jueves, 19 de enero de 2017

Crónicas del cinéfilo neurótico: Películas de Terror, lo que te asusta, lo que te inquieta, lo que te hace reir.



Sí, lo digo con orgullo y cierta verguenza adolescente: soy una adicta irremediable a las películas de terror. Veo todas las que puedo, de cualquier tema, sobre cualquier subgénero. Las disfruto por el mismo hecho que me encanta la literatura de terror: el poder de evocación de la imaginación humana. Porque lo que te asusta realmente no es lo que ves, sino la sensación que una imagen — o la sugerencia de ella — te provoca. ¿O acaso no es el miedo una sombra de nuestros propios temores, ese fantasma en el ático de nuestra mente que crea un rostro inquietante, diferente para quien? Una idea escalofriante sin duda. Pero en este post no quiero conversar sobre el miedo — o su idea más profunda — sino sobre esa interpretación que el cine intenta darle.
Así que me pregunto ¿Que te hace sentir miedo? Podría dar algunas razones:


Mia Farrow en “The Rosemary’s Baby” de Roman Polanski.
Lo desconocido:
Usualmente una película de terror me cautiva si durante los primeros cinco minutos no aparece un monstruo terrible chorreando babas y sangre para atacar a los desprevenidos protagonistas. Es más que probable que me inquiete la idea sugerida, “eso” que parece esconderse entre las sombras, que se mueve al rabillo del ojo, tan sutil que es imposible de definir pero tan evidente que es imposible de Ignorar. ¿Quién podría olvidar la escena final de “El Bebé de Rosemary”, cuando una jovencísima Mia Farrow se inclina sobre una cuna de satén negro para mirar al hijo que concibió con el Demonio? Nunca vemos al bebé, pero la idea de lo que podría estar mirando la aterrorizada Mia es suficiente para provocarnos terror.



Maika Monroe en “If Follows”
Lo cotidiano:
Nuestra protagonista camina por un pasillo vulgar y que nos resulta casi familiar. De pronto, se detiene, y una sombra se desliza de un lado a otro. Ella retrocede, las manos en la cara, temblando Y frente a la pantalla de Cine, nosotros miramos con ojos dilatados de miedo la escena. Porque el terror tiene el poder de volver espeluznantes esos lugares que consideramos normales, simples, conocidos. ¿Qué es lo que nos asusta sino el hecho que lo aterrador pueda esconderse en las sombras del armario? Como lo demostró la magnífica “It Follows” del director David Robert Mitchell, lo cotidiano puede construir un tipo de terror malsano y específico muy poderoso.



“The Babadook” de Jennifer Kent.
El Monstruo de nuestra mente:
La mayoría de las películas de terror realmente eficaces dan una enorme importancia al elemento humano. Comprendemos a los personajes, sentimos su terror — como en el caso del niño aterrorizado del Sexto Sentido — o quizá, simplemente sentimos esa imposibilidad alzándose en medio de la normalidad — como en la Española “El Orfanato”-. Porque el miedo vive en nosotros como una idea, y si esa idea podemos reconocerla en alguien más, es muy probable que podamos comprender — y sentir — el terror con mayor intensidad. Quizás ese es el motivo por el que la película “The Babadook” de la directora Jennifer Kent — quién también escribió el guión — resulta tan incómoda: la atmósfera se hace cada vez más irrespirable y violenta gracias al reconocible — y doloroso — ingrediente emocional.





Terrores Universales:
Las películas de terror — las realmente buenas — exploran lugares comunes del miedo en todos nosotros. Ese sótano oscuro que representa la habitación de la infancia que siempre nos amedrento, el rostro desdibujado en un cristal que siempre temimos ver. Sonidos en mitad de la noche, puertas que se abren misteriosamente. Incluso los muy incrédulos, alguna vez han temido a ciertas imágenes. Tal vez se trata de algo natural e instintivo, o quizá esa capacidad del ser humano para construir mundos reconocibles. Como sea el caso, ese temor ingenuo, casi infantil, es común en todos, y las verdaderas historias de terror lo explotan de la mejor manera posible. Un recurso común en las obras del director James Wan, que suele utilizar terrores tan comunes como a la oscuridad o a los sonidos inexplicables para crear poderosas atmósferas cinematográficas, como lo hizo en la ya clásico “The Conjuring”.



