jueves, 31 de marzo de 2016

Crónicas de la ciudadana preocupada: La culpabilidad histórica de Hugo Chávez.





Hace unos días, durante una conversación, alguien que conozco me aseguro que “Chávez no habría permitido todo esto”, refiriéndose a la gravísima crisis que padecemos en Venezuela y cuyas implicaciones, ahora mismo, son imposibles de predecir. Me lo comentó en un tono de casi tristeza, como si el fallecido presidente hubiese sido algún símbolo de probidad, buen hacer político y tolerancia.

— ¿Cómo se supone no lo hubiese permitido? — pregunté desconcertada. Mi interlocutor se encogió de hombros, con cierta tristeza.
 — Chávez sería autoritario, pero era un hombre con una visión política muy clara. Jamás habría permitido que todo esto ocurriera — insistió.

Pensé en todas las ocasiones que Chávez había actuado siguiendo un plan personalísimo de construcción no muy clara, todas las ocasiones en que había tomado decisiones casi espontáneas, apuntaladas en su enorme popularidad y sobre todo, su carisma. Pensé en la manera como había provocado crisis tras crisis, con toda la intención de acumular poder y además, erosionar las bases del piso político de una oposición desprevenida. Pensé en el despilfarro sucesivo de los recursos del Estado, en su imposición de un modelo social y cultural que complaciera su ambición clientelar. Pensé en todas las decisiones que había tomado basadas en el populismo, en el uso del resentimiento como un arma política, en el furor de una concepción de la administración pública basada en la lealtad ideológica. Y de pronto, me irrito la inocencia e ingenuidad del Venezolano, esa memoria corta y selectiva que tantas veces nos ha condenado al desastre y la desesperación.

Por supuesto, no es la primera vez que escucho algo semejante, pero sí, de alguien que jamás apoyó al chavismo y que de hecho, insiste en que jamás votaría por un candidato oficial. Entonces ¿Qué ocurre con esa perspectiva tan distorsionada de Chávez? ¿Por qué esa extrañísima insistencia en celebrar su memoria cuando en realidad lo que vivimos no es otra cosa que la consecuencia directa de sus malos manejos, irresponsabilidad, violencia verbal y personalismo? Quizás sea adecuado recordar, que la gravísima crisis que sufre actualmente Venezuela no es obra de la casualidad, sino de una serie de decisiones erradas, en las cuales la personalísima visión sobre el ejercicio del poder de Hugo Chávez tuvo una directa relación:

Chávez es responsable del caos económico:
No sólo despilfarró el excedente de una improbable y súbita bonanza económica, sino que además, instauró todo tipo de controles, restricciones y limitaciones económicas que devinieron en una economía rota, controlada y agonizante. Fue Chávez quien tomó decisiones políticas sobre la economía, como el control de cambios, expropiaciones y nacionalizaciones de empresa, cuyas gravísimas consecuencias sufrimos hoy.
Nadie lo niega: Cuando Hugo Chávez asumió el poder por primera vez en el año 1999, Venezuela sufría de todo tipo de problemas económicos. Desde un erario público asediado por la corrupción hasta el sempiterno problema de la inflación, la economía nuestro país parecían moverse en medio de indicadores inestables que sin embargo, aún entraban una línea posible recuperación. Gracias al petróleo, las Finanzas públicas se hallaban en un límite que podría considerarse tolerable y además, había la esperanza que con una correcta administración pudiera superarse el creciente déficit fiscal.

