jueves, 2 de marzo de 2017

La divinidad del humor y otras formas de subversión: Algunas reflexiones sobre los Monty Python y ‘La vida de Brian’





Con frecuencia se insiste que es mucho más sencillo hacer llorar que reír. Quizás se deba a que la risa apela a la inteligencia, a cierta intuición certera y no sólo a lo emocional o al hecho simple que reír, es una reacción espontánea e imprevisible. Cualquiera sea el caso, reír es quizás una de las expresiones humanas más desconcertantes y curiosas, inexplicable por su origen, hermoso por su significado. Tal vez por eso el cine humorístico, esté siempre en tela de juicio, en la eterna diatriba sobre qué es gracioso y que no lo es. Porque la idea de la imagen que resulta hilarante, la que hace reír es casi tan abstracta como lo que motiva la carcajada: Una búsqueda curiosa entre quienes somos y más allá, como nos comprendemos culturalmente. La risa como huella del alma, parafraseando a Neruda.


Quizás por todo lo anterior, resulta difícil definir que hace gracioso la obra filmográfica de los Monty Python, el grupo humorístico inglés que creó todo un concepto humor británico entre las décadas 1960 y 1970. Tal vez se deba a su desparpajo, a la crítica social que llenó su humor pendenciero desde el programa televisivo que les dio la fama (El Circo Ambulante de los Monty Python, emitido desde el año 1969 hasta 1974 por la BBC ) o que los Monty Phyton como proyecto, siempre buscó el humor como reflexión y despues, construcción artística. A su manera vulgar y gamberra, sin duda. Cualquiera sea la razón, los Monty Phyton reconstruyeron la visión de lo humorístico y crearon algo más cercano a un lenguaje que parecía sustentado por su propio mensaje y lenguaje. Una revisión del sentido del humor como expresión de cultura y quizás, algo más sencillo: como manera de mirar la realidad a través de la risa.

Los Monty Phyton lograron crear una poco usual combinación de desparpajo y provocación que aún hoy, continúa siendo la impronta de toda su producción. Y la película ‘La vida según Brian’ (tercera de su factoría y curiosamente la más hollywoodense de su producción cinematográfica ) es el símbolo de esa audacia en el planteamiento del humor que continúa sorprendiendo a sus admiradores e irritando a sus críticos. Porque los Monty Phyton — como grupo y propuesta — sobrepasa la mera idea del humor por el humor para convertirse en algo más complejo y por tanto, deudor de esa necesidad de subvertir el orden a través de la rebelión intelectual. Eso, a pesar que el grupo insistió en más de una vez que jamás se tomó en serio a sí mismo. A pesar de esa simplicidad entre líneas, los Monty Phyton construyeron toda una manera de replantearse lo cultural y lo social a través de la sátira que revolucionó un género donde hasta entonces, todo parecía dicho.

La película ‘La vida de Brian’ del director Terry Jones y protagonizada por el grupo de cómicos, levantó la polémica aún sin quererlo y con toda probabilidad, sin intentarlo. La parodia casi infantil de la vida de Jesucristo a través de la vida en paralelo de Brian — también judío y su contemporáneo — resulta por momentos carente de ritmo, insistente y sobre todo reiterativa, pero aún sorprende por su frescura. De lo que no queda duda es que los Monty Phyton no esperaron que su sátira sobre la divinidad y la religión, tuviera la repercusión que tuvo y que convirtió a la película — tal vez por mero accidente — en el símbolo del humor irónico que luego sería su discurso característico. Uno de esos accidentes afortunados, como aseguraría después el humorista John Cleese, quien insistiría además que la intención de la película era “sólo hace reír”. Y lo logra. Solo que también y allí parece radicar el origen de las múltiples críticas que recibió y la polémica que ocasionó, es una película hace pensar.

