sábado, 21 de julio de 2012

De la fe a otras escenas cotidianas: La bruja treintañera.



Hablar de religión no es sencillo. Mucho menos en un país dado al debate y al irrespeto por la opinión ajena. Además, Venezuela es un país religioso. O mejor dicho, muy conservador en cuanto a sus costumbres religiosas. No es para menos creo: según Cifras oficiales, el 68% de la población se declara Cristiana practicante - lo cual, sin duda es cuanto menos mentira -y la otra mitad, tiene simpatias por la religión Católica. Y el resto, una mezcla de judaismo,  creencias centro africanas, sectas cristianas radicales y creencias basadas en la doctrina apostolica romana. Una extraña mezcla que sin embargo, en Venezuela funciona y tiene cierta lógica.

Pero, para efectos de este articulo, digamos que la gran mayoría cree en el Dios cristiano o judaico, comparte más o menos la visión moral y es exhibe esta actitud de "no voy todos los domingos a misa, pero si de vez en cuando". En medio de este clima dispar, no ser cristiano es una rareza, cuando una incomodidad, y aun más si declaras que eres parte de esa minoria que o no cree en nada, o tiene fe en algo por completo incomprensible para el resto.

Como me ocurre a mí, cuando con cierto titubeos suelo decir: "soy bruja".

Lo primero que pasa cuando digo algo semejante, es que mi interlocutor ( dependiendo del grado de confianza, amistad, cariño, tolerancia o cualquier otro elemento parecido ) que comparta conmigo, me mira con cierto escepticismo, jocosidad o abierta desconfianza. Casi siempre, no suelo insistir en el tema y dejó que el termino flote en algún lugar entre la incomodidad o la simple idea que solo se trata de otra de mis "excentricidades". Pero de vez en cuando ocurre que quién me escucha parece un poco más interesado, y habitualmente, allí empiezan los problemas.

- Bruja entonces.
- Y sí.
- ¿Por qué te llamas así?
- Porque lo soy.
- ¿Quién te dio el titulo?
- Mis creencias. 
- Ya veo.

Punto y final: ese "ya veo" circunstancial puede significar cualquier cosa. Desde "no te entiendo" a "que estupidez" o lo que es lo mismo, no tener una idea clara sobre a que me refiero. Y es que ser bruja en un país de cristianos es basicamente una especie de duelo de paciencia, un ejercicio de fe y sobre todo, una idea muy concreta sobre que deseas expresar de ti misma, o en el mejor de los casos, creer.

La bruja, el sombrero, la cámara, el peine:


Como he comentado en varias oportunidades en este, su blog de confianza, mis creencias de brujeria es una herencia oral que recibí de mis abuelas, tias y demás familiares. No es una religión establecida, no hay un templo "Brujo", aunque si, por supuesto tenemos toda una serie de creencias más o menos estandar que abarcan puntos bastante importantes de mi vida personal. Y siendo así, no soy cristiana, no solo porque no comparto los sacramentos, ni su visión de la vida, ni su filosofia moral, ni su herencia cultural. Vivo en un mundo cristiano - que es algo totalmente distinto - y lo respeto, pero mi visión de las cosas es por completo distinta y la mayoría divergentes. Probablemente, esta ha sido la lección más dificil de aprender durante mi vida.

Porque la religión en mi país es importante. Lo es a extremos que en ocasiones llegan a preocupar: nuestro estado intenta ser laico sin lograrlo. En numerosas escuelas, existe una asignatura dedicada exclusivamente a la religión y el matrimonio eclesiastico es considerado imprescindible. La religión se debate en aulas y calles, y aunque pueda parecer excesivo lo que digo, muchas veces la opinion religiosa tiene un peso concreto del clima cultural de nuestro país. Y esa opinión divinizada, tan ligada a la sensibilidad de la cultura del Venezolano lo que en ocasiones desconcierta.

Ejemplo número 1:

Tengo un amigo agnóstico. O así se define al menos. Lo cierto es que G. es lo bastante coherente para saber exactamente que para él, la religión es un tópico de conversación como cualquier otro, no un estilo de vida. Pero como no puede ser de otra manera, G. suele encontrarse con enfrentamientos entre quienes no entienden que no le parece particularmente creer ( ya sea si existe Dios o no, o si una religión es necesaria o no ) sino que mucho menos formar parte de esa idea general que a las creencias se les enfrenta. En una ocasión, estabamos juntos conversando con un grupo de amigos cuando el tema habitual de "como puedes vivir sin creer en nada" salió a colación.

