miércoles, 18 de julio de 2012

Del dolor de espalda a otras menudencias: el ABC del achaque



Creo que para mi, el mito del dolor de espalda fue justamente eso: una especie de leyenda urbana que no me creía demasiado. Muchas veces, habia tenido tirones, incomodidades, uno que otra pinchada de dolor, pero nada semejante a lo que describian como "una sensación paralizante", "una escalofrio doloroso" y otros tantos epítetos que hacian referencia a un padecimiento que parece sencillo, pero no lo es.

Hasta que lo sufrí, claro esta.

Empezóp como un tirón, un hilo doloroso desde el costado derecho hasta el hombro. Al principio solo se trataba de incomodidad - es soportable, pensé y seguí con mi mala postura -, después un tirón que al parecer es clásico del padecimiento - es solo mal dormir, concluí -, hasta que hace un par de semanas, simplemente no pude levantarme de la cama, paralizada, tal y como contaban las leyendas cotidianas, por el dolor y la incomodidad. Me llevó un par de inyecciones, compresas de agua caliente y un poco de estiramientos recobrar por completo la inmovolidad, pero al parecer este padecimiento tan sencillo y antiguo y cuyo origen, por multiple, continua siendo misterioso, continuará fastidiandome una que otra mañana en lo sucesivo. Al final de todo, el dolor de espalda parece ser uno de esos subitos sintomas que te permiten entender que nuestro cuerpo es una maquinaria que pocas comprendemos a cabailidad.

Un ouch de muchos siglos:

Cuando comencé a investigar un poco sobre el dolor de espalda me sorprendió comprobar que hace ya varios siglos que hombres y mujeres de la historia han estado despertando con dolores de dudosa procedencia, idénticos a los que sufrimos en la actualidad. Puede parecer irrisorio - tuve una imagen de un hombre egipcio dando los mismos alaridos de dolor que yo hace un par de semanas - pero no deja de ser interesante que el dolor de espalda, como síntoma y padecimiento, es más o menos idéntico desde los inicios de la historia humana. Ahora sabemos más por supuesto: El dolor de espalda aparece por un mecanismo neurológico -normalmente de origen desconocido- que causa dolor, inflamación y contractura muscular. No obstante, las causas son tan variadas que terminan siendo poco probable podamos saber con exactitud porque sufrimos el dolor en particular.

Descubrí también, que el dolor de espalda aqueja a cualquier adulto - desde lo más sanos, hasta que no lo son tanto, como yo - de entre 20 y 70 años y que una vez que lo sufres por primera vez, es bastante probable que se convierta en una especie de achaque crónico. Además, leyendo entre varias fuentes médicas,  comprendí que el dolor del espalda es antes que todo, un síntoma: de falta de actividad física, mala alimentación, huesos con deficiencia de calcio y otra serie de razones casi infinitas. De nuevo,  tuve la imagen de un hombre medieval arrastrándose fuera de la cama haciendo piruetas para lograrlo. Tal como yo las hacia en aquel momento, intentando ponerme en pie a pesar de la incomoda sensación.

De manera que, incapaz de soportar el dolor - que no ceso de molestarme en varias días seguidos - terminé visitando a mi médico de confianza. Luego de regañarme por enésima vez por mi poca actividad física y mi escaso amor al deporte, el buen hombre intentó explicarme más o menos, cual era el proceso que producía este despertar doloroso al que por lo visto, tendría que acostumbrarme por unos días.


En mi caso, el dolor del espalda resultó no ser solo muscular. Después de realizarme varios estudios, el médico me explicó que básicamente el hecho de ser una mujer sedentaria había afectado una serie de pequeñas variables físicas que habían desembocado en la súbita aparición del dolor. Mostrándome un gráfico gigante, donde podía ver una columna vertebral rodeada de músculos, intentó ilustrarme el tema.

