martes, 5 de noviembre de 2013

De la Vagina dentata al poder del deseo: El cuerpo de la mujer como misterio.






Hace unos días, recibí el siguiente mensaje en mi correo electrónico: "Usted es irresponsable y pornógrafa. Las mujeres de bien no ven ese tipo de fotografía". El invisible interlocutor hacia mención a un reciente artículo que publiqué en Nalgas y Libros sobre Nobuyoshi Araki, el controvertido fotógrafo japonés, cuyas imágenes tienen un fuerte contenido sexual. Aunque al escribir el texto supuse despertaría algunos comentarios de desaprobación - sobre todo porque el trabajo de Araki incomoda a mucha gente, me sorprendió la critica. Sobre todo la insinuación de lo que puede o no hacer una mujer con sus palabras, pluma y opinión. Ignoré el comentario.

Pero para mi interlocutora, no todo parecía estar dicho. Un día después, recibí un segundo correo, donde la mujer, enfurecida, me reclamaba lo que llamó "mi poca moral", insistiendo en que cómo, luego de declararme defensora de los derechos femeninos, pudiera mirar el trabajo de Araki con "buenos ojos". Además, añadía que había investigado sobre el autor y que todas sus imágenes eran retorcidas, "Una declaración de violencia" y lo que según comprendí, molestaba más a mi enfurecida lectora, "mostraba esa parte del cuerpo que no se debe mostrar nunca".

Juro que intenté contenerme. Lo juro solemnemente. Pero no pude. De manera que me armé de paciencia, reuní las mejores imágenes de Araki sobre la vulva femenina, algunas más del fotógrafo Nelson Garrido, una pareja en una tórrida escena sexual captada por Nan Goldin y se la envíe a mi pudorosa remitente. Aguardé su respuesta y mientras lo hacia, me pregunté una y otra vez, el motivo por el cual a la mujer parece resultarle tan escandaloso que su cuerpo se muestre. Me refiero, en concreto, no solo al inspiracional desnudo artístico, sino a esa visión mucho más quirurgica que expresa la idea de lo femenino - su genitalidad - de una manera muy frontal. Una interpretación de la idea de lo que es o no moral que me desconcierta y más allá, me hace pensar que la cultura represiva contra la mujer ha tenido un resultado casi castrante en la imagen que tiene de si misma, y más allá de la cultura a la que pertenece y que presumiblemente, le enseñó que ciertas cosas de su cuerpo "no se miran" y "no se tocan".

La perla del deseo o el pequeño secreto entre las piernas:

Hablar sobre la Vulva femenina no es un tema sencillo ni que se aborda fácil. Para el hombre, parece ser más sencillo exhibirse desnudo: desde la Grecia Clásica, el genital masculino ha representado poder y fuerza, lo cual es comprensible. En la visión primitiva de sexo, el hombre que penetraba simbolizaba a ese poder de lo viril, ese símbolo del poder del macho de la especie. Con la mujer, la cosa es distinta: tal vez sea deba a un asunto meramente practico: los genitales femeninos permanecen ocultos, entre la piel, el pudor y la simple ironía de guardar - bajo puertas casi secretas - el deseo femenino. Y aunque las Diosas de todas las épocas han mostrado sus exuberantes pechos desnudos - se conservan multitud de estatuillas de Diosas de opulenta belleza - muy pocas muestran lo femenino a un nivel más intimo. Tal pareciera que en el esquema de las cosas, el genital femenino se resume a ese pudoroso pliegue de piel que los artistas de todas las épocas representaron en dulces alegorias. Los pechos espléndidos y altivos demostrando belleza, y la cintura cubierta por telas transparentes, esa enigmática puerta al mundo del placer. De manera que la mujer - como figura, identidad y expresión - siempre pareció estar protegida por su propia naturaleza.