Por más de siete años, el país disfrutó de una inesperada bonanza económica: con el precio del petróleo superando los 100 dólares por barril, Chávez disfrutó de una prosperidad improbable que no sólo despilfarró a manos llenas sino que además, utilizó para apuntalar su poder político. A pesar de sus muy publicitados programas de ayudas públicas y su aparente acento en lo social en las que invirtió las ganancias del país, gran parte del excedente en la venta del único producto sobre el cual se sostiene nuestra economía desaparecieron en un complejo sistema de corrupción y clientelismo. Por supuesto, se trató de un sistema que no pudo sostenerse por demasiado tiempo: Una vez que los ingresos extraordinarios comenzaron a decaer, la economía Venezolana se tambaleó y se convirtió en una enorme bomba de tiempo. Los indicadores económicos, distorsionados por una serie de sucesivos controles y directrices basadas en las maniobras ideológicas, implosionó una vez que la enorme maquinaría del Estado no pudo continuar sosteniéndose sobre las bases de los ingresos petroleros.

No se trató de un proceso aleatorio: Chávez utilizó los recursos del país no sólo para incrementar su poder político sino para construir una enorme maquinaria partidista sobre la cual pudiera apoyarse. creo subsidios que pudieran sostener los cada vez más dramáticos índices de pobreza y además, manipuló la gravedad de las restricciones financieras brindando acceso a dólares baratos. Además, invirtió buena parte de los ingresos petroleros en crear una red de apoyo internacional con la cual expandir las fronteras de su proyecto político. Todo lo anterior, fue construido a través de un meditado engranaje de decisiones de corte ideológico, que Chávez tomó en perfecto conocimiento de sus posibles implicaciones y confiando en su capacidad de maniobra política apuntalada en su creciente popularidad. Las consecuencias las sufrimos en la actualidad.

Chávez es el responsable de la crisis institucional y política que vivimos:
Desde su llegada al poder, Chávez se aseguró que ningún líder pudiera enfrentarse a su forma de ejercer el poder. No sólo torpedeó cualquier aspiración de sucesión política sino que además, se aseguró de cerrar cualquier posible contendor político apelando a la lealtad ideológica para sepultar ambiciones de líderes locales y nacionales de cierta relevancia. Por casi catorce años, luchó por construir una estructura de poder donde su figura fuera el eje central y además, imprescindible para la comprensión de la forma como se ejerce el poder en Venezuela.

Como si eso no fuera suficiente, una vez enfermo, Chávez ponderó las opciones para una posible sucesión desde la óptica de cuanto podía beneficiar a su permanencia en el poder la posible figura llamada a sustuirle en el poder por un período de tiempo indeterminado. Maniobró entre opciones basadas en la lealtad y compromiso con su proyecto político y por ese motivo, escogió de entre sus filas, a un Nicolás Maduro de profunda inexperiencia política pero que había probado su lealtad al llamado “Socialismo del siglo XXI” en más de una ocasión. Como si se tratara de una investidura emocional más que política, Chávez designó a Maduro como una especie de sucesor carismático, investido eventualmente de su autoridad sin su capacidad para la maniobra política. ¿El resultado? Un líder débil, que debe batallar no sólo contra sus evidentes limitaciones como actor político sino además, un escenario conflictivo y cada vez más complejo que es incapaz de manejar.

Chávez es responsable de la polarización, división y odio que sume al país en un estado de violencia y pugnacidad cada vez más peligroso:
Sí, nadie niega que Venezuela fue un país clasista, racista y prejuicioso antes de la llegada de Chávez al poder. Pero cabe recordar, que Chávez fue el primer líder político en convertir el resentimiento en un instrumento político por medio del cual no sólo se apuntaló en el poder sino que creó la necesaria ruptura social que todo régimen con aspiraciones autoritarias necesita. Lo hizo a sabiendas de las preocupantes consecuencias que podría traer un enfrentamiento entre Venezolanos. Lo hizo, a pesar de los altísimos índices de violencia en un país roto por la desigualdad.

No sólo se trata del uso del poder como un arma de violencia política, sino la segregación que el disidente y el opositor sufre en Venezuela. Un enfrentamiento que parece recrudecer mientras el Chavismo insiste en ahondar en las diferencias y apostar al juego de la división como única oportunidad de permanecer en el poder. Apoyado en la retórica de Chávez, el Partido Socialista de Venezuela no sólo se asegura de acentuar las grietas en el mapa político cultural de Venezuela, sino de obtener el suficiente provecho de un escenario cada vez más complejo para autopreservarse en el poder. Otra de las tácticas que Chávez utilizó a lo largo de sus sucesivas presidencias.

