jueves, 3 de abril de 2014

La angustia de la batalla a ciegas: La Venezuela rota.





Hace un par de días, escribí el siguiente comentario en mi TimeLine de Twitter: "De Maracaibo a París, las Morillo a #Vogue". Hacia referencia a la reciente portada en la revista de la PopStar Kim Kardashian, que ha despertado tantas pasiones fuera de nuestras fronteras. Fue un comentario humoristico, uno de los pocos que he hecho durante los últimos días. En ningún momento, creí que haciéndolo rompía alguna regla tácita sobre "el respeto" hacia la situación que atraviesa Venezuela pero aparentemente, así era.

Durante los siguientes veinticinco minutos, recibí al menos 50 replies de usuarios profundamente molestos por mi "banalidad". Al principio, traté de explicarles lo mejor que pude, que no se trataba de una manera de disminuir, menospreciar o invisibilizar la crisis que padecemos pero eventualmente descubrí que los insultos eran una especie de monólogo de sordos. La virulencia continúo aumentando hasta que simplemente, comencé a bloquear los comentarios malsonantes. Finalmente, la agitación acabo, no si antes, alguien me dejara claro que Venezuela no estaba "para nada que no fuera protesta y reivindicación". Un comentario que me desconcertó, no solo porque resume la esencia del radicalismo que padece los grupos polarizados del país, sino ese discurso - insistente y repetitivo - que convierte las protestas no solo en una manifestación de opinión pública, sino en un mensaje agresivo contra todo aquel que tenga una opinión divergente a la general. Me asombró sobre todo, que la gran mayoría de los radicales que me atacaron, jamás leyeron algún otro Tuit de mi TimeLine ni escucharon mi comentario: había una necesidad concreta de insultar e imponer la idea general. Esa versión de la verdad "absoluta" que al parecer era mucho más importante que cualquier argumentación lógica.

Comenté lo ocurrido con un buen amigo psiquiatra. Para él, el ambiente enrarecido del país, la prolongada tensión y la incertidumbre por lo que ocurrirá inmediatamente después, está convirtiendo a los bandos en dispuesta en espejos radicales que se enfrentan uno al otro con iguales armas y opiniones. Y son los que no se alinean a cualquiera de ambas tendencias, las victimas propiciatorias - catárticas - de la violencia del discurso, de la frustración general que se respira en todas direcciones debido al conflicto que vivimos a diario.

- No necesariamente hablamos de bandos, hablamos de situaciones complejas a nivel personal, que se expresan en ese tipo de cólera directa contra cualquier cosa que parezca desmentirla - me explica - la mayoría de quienes asumen la protesta como un todo indivisible, están convencidos que cualquier idea más allá de ellas, es una forma de distracción. Y lo hacen con el convencimiento que lo que consideran manifestación, debe ser compacta, sin fisuras. Más allá, cualquier otra idea es irrelevante.

Me cuenta que durante los últimos días, ha recibido pacientes con síntomas de pánico, padeciendo crisis nerviosas, con cuadros psiquiátricos peligrosamente inestables y con numerosas implicaciones: desde insomnio recurrente, perdida de apetito, hasta verdaderos cuadros médicos de relativa gravedad. A la mayoría de ellos les recomienda desconectarse por unas horas del incesante flujo de información, tomar un respiro de esa participación activa en los sucesos que ocurren o simplemente, tomar unas horas para la lectura o cualquier otra actividad que les brinde placer. Y la respuesta siempre es la misma: "No puedo", "Es es una falta de respeto para las victimas, "Venezuela me necesita", "Hay que continuar luchando". Mi amigo me comenta que la gran mayoría termina con síntomas crónicos, con una especie de trauma esencial que no tiene otra causa que la prolongada angustia a que nos encontramos sometidos, esa lucha dispareja y preocupante contra el país cambiante, destrozado e hiriente en que se ha transformado el cotidiano Venezolano.

- Es inevitable la culpabilización - me dice. Nos encontramos en su consultorio en una Centrica Avenida del Este de Caracas y desde su ventana, son visibles algunas calles en las que se escenifican los peores enfrentamientos diarios entre manifestantes y fuerzas de seguridad - hay una visión de la Lucha como una forma de expresión de lo ciudadano y nada escapa, nada. O al menos eso es lo deseable, lo que se insiste.

Comprendo sus palabras. Las vivo a diario: No solo a través de las Redes Sociales - las que parecen ser el epicentro de la opinión y la información en Venezuela - sino en lo minimo, en ese transcurrir del día a día cada vez más trabajoso. Hace unos días, entré una libreria a comprar un libro y escuché a alguien de acusar a todos los que nos encontrábamos en el local de "evadir" la realidad en la hoja de un libro.

Me volví para mirar. Quien lo hacia, era un hombre que llevaba entre las manos una pancarta donde reclama "Libertad y justicia".  Se encontraba en las puertas de la Libreria y reclamaba a todo el que quisiera escucharlo su "cobardia", el hecho de "vender la Patria" por unos cuantos "sueños de página". Me sentí personalmente ofendida pero me pregunté si tendría sentido la discusión que vendría a continuación, ese debate con lo absurdo que sin duda acaecería en cuanto le expresara mi opinión al desconocido.

