo, el hombre como su principal víctima. Como obra, se le considera probablemente una de las más poderosas jamás escritas y se convirtió en un manifiesto sobre la muerte, la vida y el valor de la humanidad como parte de esa gran visión espiritual del hombre como creador de su propia historia.

La Iliada de Homero:
Su autor la definió como un canto a la cólera humana, sus consecuencias y sus implicaciones. Y no obstante, la Ilíada es también un alegato sobre el poder de la inteligencia, la creación individual y la perspectiva del hombre que se asume como parte de una circunstancia portentosa. Más allá, sin embargo, la Ilíada es una interpretación del mundo antiguo y sus vicisitudes, una búsqueda extraordinaria del tiempo que se crea a medida que se asume inevitable y el hombre, como protagonista de su propia historia.

El Nombre de la Rosa de Umberto Eco:
Umberto Eco en su máximo esplendor: Una narración enrevesada, compleja y poética que retrata el mundo medieval con una meticulosidad que asombra, fascina y en ocasiones desconcierta. Porque Eco, perfeccionista e incansable cuestionador de lo obvio, construye una historia de aristas impensables y que parece confundirse no solo con una proclama sobre la esencia de la falibilidad del pecado sino además, del tiempo como medida de la razón.

Ulises de James Joyce:
Se le ha llamado el libro ilegible y probablemente lo sea: probablemente su complejidad lo haga un ejercicio de paciencia más que de perseverancia de buen lector. Aún así, representa las virtudes de la novela Inglesa y además, ese visión inquisitiva de la literatura sobre las vicisitudes humanas: una disección casi cruel de la vivencia y el ego creador.

El Túnel de Ernesto Sábato:
El amor trágico y la locura creativa en su mayor expresión: la visión de la locura que se construye como un concepto casi onírico. Con un pulso prodigioso, Sábato transita entre la tensión, la pasión y la destrucción moral en una novela que asombró por su inmensa capacidad expresiva y penetración psicológica.

El Señor de los Anillos de J.R.R Tolkien:
Como clásico de la literatura fantástica, el Señor de los Anillos no solo renovó el género de lo Fantástico sino que le brindó una estructura novedosa y una profundidad intelectual desconocida hasta su publicación. Y es que la visión de Tolkien enalteció la cultura de lo fantástico, le ofreció un lustre mitológico y casi trascendental a sus narraciones. Una visión extraordinaria de un tema muy antiguo.

Demian de Herman Hesse:
Se dice que Hesse intentó destruir el paradigma del materialismo a través de esta narración intimista, alucinante y devastadora. Porque para Hesse, esa minucioso análisis del tiempo y de la circunstancia forma parte de la idea cultural, lo social y lo intelectual: Una justificación de la construcción de la circunstancia humana a través de sus temores y dolores. Una reflexión profunda sobre el ego y la personalidad transgresora.

Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche
Probablemente la obra más conocida de Nietzsche y sin duda, la que mejor resume sus inquietudes existenciales. Concebida como una novela de ficción “Así habló Zaratustra” analiza con enorme lirismo y poesía, la idea de la ausencia de Dios y su muerte simbólica, así como las consecuencia de esa progresión espiritual en la cultura y la sociedad. Se trata de una novela llena de metáforas profundamente complejas, que permitió a su autor no sólo concluir toda una serie de planteamientos sobre el pensamiento humano sobre los cuales había meditado anteriormente sino además, sintetizar la mayor parte de su obra en un concepto muy concreto.

Vita brevis de Jostein GaarderCrítica mordaz a la Iglesia Católica, esta supuesta colección de cartas de Floria Emilia, Madre de Adeodato — madre de San Agustín de Hipona — causó polémica no sólo por revelar su aparente abandono por parte filósofo, sino también sus críticas a las creencias eclesiásticas sobre la vida presente y después de la muerte, todo un tema tabú dentro de ciertas corrientes religiosas.

Hablemos de Langostas de David Foster Wallace.
Foster Wallace fue pródigo en demostrar que la palabra era la herramienta esencial para comprender — y asumir — esa vieja herida humana de la vanidad rota por la imperfección. Para Foster Wallace, todo merecía ser contado, demostrado, observado atentamente desde la óptica del que teme y del que se reconstruye. Todo podía convertirse en una buena historia, incluso lo más nimio. En ocasiones me pregunto si el escritor, sentía una necesidad irreprimible de traducir lo que le rodeaba a palabras, de elaborar un cuidadoso mapa de ruta a través de la cultura y sus implicaciones, para encontrarse así mismo. Una idea abrumadora pero en la que Foster Wallace parece insistir con frecuencia: desde los textos incluídos en la recopilación “Hablemos de Langostas” (donde viaja a cubrir el Festival Anual de la Langosta en Maine y terminó creando una recopilación de ensayos de diversa índole) hasta “En cuerpo y en lo otro”, una quincena de textos de intenciones múltiples, que deja bien claro que para Foster Wallace, la escritura no es solo el hecho concreto de escribir, sino algo más inquietante y sustancial. Una manera de mirarse, comprenderse y construirse a través de la narración.

Hasta aquí de Wislawa Szymborska.
Libro póstumo de la escritora, que asombra por su aparente sencillez pero que oculta un poder evocador demoledor. Desolador, doloroso y sobre todo, profundamente poderoso, es quizás el poemario más exquisito que he leído en años. Y es que la poeta logra crear una mezcla entre la angustia existencial — una de sus grandes obsesiones literarias — con el anuncio de la esperanza, la noción de construir una idea concisa sobre las aspiraciones y apetitos emocionales del espíritu humano. 


¿Una lista corta? Quizás lo sea, pero aún así resume mi opinión sobre el hecho que todo lector construye a través de su vida una relación profunda, original y personal con cada libro que lee y que forma parte de su mundo. Una manera de soñar y crear ese espacio insular que obsequia el Universo de la palabra escrita.


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