La cólera de la feligresía dentro y fuera de Inglaterra era incontenible. De pronto, el sencillísimo planteamiento del film — que se preguntaba en voz alta que ocurriría de haber existido un segundo Mesías en plena génesis cristiana — pareció ofender a creyentes a lo largo y ancho del país. La película llegó a ser prohibida en pueblos escoceses donde no había ni una sala de cine. Poco después, el fenómeno pareció extenderse al resto del mundo y de pronto, ‘La Vida de Brian’ se consideró no sólo provocadora sino directamente ofensiva. Se habló de un argumento “anticristiano” y lo que es aún más desconcertante, una “directa provocación a las bases mismas de la religión cristiana”. Todo esto, mientras los asombrados Monty Phyton asistían al espectáculo entre risas sorprendidas y más tarde, verdadero estupor. Porque de hecho ‘La vida de Brian’ jamás intentó satirizar directamente a religión alguna — Todavía hoy, John Cleese y Terry Jones insisten en que su monumental epopeya nada tiene que ver con la historia de Jesucristo — sino asumir la idea Divinidad como uno de esos accidentes cósmicos que pueden cambiar la historia Universal. Claro que, los Monty Python quizás tocaron un punto sensibles que tomó desprevenido al público y muy probablemente a esa cultura conservadora que todavía mira el humor con desconfianza: la singularidad histórica de la religión y la simplicidad de la fe. Lo hicieron además, con esa visión contemporánea que encuentra en el ridículo una forma de expresión y algo mucho sutil pero efectivo: la ironía como mensaje subyacente.

A lo largo de ‘La vida de Brian’ la figura de Jesucristo sólo aparece una vez: Una breve y dignísima aparición, que por extraño que parezca deja claro que la intención de los Monty Phyton — con todo su humor sardónico — no es la crítica hacia la religión y menos hacia la figura de la Santidad, sino hacia el hombre. La escena — que probablemente es la más hilarante de la película — muestra la lejana figura de Jesucristo mientras proclama el sermón de la montaña: a su alrededor, el pueblo reunido no comprende el sentido de sus palabras pero aún así lo vitorea, desconcertado y temeroso. Una metáfora de lo absurdo y sobre todo, de la sencillez de esa visión del hombre sobre la fe.

Brian, el verdadero protagonista de la historia, es un hombre sencillo que tropezó con la historia sin quererlo. Nacido en Nazaret, el mismo día que Jesucristo y crucificado también bajo el poder de Poncio Pilato, fue Mesias muy a su pesar durante una accidentada jornada que demostró la fragilidad de esa interpretación del hombre sobre lo divino y lo terrenal. Con este planteamiento tan en apariencia esquemático, Monty Phyton pareció tocar no sólo el origen mismo de lo que se considera sagrado sino de esa torpeza trágica del ser humano, de su espíritu voluble y la ternura de su sencillez. Porque Brian, pragmático y profundamente terrenal, no comprende en realidad los subterfugios de esa despiadada visión del poder que se le ofrece, que apenas roza y que finalmente le lleva a la muerte. Con una trágica simplicidad, este Brian anodido, grosero y brusco rechaza la santidad con una lógica brutal que sin embargo lo convierte en símbolo. Y que heroísmo desconcertante, el de este hombre común, que parece el símbolo de esa endeble naturaleza humana, que pendula entre la incertidumbre y el temor.

A la película se le acusado de subrayar, extender y repetir sus bromas, de tener una realización algo torpe y de hecho, ser el film más flojo — y hasta moralista — de grupo de humoristas célebres por su humor salvaje. Sin embargo, quizás lo memorable de ‘La Vida de Brian’ sea justamente esa osadía sin paralelo de sintetizar dos mil años de historia Universal en un puñado de personajes sencillos, todos interpretados por los mismos Python y que parecen en golpes de efectos y chistes casi intelectuales, lo que consideramos absoluto y aún incluso sagrado. Con una evidente vena iconoclasta, los Monty Phyton no sólo bromean sobre lo Sagrado y lo humano, sino que cuestionan, desde ese acercamiento sin remilgos sobre la fe, la identidad humana. Por otra parte, la dialéctica de la forma y el contenido otorga contexto a bromas muy logradas sobre una sociedad primitiva, violenta y la mayoría de las veces, cruel. El absurdo y hasta la monstruosidad de todo alcanzan su dimensión plena a Brian en la cruz, concretamente en forma de una canción pop: Always Look on The Bright side of life, el leitMotiv de una visión sobre el espíritu humano — y como lo comprendemos — que parece rebasar lo simplemente hilarante para convertirse en algo más profundo y desconcertante. Una sentida metáfora sobre nuestra vulnerabilidad.

Sólo queda preguntarse que lo que podría haber sucedido si el grupo de cómicos británicos hubiese llevado a cabo su plan original: un recorrido alternativo de la vida de Jesús bajo el título Jesus Christ: Lust for Glory, propuesto por Eric Idle. La provocación en estado puro sin duda y quién sabe si justo por ese motivo, mucho menos efectiva que la alegórica, irritante y tristemente conmovedora vida del humilde Brian.

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