Decidí que sí.

- No se trata de una forma de evasión. Todos necesitamos un poco de aire fresco mental o espiritual. La lucha nos necesita mentalmente estables y con muchísimo sentido común.

De inmediato levantó la pancarta y me la mostró. Esperé. A mi alrededor, unos cuantos mirones, libro en mano, aguardaban también en silencio. Me sentí avergonzada, levemente incómoda. Sobre todo en este "ahora", en este "hoy" donde una parte del país ignora a la otra, en este Centro Comercial de vitrinas medio vacias que parece mostrar, mejor que cualquier cosa, la necesidad de un discurso que unifique, que se comprenda así mismo, que mire al otro de manera incluyente. Venezuela olvidó la pluralidad, pienso, mientras el hombre insiste en mostrarme la pancarta sin responder. Perdió el valor de asumir la multiplicidad como parte de una idea común.

- ¡La lucha sigue, para vencer hay que sufrir, abajo la indiferencia! - me grita por último el hombre de la pancarta. Me la coloca a centímetros de la cara, en un gesto grosero que me encoleriza. Pero no me muevo. Con los dientes apretados, aguardo - ¡Nada se obtiene comprando un libro!

¿Indiferencia? Me pregunto si se puede llamar indiferencia a esta preocupación sorda, esta angustia que no dejo de sentir no desde hace siete semanas, sino desde una década atrás. Me pregunto si comprar un libro en mitad de la crisis, sostenerlo con las manos apretadas, es una forma de admitir que necesitamos el pensamiento libre como bastión o que "La Lucha" - ese concepto tan abstracto - nos deja muy pocos matices, muy pocas puertas abiertas. De manera que no respondo, sino que aguardo. No sé que, pero supongo que algo más que el juego de consignas, que el grito histérico anterior.

- Somos un grupo de ciudadanos que no tenemos idea que ocurrirá a partir de ahora - dice entonces alguien a mi espalda. Es una mujer, que lleva una niña pequeña en la mano y una bolsa con un par de rompecabezas - vivo en Chacao y durante los últimos días, he tenido que acostumbrarme al miedo, a las lacrimogenas, a la "Lucha" pues, que se hace quiera o no quiera. Pero pasa. Me incluye aunque nadie me pida permiso. Pero asi es la cosa. Y entonces ¿Tampoco puedo disfrutar de unos minutos de silencio, de armar un rompecabezas por qué es traición?

- Yo tengo noches sin saber que es dormir tranquilo - dice un muchacho, que tendrá la misma edad del de la pancarta - la preocupación por el país no me deja. Volanteo, voy a marchas. Casi me disparan en Altamira hace dos semanas. ¿Soy indiferente por esto?

Levanta un libro. La portada de "Caracas Muerde"  de Hector Torres me recuerda una anecdota que leí hace poco: La pared cuya fotografia es portada del libro, fue derrumbada en medio de las protestas. El dolor de la perdida, trozos de Caracas e historia perdidas. Pero es "Lucha", es el "sacrificio" necesario que se insiste todos los días, que parece asumir que la destrucción de todo lo que asumimos natural y querido como parte de esa "Donación a la Patria". Y es así que somos, con ese enfrentamiento directo contra el otro, contra el pensamiento distinto, venga de donde venga.

El de pancarta no cede. Grita de nuevo sus consignas, levanta el Cartón para que no quede duda de lo que protesta. Continúa su caminata por el pasillo vacío. La palabra libertad repiquetea, se escucha como un eco repetido sin mucha sustancia. El pequeño grupo que aguardamos aún libro en mano junto a la librería, nos miramos confusos, quizás muy cansados para decir nada más. Cada uno se aleja, a sus vidas, a esa perenne visión del otro que parece el país intenta vulnerar, golpear, disminuir.

Durante la noche, mientras diseño los volantes que repartiré al día siguiente, miro la hoja llena de sucesos y de pronto incluyo una linea más. Una que creo muy necesaria: "Lea, escuche música, pregúntele a quien ama como está. Es necesario a pesar de todo". Y lo hago, con esa timidez del que se pregunta que ocurre, quienes somos, si tiene algún valor. Pero lo hago, porque debo hacerlo, porque es necesario. La frase parece resaltar en medio de las palabras y cifras, de ese paisaje de país agónico. Por alguna razón me hace sonreir.

Y es que más allá de la Lucha, estamos intentando continuar, a pesar de todo. Con torpeza, por necesidad, aplicando formulas que podrían servir o no, en este trópico ambivalente, en medio de esta sociedad de rumores. Pero la lucha es más allá de eso, es contra nosotros mismos, la raíz del dolor, la raíz del conflicto. El ciudadano que se construye así mismo, que se mira a pesar de la grieta histórica que nos separa. Que intenta comprenderse y lo hace con valor.

El país de los sobrevivientes.

C'est la vie.