- La columna vertebral del humano está formada por 33 vértebras. Las 7 cervicales, 12 dorsales y 5 lumbares están separadas por los 23 discos intervertebrales correspondientes. Las 5 sacras están fusionadas, al igual que las 4 coxígeas, formando los huesos sacro y coxis - deslizó el dedo por el dibujo de las placas perfectamente unidas, mostrándome la manera como el movimiento afecta el sistema muscular  - Si se observan de frente, las vértebras están perfectamente alineadas y forman una vertical. Sin embargo, de perfil, forman unas curvas. La superior -en la zona cervical- y la inferior -en la lumbar- son cóncavas hacia atrás y se llaman lordosis -cervical y lumbar respectivamente-. La curva media es cóncava hacia adelante y se llama cifosis dorsal. Lo que tu estás sufriendo, es una contracción cervical que tensa todos los musculos de la espalda y el pecho incluso, y te paraliza, como estás ahora.

Pero como saberlo, no lo hace menos doloroso, escuché al doctor, casi echada sobre la silla, mirando el esquema con los ojos entrecerrados. De nuevo tuve imágenes graciosas o al menos me lo parecieron, de hombres y mujeres en diferentes momentos históricos, intentando caminar con aquel dolor paralizante e insoportable. Lo más inquietante del asunto, es que el padecimiento sigue siendo parte de nuestra historia biológica digamos, y es parte de ese tipo de sufrimientos tan humanos que nunca parecen perder vigencia. Se lo comenté a mi médico, que rió en voz baja, asintiendo.

- Aunque no lo creas, el hombre moderno sufre más de estos dolores que cualquier otro - me explicó - el hombre ahora mismo es más sedentario que nunca, de manera que la columna carece de fortaleza - señaló de nuevo el dibujo, mostrándome la suave curva natural de los huesos - ¿ ves esto?  Esta disposición permite que la columna sea muy resistente a la carga aplicada en dirección vertical, puesto que sus curvaturas le dan flexibilidad. Si la carga es muy importante, las curvaturas pueden aumentar transitoriamente, amortiguando la presión que sufren las vértebras. Por eso, en algunos países era tradicional transportar la carga sobre la cabeza. Además, al hacerlo así se mantenía el centro de gravedad en el eje de la columna, por lo que la musculatura de la espalda apenas tenía que trabajar.

Sonreí. Mi médico me conoce desde la infancia y sabe que no soy una persona particularmente deportiva o activa. De forma que encajé el velado reproche con cierta humildad. Después de todo, el dolor que tenía era suficiente para evitar que respondiera cualquier otra cosa.

Un viejo enemigo:

El dolor tardó un par de días en irse por completo, pero sé que será recurrente. Por supuesto, todo se trata de tomar algunas precauciones, como estas:


1. La postura ideal al estar tumbado o durmiendo, es la que permite tener apoyada toda la columna en la posición que ésta adopta habitualmente cuando uno está de pie. Una buena postura es la posición fetal, tumbado de lado sobre un costado con las rodillas y caderas flexionadas y con la cabeza y el cuello alineados con el resto de la columna. Otra postura buena se adopta tumbado boca arriba con las rodillas flexionadas y una almohada colocada debajo de éstas.

2. Dormir boca abajo no es recomendable salvo en caso de indicación médica, al modificarse la curvatura normal de la columna lumbar, así como obligar al cuello a permanecer girado hacia uno de los lados para poder respirar.

3. El colchón y el somier deben ser rectos y de dureza intermedia, ni demasiado duros ni dema­siado blandos, permitiendo una buena adaptación a las curvas naturales de la columna. La almohada debe ser baja para no forzar la curvatura del cue­llo, y la ropa de la cama será manejable y de poco peso. Las camas grandes son más recomendables, especialmente si se duerme acompañado, permitiendo mantener posturas más relajadas, así como cambiar de postura con frecuencia y facilidad.

4. Evite dormir siempre en la misma posición, en camas pequeñas, sobre un somier y un colchón excesivamente duros o blandos, con una almohada muy alta o sin ella, y tumbado boca abajo.

Al final, al parecer con el viejo dolor de espalda todo se trata de tener un poco más de conciencia que este perfecto mecanismo físico que llamamos organismo, necesita algunos cuidados. Sonrío mientras escribo esto, totalmente encorvada sobre mi portátil, con las piernas cruzadas al frente y la cabeza inclinada sobre los hombres. Creo que me llevará un poco más de tiempo hacerlo.

C'est la vie.



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