Chávez destrozó y con toda intención, el equilibrio de poderes en el país:
Usando la enorme marea electoral que lo mantuvo imbatible por casi catorce años y manipulando a voluntad el entramado ideológico que construyó, transformó al poder ejecutivo en un control unificado capaz no sólo de aplastar sino de manipular al resto. Además de eso, convirtió la meritocracia en lealtad debida y sepultó cualquier posibilidad de objetividad en la toma de de decisiones jurídica.

Ejemplos sobran: Hugo Chávez fue acusado en múltiples ocasiones de interferir en el poder judicial y además, de usar todas las armas a su disposición — desde la orden basada en la lealtad ideológica hasta la presión política — para usar la ley como una herramienta de uso indiscriminado al servicio de proyecto socialista. El caso más notorio es quizás el de la jueza María Lourdes que fue arrestada luego de ejecutar una medida legal que contradijo lo que parecía ser una orden directa presidencial. Desde su programa de televisión “Aló Presidente” Chávez denunció lo que llamó “Un complot” para permitir al empresario Eligio Cedeño, acusado de corrupción administrativa pidió el castigo para la magistrada. La orden fue ejecutada días después y la jueza fue encarcelada y torturada por casi dos años. Actualmente, Afiuni está en prisión domiciliaria y su caso continúa siendo uno de los mayores símbolos de la interferencia de Hugo Chávez en el poder judicial, una táctica también utilizada por el Presidente en funciones, Nicolás Maduro.

Chávez hizo escombros el aparato productivo del país:
Chávez, con una sonrisa de hombre fuerte y apoyado por la popularidad comprada a fuerza de petrodólares, expropió cada empresa privada que pudiera representar una competencia laboral para el Estado. No conforme con eso, torpedeó la iniciativa privada, pulverizó la capacidad del Venezolano para cualquier iniciativa sin relación con el sector oficial y se vanaglorió de depurar todas las estructuras de poder, para sustituir profesionales por leales al régimen.

A su muerte, Chávez deja un país con casi todos los sectores productivos bajo completo control del Estado. Chávez no sólo nacionalizó desde el cemento al Oro, sino que además creó una Banca Pública que maneja la mayoría de los fondos privados del país. Además, afianzó y estructuró en una dimensión por completo nueva, el control del Estado en la explotación petrolera, creando empresas mixtas obligatorias. Todo lo anterior tuvo una única consecuencia: Un Estado convertido en una maquinaría ineficiente e incapaces de sostenerse y el aumento exponencial del gasto público.

Chávez transformó al empresario Venezolano en reo de condena:
Chávez permitió un mínimo espacio a las empresas privadas del país y ejerció un férreo control en la distribución de divisas, lo que creó un inevitable desbalance en la cadena de producción, distribución y comercialización de alimentos y productos elaborados en el país. No sólo confiscó, expropió y destruyó toda posibilidad de independencia económica a través de una elaborada estructura de restricciones y limitaciones de orden Fiscal, sino que además lo uso como arma política siempre que pudo. Como si eso no fuera suficiente, demonizó al empresario local, por el sólo hecho de sobrevivir y de intentar mantener empresas funcionales frente al despilfarro y control oficial.

Chávez contaminó con política y sectarismo todas las iniciativas culturales, sociales y de acervo histórico del país.
Desde fundaciones, editoriales, movimientos artísticos y deportivos, Chávez procuró que cada elemento del mapa cultural Venezolano estuviera signado por la lealtad política. Lo hizo usando todos los medios a su alcance para destrozar cualquier aspiración de independencia intelectual y privada que pudiera sostenerlas. Una y otra vez, se aseguró de limitar el espacio de experiencias individuales y privadas, en la búsqueda de la ideologización necesaria para instaurar lo que consideró una necesaria reeducación del Venezolano bajo la perspectiva ideológica de su proyecto político.