5 comentarios:

Carolina Arraez dijo...

Lamentablemente eso estamos viviendo muchos, y sin poder hacer nada nos atropellan. Yo lo vivo a diario, frustración es uno de los muchos sentimientos. Te invito a seguirnos en @VzlaSinEtiqueta, somo un grupo tratando de sumar a quienes estamos en la misma situación

Leonardo Pagua dijo...

Soy estudiante de idiomas modernos en la universidad Arturo Michelena, aquí en Carabobo. Tengo la fortuna de tener a un Doctor en Ciencias Sociales Mención Historia, dandome clases. Y tengo la oportunidad de tenerlo como amigo. Es un señor mayor, claro está. En unas de tantas conversaciones sobre la situación del país (antes que todo lo ocurrido sucediera), él me decía que el país viven en un entorno, que no le permite racionalizar. Y debido a ese entorno, las personas repetían o repiten un mismo discurso, un mismo lenguaje. Y que era hora de ver las cosas desde el entorno, es decir, fuera del mismo discurso, y comenzar a pensar por nosotros mismos. Sin seguir ninguna de las directrices de los politicos actuales (gobierno u oposición). A medida que pasó el tiempo, esto comenzó a cobrar más sentido para mi. Y hasta el día de hoy, todo se ve con mejor claridad. No pensar como uno u otro, te hace ser "indiferente" y que estar "en el medio" es lo "peor". Cuando digo algo en contra de la oposición, soy chavista. Cuando digo algo en contra del gobierno, soy escuálido. Y para muchos esto significa ser "parcial". Pensar diferente ante toda esta situación, es un error fatal para muchos. Por no decir criminal. Eres un "vendido" si no perteneces a un bando. Lo lamentable es que esto pica y se extiende. Al menos pora ahora, no veo una solución ante una sociedad llena de etiquetas y calificativos.

Leonardo Pagua dijo...

Soy estudiante de idiomas modernos en la universidad Arturo Michelena, aquí en Carabobo. Tengo la fortuna de tener a un Doctor en Ciencias Sociales Mención Historia, dandome clases. Y tengo la oportunidad de tenerlo como amigo. Es un señor mayor, claro está. En unas de tantas conversaciones sobre la situación del país (antes que todo lo ocurrido sucediera), él me decía que el país viven en un entorno, que no le permite racionalizar. Y debido a ese entorno, las personas repetían o repiten un mismo discurso, un mismo lenguaje. Y que era hora de ver las cosas desde el entorno, es decir, fuera del mismo discurso, y comenzar a pensar por nosotros mismos. Sin seguir ninguna de las directrices de los politicos actuales (gobierno u oposición). A medida que pasó el tiempo, esto comenzó a cobrar más sentido para mi. Y hasta el día de hoy, todo se ve con mejor claridad. No pensar como uno u otro, te hace ser "indiferente" y que estar "en el medio" es lo "peor". Cuando digo algo en contra de la oposición, soy chavista. Cuando digo algo en contra del gobierno, soy escuálido. Y para muchos esto significa ser "parcial". Pensar diferente ante toda esta situación, es un error fatal para muchos. Por no decir criminal. Eres un "vendido" si no perteneces a un bando. Lo lamentable es que esto pica y se extiende. Al menos pora ahora, no veo una solución ante una sociedad llena de etiquetas y calificativos.

Leonardo Pagua dijo...

Corregiendo mi comentario anterior: Y que era hora de ver las cosas desde el CONTORNO.

Orlan Silva dijo...

Puede que me pase algo por alto, pero recuerdo que no hace mucho hubo varios dirigentes estudiantiles (de ambos bandos) que debatían en varios espacios. Sin necesidad de nombrarlos, hoy un en día estos dirigentes son Diputados, Ministros y hasta Alcaldes. Eso me dio a entender que en cierta forma sus métodos dejaron ver resultados... por otro lado; me formé en una universidad privada en la que, cada vez que protestaban (por ejemplo, por la inseguridad) a causa de lamentables acontecimientos, bloqueaban el paso a los alumnos impidiendo que salieran o entraran de la misma. No sé hasta qué punto eso afectó las arcas de la institución, ni tampocó sé si los malandros dejaron de asaltar por ello. Lo que sí sé es que muchos alumnos se vieron afectados por estos hechos, y no me refiero sólo a las víctimas de la inseguridad... En estos días me llegó uno de esos mensajes de cadena convocando a un paro y quien saliera a trabajar, sería señalado como afecto al gobierno - pero lo más increíble era lo que decía después - y será tratado como tal... Entiendo el descontento, todos lo entendemos, son muchas las personas que quieren algo distinto, eso es cierto, pero pensemos un poco en esto (y repito, puede que me pase algo por alto): La presunta, y propuesta, segregación que se deja entrever, sólo beneficia a quien se aferra al Poder (suelo escribir ficciones al respecto en mi blog) El Poder necesita pretextos, y pareciera que la protesta se los está dando; formando así una especie de ciclo que se autoabastece, y en esto pues, también se fortalece...

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