Pasarían siglos hasta que un cínico y provocador Gustave Coubert descubriera el mundo el enigma femenino. Y lo hizo, a la manera simple de los talentosos: Coubert exaltó el cuerpo femenino en una serie de obras que parecen no solo exhibir la belleza de la mujer real - la que existe más allá de la mordaza histórica - sino además, dejar bien claro el poder de esa realidad de carne y hueso, ese fragante ahora de lo recién nacido y nada figurativo. Porque la mujer Coubert no despierta ternura ni muestra fragilidad: es portentosa en su poder natural. Baste como ejemplo su cuadro más conocido "El origen del Mundo": toda un declaración de intenciones con su imagen del sexo femenino como parte de una figura anónima que yace comodamente reclinada, en toda su gloria impúdica.  La obra, con su visión casi anatómica del sexo de la mujer, dejó muy claro que la mujer de Coubert es poderosa por derecho propio, por la necesidad de mostrarse sin ningun matiz. El observador no tiene un solo lugar a donde esconderse, entre las piernas de la mujer anónima: la sexualidad se plantea como obra de arte y se piensa así misma como devocionario de un nuevo tipo de religión y creación visual.


Unos años más tarde, un joven y mundano Amadeo Modigliana liberaria a su modo a la Vulva femenina de su discreta sumisión. Y lo hizo con su trazo directo y evidente: el París de su época miro a las mujeres Modigliani y sintió horror. Eran demasiado reales,  incluso en su estilización artística, en esa visión geométrica y disgregada del pintor, para comprenderlas. Hablamos de un tiempo donde la mujer era una criatura divina y éterea que se miraba así misma como reflejo de castidad. Pero Modigliani rasgo las vestiduras: Las mostró velludas y con los labios secretos bien a la vista. Cundió el escándalo. El pintor fue execrado de los elitescos círculos de París y se le condenó al ostracismo. El mundo no estaba preparado para la Mujer Modigliani, dijo alguien. A veces me pregunto si el mundo para lo que no estaba preparado era para la liberación de la mujer.

Cual sea el caso, el pintor logró un pequeño avance en un camino largo y doloroso: La mujer  dejó de ser una criatura sin rostro, anónima en el deseo para existir. Real. Con sonrisas húmedas y ojos abiertos de asombro. Y con que fuerza. Durante años, la mujer tradicional, esa que insistía las pinturas y después la fotografía forzó a la otra, la temible, la diablesa, la provocativa, a subsistir al fondo de la memoria colectiva. A moverse de un lado a otro, tropezando con la hipocresía social para encontrar una manera de comprenderse. Y aún así, esa mujer poderosa y creativa, la malvada, siguió sobreviviendo a pesar del peso de la historia en común, la que comparte sin quererlo. La visión de lo que se teme, se contempla. Desconcierta y angustia. Reprime y finalmente contradice lo esencial de la visión femenina sobre si misma.

La flor misteriosa, orquídea transparente.

El primer médico ginecologo que me atendió en mi vida, era una mujer. Pragmática, con la edad de Dios o una muy cercana, A. era una de esas veteranas del prejuicio que parece recorrer justamente el camino contrario, hacia la liberación. Luego de realizarme todos los exámenes de rutina - y lidiar con mi nerviosismo de doce años inquietos e incómodos - me pidió escuchar una pequeña charla sobre lo que llamó "la verguenza social".

- Tu vulva es un tesoro - me dijo en esa primera cita - te dirán que te cubras, que es la florcita de la familia, que te respetes. Pero es tuya. Es el poder de que te dio la naturaleza. Creas vida, sientes placer. Eres poderosa.

Sus palabras me gustaron. Se parecían muchísimo a lo que mi abuela pensaba sobre el cuerpo femenino y a la manera como me habían educado. Y es que quizás A., con su mirada dura, era también una sobreviviente a la historia de las mujeres, esa que nadie cuenta. Después me enteraría que para poder estudiar medicina, había tenido que huir de la casa paterna. Su padre, un hombre conservador y machista, le había tratado de convencer por años que debía licenciarse en algo más femenino. Como A. me explicará en su oportunidad, la idea de un mundo signado por el género la aterró, de manera que decidió estudiar medicina, sin el apoyo familiar.