Narges Rashid en “Under the Shadow” del director Babak Anvari.
El Pánico de lo conocido:
De pronto, el rostro angelical de ese extraño bondadoso se deforma en un grito mientras levanta la mano empuñando un cuchillo. Y descubrimos que el mayor temor, el más secreto quizá, es descubrir ese monstruo latente que habita en el alma humana y del cual todos sospechamos su existencia.
Ese poder de crear un temor evidente, circunstancial, poderosamente real, se manifiesta en las películas de terror con mayor fuerza: es una idea que las imágenes dibujan con toda la fuerza de crear un concepto concreto, que nos provoca, sin que podamos explicar exactamente el porqué, un profundo temor. Como le ocurre a la aterrorizada Narges Rashidi en la película “Under the Shadow” del director Babak Anvari.


Ahora bien, ¿Y que cosas hace que una película de terror no nos produzca otra cosa que risa? También tengo algunas razones que explicar:




Un asesino con el don de la Ubicuidad:
En el género Slasher es común que el asesino en ciernes sea una figura indestructible e hierática capaz de soportar todo tipo de agresiones y violencia para continuar avanzando cuchillo en mano. Se trata de un símbolo habitual para demostrar los límites del horror y el miedo, invencibles y sobre todo, monstruoso de la maldad humana. No obstante, cuando se abusa del recurso el resultado suele ser casi el de una parodia involuntaria. Nuestra víctima corre, sube escaleras, abre y cierra puertas, pero eso no evita que nuestro villano aparezca en el lugar menos pensado y al parecer sin haber hecho el menor esfuerzo por perseguirla. Lo que es peor, el villano jamás parece especialmente preocupado por lo que pueda hacer su aterrorizada víctima para escapar de él: ¿tal vez sabe que al final le terminará alcanzando por obra y gracia de los guionistas? ¿Un reciente ejemplo del mal uso del recurso? La olvidable “Martyrs” (remake de la original francesa de Pascal Laugier) dirigida por Kevin Goetz y Michael Goetz.



Gritos en la Oscuridad:
El miedo a lo desconocido suele metaforizarse en el cine con espacios lóbregos y temibles. La mayoría de las veces, los directores suelen utilizar todo tipo de recursos visuales que apelan a los temores primitivos encarnados en la oscuridad. El director James Wan incluso insistió en una ocasión que una casa llena de habitaciones tenebrosas y vacías, “puede simbolizar el miedo de manera mucho más efectiva que la imagen de una criatura aterradora”, lo que hace las penumbras caldo de cultivo ideal para escenas con profunda carga emocional. No obstante, el efecto suele perderse cuando se recurre a clichés y lugares comunes que destruyen la atmósfera y la mayoría de las veces amenazan la solidez del relato visual. Como por ejemplo, esa tan común que muestra a nuestro protagonista abre la puerta de ese sótano oscuro y aterrorizante, terriblemente sospechoso. La oscuridad es completa y de pronto, un sonido inquietante reverbera en el silencio. ¿Y que hace nuestro esforzado hombre valiente? Bajar un escalón y gritar: ¿Quién está allí? ¿Qué demonios espera que le respondan? “Si, aqui estoy, soy un monstruo colmilludo que te destruirá a la primera oportunidad! ¿Una película que abusa y destroza este inteligente punto de vista? la tediosa “The Texas Chainsaw Massacre: The Beginning” de Jonathan Liebesman.




