lunes, 2 de junio de 2014

Proyecto "Un autor cada mes": Doris Lessing.





A Doris Lessing no la conocía hasta que leí su extraordinario libro "El cuaderno dorado". No sabía nada sobre su historia, mucho menos su larga trayectoria literaria. Sólo sabia que era una mujer que escribía a toda hora y que según ella misma confesaba estaba obsesionada con la palabra. Con eso podía identificarme, pensé cuando abrí el libro, con los dedos temblorosos y un poco desconcertada.  Tal vez por eso, el primer acercamiento a su estilo exquisito, conmovedor y profundamente analítico la convirtió de inmediato en una de mis escritoras favoritas.  Lo hice con esa inocencia del lector que no sabe muy bien que encontrará y de hecho, me asombró lo que encontré en un relato vigoroso, durísimo pero sobre todo sensible. Tenía quince años y la historia del libro - feminista militante, controvertido - me cautivó y no solo porque el tema me apasionara sino porque descubrí en la prosa de Lessing una calidad literaria que me asombró y no dejó de hacerlo en el futuro. Una re descubrimiento de esa visión de la pluma que analiza la realidad a través de las pequeñas historias que cuenta y que además, asume el poder de la palabra como reinvidicador.

Y es que Doris Lessing analizó el mundo a través de sus imperfecciones y muy probablemente, allí radica la importancia de su obra. Desde sus estudios detallados sobre la decepción y la ternura hasta el fino análisis de la vida cotidiana que miró con un ojo observador y crítico, Lessing encontró una manera de construir el mundo a través de una profunda melancolía. Su escritura parece insistir en esa necesidad de asimilar la complejidad del mundo desde una sencillez coloquial, una decepción simple que su pluma prodigiosa transforma en belleza, en una elemental revisión de la sensibilidad como forma de homenaje a lo humilde. Una escritura que realza y homenajea la vida real, sin tapujos y sin adornos. No obstante, hay una sensibilidad sutil que se desborda en sus escenas perfectamente delineadas, directas y francas. Cada circunstancia en sus novelas, parece recrear lo cotidiano y no obstante, se tratan de metáforas profundamente sensibles sobre ideas intencionadas que se entremezclan con lo que apenas se sugiere. Una mirada sincera y obsesiva a los detalles sobre la realidad, llena de una profunda compasión.

Tal vez se deba a que Doris Lessing, la mujer, tuvo una vida personal lo suficientemente rica en contrastes y experiencias como para asumir la difícil experiencia de construir una opinión crítica sobre el mundo. Nacida en Irán, inmigrante en Rodesia y finalmente, una joven en Londres, comenzó a escribir por impulso, por necesidad, por su profunda capacidad para recrear lo habitual en una colección de interpretaciones disimiles. Su primer libro "Canta la hierba", pareció definir su voz literaria y sobre todo los elementos que serían recurrentes en su obra literaria posterior. Su sensible discurso sobre el fracaso y la injusticia convirtió el libro, que tal vez siendo el primer intento autoral de la escritora carecía de cierta habilidad, en un exquisita reflexión sobre la tristeza, el dolor y la angustia existencial. Muy probablemente influyó en el tono melancólico de sus novelas,  el haberse unido en Londres a un grupo de escritores autodenominados los "Angry young men". Talentosos, cínicos y sobre todo pesimista, el grupo se obsesionó con la amargura y el dolor social, y sobre todo, con esa lucha sutil de la cultura Europea que ensalza la pobreza como un defecto y la riqueza como atributo.

No obstante, Lessing parecía haber encontrado su razón fundamental para expresar ideas profundamente sociales desde mucho antes. O eso es lo que parece sugerir su exquisito tino para crear personajes de clase media sumidos en la una tristeza insoldable y heredada, en la frustración de una sociedad ciega y en esencia, injusta. Su mirada parece insistir en esa ambigüedad del desosiego, en esa aceptación de los limites entre lo mediocre, lo sórdido e incluso, la esperanza de redención que parece surgir en todas sus narraciones casi por accidente.


