viernes, 8 de noviembre de 2013

Proyecto "Un Libro Cada Viernes": "Yo soy Malala" de Malala Yousafzai.








La primera vez que escuché a Malala Yousafzai no sabía su edad. Se dirigía a una multitud de oyentes, que la escuchaban entre impresionados y admirados, hablar sobre la mujer pakistaní, el puño de hierro talibán y libertad de las ideas. Todo en un discurso coherente, expresado con una calma extraordinaria y una claridad de ideas que me impresionó. Poco después me enteraría que la oradora, apenas tenía dieciséis años y que había sobrevivido a un brutal ataque a mano armada por parte del régimen Talibán en su natal pueblo de Swat. Y sin embargo, lo que más me impresionó entonces no fue solo su edad, sino el hecho que una mujer decidiera luchar contra una creencia opresora y cruel con un única arma: la palabra. Porque Malala es una heroina de lo cotidiano, un tipo de simbolo de esta nueva generación de espiritus libres que se enfrentan a la violencia a través de la inteligencia. Creadores de paz.

Una vez leí que Malala Yousafzai siente que se perdió así misma. No es una idea sorprendente por cierto: de ser una niña anónima en un pueblo de montaña en la frontera entre Pakistán y Afganistán, pasó a ser una celebridad del mundo moderno. Pero a diferencias de otras referencias culturales, superficiales y quebradizas, Malala se alza como una voz de esperanza en un mundo convulso y lleno de desigualdades. Porque Malala, a su adolescencia plácida, en esa lucha silenciosa por lo que cree correcto y esa profunda convicción en construir su propia historia, es un icono por si misma: Una manera de comprender la juventud como una creación de conquistas intectuales y de pura fe en un futuro que construímos a partir de nuestros ideales.

Actualmente, no hay nadie que no conozca la historia de la pequeña Niña que se enfrentó a un régimen conocido por su violencia y su prejuicio contra la mujer y la libertad. La niña que sobrevivió a una bala destinada a matarla y que renació para contar su historia, para llevar su mensaje de reconciliación allí a donde fuere. No obstante más allá de la idealización de la figura de esta adolescente de mejillas redondas y mirada adulta, sobrevive la Malala real, una joven mujer con una visión de si misma contradictoria y en ocasiones, simplemente inocente. Y es que a pesar de su historia, del temor subyacente, del triunfo de su palabra que reinvidica, que crea, Malala Yousafzai sigue siendo una niña. Una adolescente que admira el mundo con ese asombro del espiritu recién nacido, con las expectivas de una noción de su propia historia, creándose a diario. Una eterna estudiante.

Y de aprender, Malala Yousafzai sabe lo suficiente como para comprender su valor, quizás de allí su decidida lucha por la educación de las mujeres de su país, por construir un futuro para todos los rostros femeninos anónimos, que cubiertos por la ignorancia se esconden en una sociedad injusta. Su madre nunca recibió educación, debido justamente a la presión religiosa y social y sin embargo, de ella aprendió la constancia, esa maravillosa necesidad de continuar incluso el camino parece desdibujarse en desesperanza. Fue su madre la que brindó un franco apoyo a sus iniciativas y las de su padre en su campaña contra los intentos de los talibanes de prohibir se educara a las mujeres. Una batalla de ideas que se combate cada día, no solo el remoto Swat sino en cada región del mundo donde una mujer es discriminada y desposeída bajo la excusa de su género. Malala, enabolando el alma del derecho a la creación intelectual, el rechazo al prejuicio como expresión cultural, ha logrado no solo hacerse escuchar, sino además dirigir la atención mundial a una circunstancia que muchas veces se olvida por invisible o peor aún, por encontrarse disminuida en su tracendencia.