Correr enloquecidamente…hacia los lugares más recónditos de la casa:
The Final girl es por supuesto, una de las imágenes más reconocibles de cualquier película de terror y sobre todo, elemento de ruptura en las casi siempre sencillas narraciones que sostienen cualquier película del género. El término hace referencia a la última sobreviviente en medio de las cadenas de asesinatos fortuitos y disparatados que acaecen en cualquier película slasher que se precie. Para el recuerdo queda por ejemplo, el impacto que tuvo la actriz Jamie Lee Curtis como la heroica y sufrida sobreviviente de la original “Halloween” o la actuación de una jovencísima Adrienne King en Friday 13th del director Sean S. Cunningham. La llamada “Final Girl” representa con frecuencia el equilibrio argumental entre la lucha por la supervivencia y un tipo de perspicacia capaz de humanizar un guión plano. Tal vez por ese motivo, el abuso del recurso puede provocar el efecto contrario: Una figura femenina que produzca irritación en lugar de admiración, puede transformar el slasher más consistente en un juego trivial del gato y el rato. Como esa habitual escena en la que La chica ensangrentada corre del asesino…pero no a campo abierto, sino justo lo contrario! La mujer abre puertas, y decide encerrarse en baños pequeños, habitaciones diminutas, sin ventanas. Y cuando el asesino camina por el único pasillo, comienza a gritar, para indicarle aún más claramente donde se encuentra. Una escena que todos hemos visto infinidad de veces y que nos hace preguntarnos ¿Qué sentido de supervivencia tienen los protagonistas de algunas películas de terror? ¿El mejor ejemplo de una final girl que se convierte en un peso incómodo para la trama de la película? La insoportable Sarah Hyland en “Satanic” de Jeffrey Hunt.


Incredulidad asesina:
Las películas de terror suelen tener un guión esquemático muy semejantes entre sí. Sin embargo, el abuso de tópicos y más allá de eso, la recurrencia de giros argumentales que carecen de consistencia y cierta coherencia sin duda amenazan el pacto de ficción que existe entre los espectadores y todo producto fílmico. Como ese tan habitual en que los diferentes habitantes de ese enorme campamento apartado comienzan a desaparecer. Uno a uno. Pero nadie parece encontrarlo extraño. De hecho, nadie parece echarlos de menos en realidad. De manera que allí tenemos a la pandilla de amigos, bebiendo, comiendo y cuando no fornicando, mientras a su alrededor el asesino descuartiza a la concurrencia. Y claro está, nadie advierte lo que ocurre hasta que el asesino sonríe desde la oscuridad, hacha ensangrentada en mano. ¿Un ejemplo muy específico de un guión fallido que pudo ser algo más? La plana y desabrida “Blair Witch” de Adam Wingard.





Gritos, gritos y más gritos: La chica grita.
La mayoría de las películas de terror realmente buenas, dedican especial atención a los efectos de sonido dentro de las escenas. De hecho, la mayoría de las películas más célebres del género, utilizan el score como una forma de apuntalar escenas y aterrorizar a la audiencia. Un truco común en producciones como “The Conjuring”, en las que James Wan juega con el volumen de los efectos incidentales para aterrorizar y sobresaltar. Pero el aspecto contrario puede no sólo resultar contraproducente sino convertir a la película en una caricatura involuntaria: los gritos aterrorizados — ese elemento tan común en el cine de terror y que Brian de Palma consagró como una reflejo imprescindible de la tensión argumental — sin sentido, exagerados y poco naturales pueden destruir la atmósfera de cualquier película. No hablo del grito histérico comprensible antes situaciones terribles o atemorizantes. Hablo de gritos, frente a un asesino furioso, un monstruo hambriento, una criatura interestelar destructora. Y mientras más avanza la película, la chica en cuestión continuará gritando inútilmente. Y dependiendo de la calidad de la película, también dará saltitos. Siempre gritando, claro. El mejor ejemplo del mal uso de efectos sonoros — desde apuntes musicales en momentos sin sentido hasta motosierras que se escuchan como radios estropeados — es la terrible “Friday the 13th” de Marcus Nispel.


Una lista corta pero sustanciosa que resume mis buenas — y en algunas lamentables ocasiones — tediosas experiencias con el cine de terror. Y para ti que me lees y quizás también eres amante del género ¿Cuáles son tus motivos para que te asuste o te haga reír una película de terror?

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