Porque sin duda Lessing, como escritora, se analiza desde la óptica de su capacidad para documentar el mundo. Sin tapujos ni especiales remilgos, pero tampoco a través de una opinión moral. Es ese equilibrio entre la observación mordaz y la benevolente dulzura de la palabra que admite redención, lo que hace su obra inolvidable. El individuo, como analiza la escritora, es la suma de sus pequeños debates éticos, del dolor y la furia, de su aspiración de la bondad. Una mezcla que parece sugerir esa necesidad de Lessing por desear esencialmente el bien, por concebir su obra como una elaborada diatriba sobre la justicia y la angustia existencial.

Una búsqueda que la acompaña a lo largo de su dilatada y prolífica carrera literaria. Sus personajes, insisten en la reivindicación no mediante la lucha, sino la resistencia firme hacia la injusticia, un elemento audaz de reflexión social que aún así se sostiene por la delicadeza como la escritora lo propone. Para la escritora, la sociedad, la cultura, la desigualdad, la herida de la sociedad que presiona y aplasta, son formas elementales contra las que se lucha con la insistencia. En sus palabras, la libertad se adquiere comprendiendo la realidad desde lo sencillo, desde lo esencial . “Usando nuestras libertades individuales (y no quiero decir simplemente formando parte de manifestaciones, partidos políticos, y demás, que son solo parte del proceso democrático), examinando ideas, vengan de donde vengan, para ver de qué manera estas pueden contribuir útilmente a nuestras vidas y a las sociedades en las que vivimos” llegó a decir, cuando se le insistió si el carácter levemente derrotista de sus historias no apuntaba hacia una visión pesimista de la vida. Pero con Lessing nada es sencillo, mucho menos aparente. Como escritora y analítica observadora, la escritora parece muy consciente del poder de quien construye desde lo mínimo, un debate invisible que sostiene esa necesidad suya de mirar la realidad con una franqueza casi decepcionada.

Doris Lessing fue una mujer incansable que escribió hasta muy avanzada edad. También conservó esa visión sencilla de la vida incluso en los momentos más gloriosos que vivió. Al ganar el premio Nobel, admitió que estaba "encantada pero no sorprendida" y que realmente "escribía por otras cosas más allá del reconocimiento". Recibió a los periodistas sentada en pantuflas frente a su pequeña casa en Londres y con una extraordinaria vitalidad a pesar de sus ochenta y siete años cumplidos, regañó a los periodistas que le esperaban con esa franqueza suya que sorprendió a lo largo de su vida a propios y extraños.  "¿Cómo voy a estar celebrando con champán? No me ha dado ni tiempo a comprarlo. Ustedes, en lugar de venir aquí y hacer tantas preguntas, deberían haber traído una botella. A cierto punto, tendré que ponerme a brindar", contestó cuando uno de los fotógrafos se extrañó que no estuviera celebrando el trascendental galardón. Luego soltó una carcajada, feliz pero no satisfecha, porque para Lessing, el mundo nunca tuvo una sola visión ni explicación, mucho menos un único matiz. La ambivalencia del creador incansable. Quizás, por ese motivo, aceptó el premio con su dignidad de luchadora por convicción. Un homenaje a una vida dedicada al conocimiento, la búsqueda de la belleza y a la literatura o sólo, a una simple aspiración por la esperanza, esa que encontró en la simplicidad.

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3 comentarios:

Karla Blanco dijo...

villakrist@hotmail.com please (:

Consuelo Mendez dijo...

mendez.consuelo@gmail.com
me interesa la obra de Doris lessing. agradezco su envío.....

De todo un poco dijo...

Hola, buenos días, me interesa mucho su obra, empecé leyendo el cuaderno dorado y me ha encantado la autora por completo, agradezco el envío a adrie080@gmail.com

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