- Te dirán que eres decente, que la decencia comienza por cuidar de tus partecitas - soltó una carcajada - no le permitas a nadie convencerte que tu vagina, tu vulva, tu concha, no te pertenece. Es tuya. No utilices epítetos infantiles. La mujer debe ser adulta.

Esa idea me intrigó por años. Y es que viviendo en un país machista como el mio, la cosa parece elaborar un propio concepto de lo bueno y de lo malo. La niña buena lleva falda a la rodilla, no se rie en voz alta, no ses fácil ( lo que sea que signifique ese término ). La chica mala por el contrario, es destructora, temible. La que todos desean mirar pero nadie tropezarse. Tal vez por ese motivo, la primera vez que me tropecé con una fotografía de Nelsón Garrido, sentí un inmediato alivio. Con sus temática vulgar, su creación de la mujer fetiche y esa devoción por lo femenino como transgresor, era una bocanada de aire fresco en toda esta necesidad de reconstruir a la mujer como figura de culto, más allá de la visión real de las cosas.

Todas las fotografía de Nelsón Garrido suele asquear o atemorizar al espectador. Como diría mi profesora de fotografía, su dilema es la búsqueda del impacto a través de lo retorcido, lo inquietante y lo directamente desagradable. No obstante, una de sus imágenes suele causar revuelo allá donde se muestra, sobre todo a las mujeres: se trata de una vagina, fotografiada de una manera muy evidente y frontal. El encuadre pequeño y muy cerrado no deja ningún elemento a la imaginación. Y como si eso no fuera suficiente, entre los labios interiores - justo en la llamda flor del deseo, el eufemismo más ridículo que he escuchado para clítoris - hay una pequeña escultura de un niño Jesús. Idéntico a los que se suelen usar en el pesebre. Inmediato escándalo. Incluso hay un grupo de devotos enemigos de Nelsón Garrido que lo odian justamente por esa imagen.

La primera vez que yo la vi, me la mostró una amiga. Y estaba muy aterorrizada por todo: la vagina visible, con una escultura religiosa en evidente provocación. Pues a mi me encantó. Miré la imagen fascinada por un largo rato y me pregunté como habría sido tomarla, crear una alegoría crudísima y directa sobre el temor al sexo, la pudibundez cultural y la estereotipación de la conducta sexual a través de algo tan orgánico como los genitales femeninos. Bien podria haber desarrollado un simbolo fálico, bien visible y exhuberante, pero Garrido, en toda esa radiante visión suya sobre la mujer y el arte, lo hizo a través de una vulva. Por supuesto, cuando se lo expliqué a mi amiga, se escandalizó.

- ¡Esto es una falta de respeto! - exclamó - colocar allí un cruficijo...
- ¿Allí donde? - pregunté con intención. Me dedicó una mirada durísima. Y se sonrojó.
- Allí, Aglaía...allí abajo.
- Eso tiene un nombre - dije rotunda - vagina.

Mi amiga se ruborizó aún más y me angustio un poco que una palabra - su propio cuerpo - le provocara tanto horror. Manoteó y me quitó de las manos la revista que contenía la imagen.

- Ya sabia que no entenderías nada - me reclamó.
- ¿Qué tenía que entender? - pregunté perpleja. Ella me miró con los ojos muy brillantes.
- ¡Es Cristo! ¡Es sagrado! ¡Y lo puso allí! - casi escupió las palabras. Sentí que un malévolo sentido del humor me subía a la garganta.
- En la vagina.
- ¿Te encanta la palabra no?
- Solo es una palabra - dije. Y mientras las emociones de mi amiga parecían sofocarla aún más, a mi toda la conversación me parecía más incomprensible. ¿Por qué tanto pánico? ¿qué había tan temible en su cuerpo como para para angustiarle así?
- ¡Es una groseria lo que hizo ese hombre!
- Tu cuerpo es tan sagrado como el crucifijo - respondí. Ahora sí comenzaba a disgustarme - no puedo entender porque miras tu propio cuerpo como algo corrompido e inquietante.
- ¡Tu no entiendes nada! - me reclamó y sin más, me dejó plantada en el café donde nos encontrábamos. La verdad no, no entendía nada.

