lunes, 7 de marzo de 2016

ABC del fotógrafo curioso: Un análisis breve sobre el mundo fotográfico.






Ser fotógrafo no es sencillo: se trata de expresión artística que la mayoría de las veces se menosprecia, infravalora y en que en su apreciación, se suele confundir habilidad técnica con talento artístico. Además de eso, la fotografía se encuentra en medio de una constante discusión sobre su objetivo y hecho estético, lo que la sitúa en un terreno movedizo donde se argumenta a favor y en contra de su valor documental y como estructura de un lenguaje conceptual por derecho propio. La percepción general sobre la fotografía además, varía y se transforma de acuerdo a la noción sobre su capacidad no sólo para expresar ideas sino resumir una percepción concreta sobre su autor. Siendo así, la fotografía se sostiene sobre la necesidad de análisis de la imagen y sus implicaciones, como obra de arte y reflejo de la realidad.


Debido a todo lo anterior, en mis momentos menos festivos, suelo preocuparme muchísimo por el ambiente del mundo fotográfico contemporáneo. Por supuesto, apenas comienzo a comprender sus verdaderas dimensiones — y el terreno donde piso — pero igualmente, me desconcierta los evidentes problemas que aquejan a lo que es un arte naciente en un país que se caracteriza por su juventud, inmediatez y sobre todo, impaciencia.

Posiblemente, los problemas tengan su raíz en que la cultura fotográfica se suele limitar a lo pragmático: la idea sobre la imagen y las artes visuales se relacionan con ideas sobre su practicidad y utilidad, que muchas veces poco o nada tiene que ver con el verdadero concepto que un autor fotográfico desea plasmar. De manera que, en nuestro país la fotografía se resume a eventos, Moda, periodismo y documental, donde la imagen cumple una función definida como concepto: un papel informativo, una expresión visual con un objetivo visual concreto y comunicaciones de idea generales. La fotografía experimental, artistica, fuera de los cánones más concretos, muchas veces es menospreciada e incluso tomada como una manifestación menor del arte visual. Por otro lado, siendo que la imagen no cumple, a la vista de la opinión más generalizada, una función artistica, el fotógrafo termina limitando su campo de trabajo: el trabajo personal termina siendo escaso, cuando no poco significativo, ante la necesidad del profesional de sobrevivir, o en el mejor de los casos, encontrar cierta estabilidad entre su necesidad de fotografiar y su desempeño y modus vivendi.

Una idea triste, por supuesto, sobre todo cuando encontramos que el crecimiento de la fotografía como campo de estudio e idea artistica ha tenido un aumento exponencial durante los últimos años: de ser un campo inexplorado y selecto, se ha popularizado hasta convertirse en una actividad amplia y generalizada. Claro está, este aumento del interés por la disciplina tiene una evidente relación con la venta y la accesibilidad de equipos fotográficos. No obstante, quizá esta variable sea el motivo de otra de las circunstancias que creo afectan actualmente al conglomerado de fotógrafos venezolanos: La existencia de una idea desdibujado de que es en realidad la profesión del fotógrafo.

De la cámara a la idea.
Con el aumento del interés por la fotografía y la accesibilidad en la compra de equipos, es inevitable que el mercado de la profesión se haya diversificado. Y lo que en un principio podría parecer beneficioso, ha terminado transformándose en una preocupante realidad: muchos de los fotógrafos más jóvenes se esfuerzan por comprar un equipo costoso y tecnológicamente avanzado, antes de cuestionarse y preguntarse porque motivo desean llevar a cabo el trayecto entre la idea y la imagen completa. Tal vez sea del todo inevitable, sobre todo en una sociedad joven como la nuestra, pero el hecho irrebatible es que la mayoría de los amateurs que deciden incursionar de lleno en el arte fotográfico, se decantan por adquirir equipo antes de plantearse una idea clara de porque desean fotografiar: este análisis de motivos incluye hacia donde dirigir la educación profesional que deseas recibir hasta las variables que debes considerar al momento de elegir una profesión que depende tanto de la pasión y el entusiasmo que imprimas a tu diario hacer. Y de nuevo, surge la gran pregunta ¿Quién es un fotógrafo? ¿quién puede llevar el título con propiedad?

Por supuesto, no es una pregunta que yo pueda responder en este somero análisis, pero si puedo decir que tengo la certeza que el trayecto que recorremos para convertirnos en un profesional incluyen tres ideas evidentes y tal vez irrebatibles:

Educación:
Un fotógrafo es un creador visual, que necesita expresar sus ideas a través de sus imágenes. Y hablo de una necesidad conceptual como la que puede sentir un escritor al elaborar textos o un médico al dedicarse a su especialidad. Un fotógrafo necesita conocer las técnicas y conceptos básicos sobre su profesión para poder depurar su propio aprendizaje y lograr una comunión personal entre el aspecto técnico — necesario — y la visión personal — insustituible — que le otorgará personal a su trabajo. Y tales parámetros solo pueden obtenerse a través de una educación consecuente, construir un concepto fotográfico congruente con tu propia visión sobre la disciplina: la lectura, la práctica, el conocimiento nutren el trabajo de un fotógrafo hasta permitirle que la técnica no entorpezca la labor creativa, que cualquiera sea el caso, es el fin último de cualquier amante de la imagen.

Práctica:
En mi caso, he fotografiado durante casi toda mi vida. He utilizado film e hice el necesario — y a veces levemente traumático — salto al digital. Y cada tránsito y transformación que ha traído mi visión de la fotografía, ha sido consecuencia de la práctica y mi búsqueda incesante de algo más, de llegar a un punto dentro de mi educación fotográfica que me obligue a cuestionarme y tomar un rumbo distinto a lo que he hecho hasta entonces. La práctica por supuesto, llevar a cabo tus ideas lo mejor que puedas, te permite no solo evolucionar dentro de tu propio estilo, sino además nutrirte de nuevos parámetros que creen no solo un lenguaje visual personal, sino además una forma de ver las ideas visuales profundamente personal.

Constancia:
La fotografía es un arte y una disciplina en constante evolución. Un fotógrafo está consciente que aprender implica que deberá recorrer un largo proceso educativo que te llevará a conseguir una técnica depurada y una idea fotográfica concreta. Y es que la fotografía cambia a diario, se transforma en una idea maravillosamente poderosa, a medida que toma un rostro propio y un concepto íntimo. La fotografía, cualquiera sea su ramo, posee invariablemente una huella personal que siempre será esa opinión, esa leve subjetividad que le dará no solo profundidad, sino consistencia a tu trabajo.

¿Que me llevó a escribir este pequeño articulo y probablemente los que continuaré escribiendo en el futuro sobre el tema? La necesidad de analizar que nos sucede como conglomerado profesional y sobre todo, como artistas visuales en constante desarrollo. No es una reflexión definitiva, ni tiene las intenciones de serlo, sino antes bien, solo deseo reflexionar sobre esas ideas que creo constantemente nos preocupan — como fotógrafos y como amantes de la imagen — y que necesitan una constante revisión para encontrar una evolución hacia un rumbo más claro de la disciplina fotográfica como una forma de arte por derecho propio.

1 comentarios:

Oriette D'Angelo dijo...

No he dejado de leer tu sección sobre fotografía. ¡Me encanta! Muaks.

Gracias por tanto!

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