- No es que no creo. Simplemente no tengo respuesta - explicó G. casi con paciencia - no me interesa saberlo en realidad.
- Pero Dios es un tema concreto. Todos creemos en algo, tu no puedes ser la excepción.

Quién hablaba era, para sorpresa de quién lea esto, no un cristiano acérrimo o un creyente evángelico fanatizado, sino un ateo. Porque resulta aun más desconcertante que los que niegan la existencia de todo lo divino, les parezca poco menos que aceptable la idea que no debas negar nada para sustentar tu ausencia o no de creencias.

- No es la que la sea. Simplemente no sobreanalizo. Si existe, muy bien. Si no existe, estupendo por mí también.
- Pero no te parece que la supercheria militante...
- ¿Como esta conversación?

Silencio. Un irritado silencio.
Porque quizá no hay nada más parecido al fanatismo que su negación.

Ejemplo número 2:

Ahora voy a una boda eclesiastica de un amigo en común con mi amiga M, atea convencida. Pero M. no solo es atea, sino que además, está firmemente convencida que la religión es inutil porque historicamente no tiene viabilidad. Cualquiera sea su postura, también siente la necesidad de respetar las creencias ajenas y por ese motivo estamos aquí, de pie junto a su hermano, mientras escuchamos las palabras del sacerdote hablando de amor y otros menesteres.

- ¿No te da risa todo esto? - me pregunta.
- no

Me mira y sonríe por lo bajo. Me pregunto que es realmente lo hilarante: ¿el vestido blanco de una mujer que vivió durante años con el hombre con quien intercambia votos? Puede ser eso, es bastante risible. Pero también un ritual que indica que la mujer debe "Obedecer y confortar al marido" repetido por una feminista convencida que sin embargo, hoy parece muy feliz de repetir la letania. Con todo, sé que M. no se refiere particularmente al tema. Espero un poco y al salir, mientras todo el mundo lloriquea por la boda y se felicita, me acerco de nuevo a ella.

-¿Que me debería dar risa?
- El hecho simple que un ritual religioso al final, nos engloba a todos, creas o no - responde - la religión es un hecho familiar una pauta histórica. Yo no creo, a ti no te importa, la mayoría de la gente ni le importa porque vino, pero aun asi, celebra y sonrie. Siente felicidad. Eso es parte de una idea tan vieja como el ser humano: identificación.

Es verdad. Me sorprende un poco lo contudente de algo tan simple. La religión es algo más que esa fe divinizada, esa idea de la realidad llevada por metáforas profundamente existencialistas. La fe es una forma de convivencia, una idea cultural extremezclada por infinitas razones sobre nuestra manera de ver el mundo, la cultura a la que pertenecemos e incluso las convenciones sociales de las que formamos parte casi de manera involuntaria. Otro tema en el cual pensar.


Ejemplo Número 3:

En esta ocasión, estoy sola, tendida en la terraza de mi edificio. Es una noche especialmente clara y Caracas tiene un aspecto luminoso, casi inocente. En el cielo, las estrellas tienen un aspecto irreal, entremezcladas con nubes delgadas y delicadas, extendiendose como una especie de radiante huella. Pienso, en cuanto se debieron impresionar nuestros ancestros, ante aquella belleza simple y muda, que sin embargo parecia significar algo. Porque tiene que significar algo ¿No es así? Me encuentro pensando casi de manera natural. Y comprendo, con absoluta claridad, que aquí el tema es concluyente: todos sentimos alguna vez ese asombro infantil hacia lo portensoso, lo bello, lo primitivo, lo que no podemos explicar. Continuo allí, con los brazos y piernas abiertos sobre la manta donde estoy tendida y siento, de pronto, esa necesidad de encontrar un concepto que abarque todo lo que es este silencio más allá de mi misma. Toda esta enormidad.

No lo encuentro.

Me pregunto cuantas mentes humanas antes de mi, han sentido esta insatisfacción y este temor. Este asombro. Y cuantas las sentirán después de mí.

Somos simples, sin duda, pero a la vez profundamente complejos en nuestra simplicidad.

1 comentarios:

Licoa Salazar dijo...

Interesante, Muy interesante...

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