Pasarían algunos años hasta que pude preguntarle directamente a Nelsón Garrido el motivo que le había llevado a tomar esa fotografía y otras muy parecidas. Por entonces era su alumna en el durísimo taller "Experimental I" y me debatía con respecto al tema del desnudo y la autocensura. Cuando le pregunté directamente su visión del cuerpo y la moral, soltó una de sus carcajadas nasales.

- Solo puse el crucifijo, que considero Santo como buen católico, en el lugar más Sagrado que encontré - respondió. Nos encontrábamos sentados en la pequeña biblioteca de su Escuela de su fotografía y su respuesta me pareció extraordinaria, como si fuera parte en belleza y esencia, de ese pequeño templo a la imagen en el que nos encontrábamos. Tomé un sorbo de café, mirandole fascinada.
- A usted le llamarian feminista radical - comenté. Me dedicó una de sus amplias sonrisas socarronas.
- No. Soy consciente del poder del simbolo. La mejor forma de escadalizar en el arte es hacerte pensar. Y quien ve esa fotografía, no la olvida. Ya sea para insultarla, mostrarla, pensarla o como tu, sonreír con ella.

Era verdad. Y me asombró que el profesor Garrido lo viera tan claro y lo expresara con tanta contudencia. O tal vez, no debió sorprenderme: todo fotógrafo es, ante todo, un iconoclasta.

Araki y el temor epistolar:

Volviendo a la mujer que estaba muy horrorizada por mi artículo sobre Araki, recibí respuesta suya unas dos horas más tarde. Al parecer, ya no solo le provocaba repulsión, sino algo más cercano al horror. Me acusó - otra vez - de pornógrafa y me preguntó directamente si era una "puta". Cuando le respondí que podría serlo pero tendría que asumir mi cuota de culpa, me respondió iracunda.

"El mundo está perdido desde el origen. La mujer tuvo la culpa".

Solté una carcajada. Recordé el cuadro de Coubert, las mujeres de Modigliani y la vagina sacra de Garrido y pensé que mi extraña interlocutora, en toda su furia religiosa, tenía razón. La mujer tiene la culpa de crear una opinión, de debatir sus propias ideas a través de simbolos y una necesidad siempre insatisfecha. ¿Curiosidad? ¿Puteria? Quien sabe.

Lo que si sé, es que muy probablemente, soy culpable.

C'est la vie.

5 comentarios:

Juliana SanJuan dijo...

Amiga Aglaia, muy bueno tu articulo, no hay nada mas sagrado y poderoso que la vagina de una mujer, es la expresion mas grandes de Amor, ella siempre esta dispuesta a recibir, fue hecha para extasis, por eso tiene tantos labios y plieges, pero pienso que ese esconder, no nombrar, lo creo la iglesia, cuando se dio cuenta del poder que tenia, e incluso hay mujeres que le temen a su propia vagina, le da miedo despertar el poder y se quedan en el falso sagrado, porque cuando algo es sagrado, hay que honrarlo, no esconderlo, en fin todavia hay mucho oscurantismo en la sexualidad femenina, por no decir ignorancia, y me encanta que escribas estos articulos, pues dan luz a muchas mujeres que no saben el poder que tienen entre sus piernas. saludos.

Unknown dijo...

Chica pero es que de las primeras frases del artículo:
"... esa parte del cuerpo que no se debe mostrar nunca...".
Me quedé pegada en él.