Chávez instauró la censura y convirtió la opinión en delito:
Como todo autócrata y Líder Carismático, Chávez odiaba la opinión y la crítica. Y uso la ley para sofocar ambas cosas siempre que pudo. Utilizando la ley como un arma política e ideológica, no renovó la concesión de la señal abierta del canal RCTV, que dejó de emitir su programación en Mayo del 2007. Fue el primero de cientos de medios de comunicación cerrados, encarcelamientos políticos, censura previa bajo un engranaje punitivo que amenaza la libre expresión de las ideas. Al mismo tiempo, Chávez se aseguró de apuntalar lo que llamo “la hegemonía comunicacional” que consideró necesaria promocionar y difundir su proyecto político.

Chávez no permitió remozar la infraestructura eléctrica y en consecuencia, es el responsable de la potencial crisis de proporciones devastadoras que viviremos a no tardar:
Chávez consideró que los servicios públicos del país eran parte de su estrategia política, por lo cual decidió nacionalizarlos y asegurarse que la estructura laboral fuera un ejemplo de lealtad ideológico, lo que provocó que buena parte del talento técnico y profesional fuera sustituido por empleados de probado compromiso socialista. Todo lo anterior se tradujo como un rápido deterioro de la estructuras laborales en industrias encargadas del servicio de electricidad y telefonía local y móvil. Como si eso no fuera suficiente, la inversión en tendido eléctrico disminuyó y además, dejó de priorizarse el mantenimiento y modernización del tendido eléctrico, lo cual desembocó en una crisis de proporciones preocupantes y que actualmente, parece virtualmente incontrolable, donde la responsabilidad de Hugo Chávez es evidente. Como conclusión a todo lo anterior, cito uno de los párrafos del estupendo artículo El colapso eléctrico se asoma en Venezuela www.armando.info.com, que analiza la“El manejo de la crisis eléctrica que atraviesa el país sudamericano tiene dos precedentes: 2003 y 2010. Entonces el gobierno del presidente Hugo Chávez se resistió a racionar a gran escala hasta último minuto, agotando las reservas de agua del embalse de Guri, en el suroriente del país.”

A veces, me preocupa la corta, selectiva y peligrosa memoria del Venezolano sobre su pasado político. Su necesidad de disculpar, ocultar y disimular los graves la travesía de gravísimos errores que nos condujeron a esta gravísima coyuntura histórica. Pienso en eso, mientras camino por la calle y me tropiezo cada tanto con las imágenes amarillentas del rostro de Chávez, cuarteadas por largos días de abandono y finalmente sepultadas en cientos de consignas antiguas y recientes, de la durísima realidad de un país cada vez más desdibujado en sus dolores. Y me pregunto si somos conscientes de nuestra responsabilidad, no sólo del país a fragmentos que soportamos sino de la incertidumbre que nos golpea y convierte en futuro en un paisaje desdibujado y peligroso. Si alguna vez seremos capaces de comprender el alcance de esta indefensión de la mala memoria colectiva y sus dolorosas implicaciones. Y más allá de eso, hasta que punto somos artífices de nuestra pequeña tragedia cotidiana y sus consecuencias.

No tengo respuesta para ninguno de esos cuestionamientos. Quizás nunca las tendré. Y quizás eso sea lo más preocupante de un panorama cada vez más caótico.

2 comentarios:

Ivan Brito dijo...

Chávez murió como Marx, sin saber el daño que dejó. Si no se hubiese muerto, igual seguiríamos en crisis, con la diferencia que las divisiones no serían públicas. Ya hay grupos que su objetivo es desligar a Chávez de Maduro (Aporrea, Marea Socialista).

Ivan Brito dijo...

Chávez murió como Marx, sin saber el daño que dejó. Es más, hay grupos del chavismo que buscan desligar la figura de Chávez de la de Maduro como Aporrea y Marea Socialista.

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