El 9 de Octubre de 202 la vida de Malala cambió para siempre. Como ella misma cuentas en estas prematuras memorias, sabía el peligro que corría su vida, pero nunca imaginó que la agresión sería tan directa e inequívoca. Sentada en el asiento de un transporte público, volvía de la escuela cuando un hombre armado subió al vehículo. La niña, de por entonces apenas 14 años, describe el momento como "silencioso". Y es inquietante, imaginar por qué escogió la palabra para describir la violencia. Tal vez se deba a que el atentado buscaba callar su voz de protesta o que simplemente, las balas que le hirieron tenían como único objetivo la muerte, el silencio de una proclama poderosa. Posteriormente un portavoz Talibán se comunicó con una agencia de noticias local y se atribuyó el atentado:  “Era joven, pero estaba promoviendo la cultura occidental”. Una explicación del oprobio que parece incluir el silencio de una sociedad que asume la violencia como inevitable y que más allá, intenta destruir la identidad de quien se opone a través de la agresión.

Quizás sea lo más sorprendente, sea escuchar a la Malala - la sobreviviente y simbolo - hablando sobre su atentado desde el perdón y la reconciliación. Porque para Malala, la labor de crear y aprender se expresa - se opone - a esa violencia de la que fue victima, a esa visión cruda y desnuda de una cultura del odio a la que se enfrentó. Al hablar sobre la agresión, sobre lo que no recuerda nada, lo hace desde la visión del que cree fervientemente en el poder de crear, antes de destruir. Refiriéndose a su atacante, insiste:  "él era joven, de unos 20 años, podría ser un chico. Y es duro tener una pistola y matar gente. Puede que por ello su mano estuviera temblando. Puede que no supiera si podia hacerlo. Pero a la gente le lavan el cerebro. Por eso llevan a cabo ataques suicidas y matan a gente. No puedo imaginarlo. El chico que me disparó, no puedo impaginame herirle, ni siquiera con una aguja. Creo en la paz, creo en la misericordia". Una niña con el espiritu de una cultura que nació libre, que aspira a la libertad y que se enfrenta al odio y al prejuicio con el estandarte de su voluntad.

Sin duda, para Malala esa reflexión sobre el valor de la paz y el poder real de la misericordia y el perdón sea su manera de crear un mundo nuevo. Un legado recién nacido para un mundo que se mira así mismo y más allá a través de su propia capacidad para crear. Un mundo que gracias a Malala, quizás es más consciente que nunca del valor de la esperanza y la bondad.


¿Donde puedes comprar el libro "Yo soy Malala" de Malala Yousafzai en Caracas?

Lamentablemente, no lo he visto en ninguna librería.

Como siempre, si quieres leer el libro "Yo soy Malala" de Malala Yousafzai en formato digital, déjame tu dirección de correo electrónico en los comentarios y te lo envío.


9 comentarios:

Francis Rosario dijo...

Frosario0610@gmail.com. Mil gracias :-)

Carola dijo...

carolina.suniaga@gmail.com

Conejita dijo...

stereo.sil@gmail.com

Gracias!!

Karla Mejias dijo...

Hola quiero leer este libro con las venas son de Caracas y no lo consigo kym_queen@hotmail.com.

Mil gracias!!

Karla Mejias dijo...

hola quiero leer este libro con la venas soy de Caracas y no lo consigo! kym_queen@hotmail.com

Karla Mejias dijo...

kym_queen@hotmail.com

Por favooor y gracias!!

María Sol Carlsen dijo...

masolsy2@hotmail.com Me encantaría poder leerlo... Mil gracias!!

Briggith Rivero dijo...

briggithquimica@gmail.com gracias de antemano

Victor Manuel Carrillo Valera dijo...

A mi tambien me cautivo la historia de esta niña, deberia ser escuchada por todos los mandatarios de todos los paises, que solo andan pensando en violencia y guerras, y donde las mujeres son menos que animales domesticos, ante la mentalidad de Malala, son todos ignorantes, "Porque no mandan libros, en lugar de armas" algo similar ella dijo, cuando sobre todo Estados Unidos manda soldados y armas a otros paises. He buscado el libro y no lo consigo.

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