Más y más información que no manejo y que seguramente algo me dejará. Pero sin duda me impacta (tal vez porque lo vivo) esa manía de hablar de la sexualidad de una manera que no permite separar los términos: amor, sexo, pasión, pornografía, tabú, error, puta, pecado, ternura... Y mas aun.

Pudiera entenderlo de pasadas generaciones... Pero yo, de 39 años que trabajo con muchos jovebcitos y chicas de 20 años... Veo en ellos esa mezcolanza y confusión absurdas. Cualquier palabra mal empleada provoca miradas, reacciones, sonrrojos: coger, sentir, atrás... Se comvierten en el chinazo del día y mas.

Entonces, pienso... Qué tanta liberación?, qué tanto avance? ... Avanzamos porque las niñas saben tirar mejor que una cuarentona? Y saben mas que una mujer madura?! Pero finalmente son niñas que no están educadas en su femineidad.

Y a menudo parezco ser diferente del comùn cuando hablo de sexo abiertamente... Pero sabiendo diferenciar: valores, privacidad, pudor, amor, intimidad.

Ahora entre los libros de la semana leo "Sin pene no hay gloria" de Roberto Palacio y cuando lo saco en la oficina o en el colegio de mi hija mientras espero el quorum de la reuniòn... La gente enseguida murmura... Y te tilda de cosas y te apunta.

Por eso tus ùltimos artìculos me han interesado pues... Como madre de una niña de 7 años (siempre lo digo) me intereso en criarla entre otros valores sin miedos y con AUTOrespeto.

No quiero ser de las mamás que crian hijas putas pero con pena de parecerlo pero no de serlo.

Saludos.

Scarlett dijo...

Lo que pasa es que a veces a la gente esas imágenes le provocan un choque tremendo. Algunas se repondrán y pensarán, analizarán como bien te dijo el maestro Garrido. Otras simplemente tratarán de echarte la culpa de ser pornográfica y "sucia" para asumir que ellas no son "sucias" porque están en desacuerdo contigo. En fin en una forma de esas personas para proyectarse y librarse de esa culpa que debe entrarles por no conocer y reconocer su propio cuerpo. Más en sociedades machistas como las de AL donde la vagina de la mujer pareciera ser utilitaria para el placer del varón y no nuestro centro de poder y placer femenino. Se ve en la educación que se da a la chicas, desde ver la menstruación con asco hasta condenarlas si se masturban o exploran. Es por eso que es necesario resignificar las cosas y recordar como mujeres que nuestro cuerpo es un templo, que podemos ser tan fogosas como Afrodita o La Morrigan sin que sea malo ni tener que justificarnos por ello. Del mismo modo que tampoco deberíamos justificarnos si nos da la gana ser virginales como Artemisa. Justamente porque nuestra vagina es nuestra y somos libres de elegir lo que hacemos con ella.

marglerys almao dijo...

esta publicación me hizo recordar a un articulo que leí hace poco de "El peor enemigo de la mujer.. es la mujer" no se porque extraña razón.

Carolina Antunez dijo...

Es interesante y muy explicito, fuera de tabues la vagina ha sido producto de la denigracion social al igual que las mujeres, es dificil por muy intelectual y academico, inclusive culto en temas sexuales desligarse de las representaciones sociales, deligarse del morbo la vagina es un arte es vida naturaleza, es creacion nata, tristemente aun cuan es la forma mas pura de dar vida, en todas las culturas y grupos sociales busca a ser escondida y cualquier cosas que sea contraria a esta causa un rechazo imediato de la sociedad. pero felicitaciones por el articulo ya que hablar de la vagina es educativo informacion como esta causa tabu en la sociedad, y casi siempre lo escondido lo prohibido causa curiosidad y deseo. De aqui tantos problemas ligados a la sexualidad de manera descontrolada la sexualidad es un arte propio del ser humano, la mujer genera estas representaciones y reprime su sentir para poder ser parte de un grupo social evitando rechazo o repudio, ha sido tanto tiempo con estas representaciones que la mujer siente verguenza de su propia vagina.

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