miércoles, 15 de agosto de 2012

De decisiones y otras menudencias: Vivir del arte.





Vivir del arte no es tarea sencilla. Obviamente, no digo nada nuevo o algo que no sea evidente, pero hablo que, cuando realmente te decides a dar un salto longitudinal en tu vida y asumes que de ahora en adelante, vivirás de tu talento - o el que esperas tener - las cosas comienzan a hacerse complicadas. Hablo que, nadie que no se haya atrevido a vivir, mantenerse, sostenerse, equilibrarse de esa abstracción que llamamos arte, podrá entender el miedo que produce, la absoluta sensación de pánico que sientes más de una vez y contra la que tienes que luchar a diario. Es algo que solo se aprende - o se comprende - cuando se vive, de manera que es difícil explicarlo a usted, querido lector, si no ha vivido la experiencia.

Pero lo intentaré desde luego.

Imagínese esto: Usted ama algo tan apasionadamente que apenas puede pensar en otra cosa. Llamele escribir, fotografiar, cantar, bailar, actuar, pintar o cualquier otra disciplina que el mundo que le rodea no considere esencialmente seria. La cosa es que usted la ama y SABE instintivamente, que no habrá nada que lo satisfaga más, que lo haga tan feliz, que lo nutra y complete como lo hace "eso" que tanto es parte suya y de su manera de pensar. Imagine ahora que usted tiene unos diez y siete o diez y ocho años, y está pasando la etapa que el mundo de-las-cosas-de-verdad considera es más o menos fantasiosa. Acabada la escuela, la educación básica o como sea que quiera llamarlo, comenzó el momento de crecer...o eso insiste la gente alrededor de usted. De manera que, de pronto, usted siente dos cosas a la vez, dos corrientes tirando en direcciones distintas. Siendo aun un adulto muy joven, sabe que debe tomar una decisión, y  de hecho, todos a su alrededor lo presionan, lo esperan, están convencidos que la decisión será sensata. Y esa decisión con toda probalidad, no incluye los cuadernos escritos a mano hasta el infinito, los rollos de películas escondidos bajo la almohada, los lienzos a medio pintar, los lapices mordidos, los creyones de punta roma. Nada de eso. Lo que incluye es simplemente eso que los demás consideran realidad, y lo que se supone tu también deberías considerarlo. Pero no lo haces. A pesar de la presión, no hay nada que ames en el mundo más que esa pasión que te consume, y no hay ojos, ni argumentos, ni explicaciones, ni nada por el estilo que puedan convencerte de lo contrario. Insistes e insistes, quizás te desvíes - como me ocurrió a mí - y termines asumiendo que los sueños, son solo eso: deseos, fantasías, creaciones de la imaginación, algo que está más allá del alcance de tus dedos. Por tu tiempo. Porque definitivamente lo que necesitas, lo que aspiras, lo que te hace sentir vivo, seguirá allí, continuará aferrado a tu mente, palpitando, susurrándote cada vez que puede el valor enorme de esa pura aspiración de crear, de compenetrarte con esa profunda identidad tuya que es tan intima como nada más.

Pero digamos que usted se desvió. Como comenté, de la manera que me ocurrió a mí: Estudié y terminé una licenciatura por la que no sentía la mínima inclinación, pero consumaba el deseo "realista" de formar parte del joven mundo adulto. Incluso trabajé en ella. Pero de pronto, un día cualquiera, la presión en mi mente, la necesidad de crear, la furiosa y devoradora sensación que tenía que dejar escapar toda esa fuerza y esa energía en palabras e imágenes, me venció. Y lo hizo sin que pudiera resistirme. Renuncié a todo, arrojé a la basura - mejor dicho, colgué en la pared - el titulo que me acreditaba como licenciada en alguna carrera, y volví sobre mis pasos. Caminé hacia donde necesitaba volver para empezar a encontrar la esperanza: justo en el lugar donde había dejado todo a la mitad. La Pasión. La pasión pura, dolorosa y enorme. La pasión gigantesca  extraordinaria. La idea de comprender que mi vida tenia poco o ningún sentido a no ser por ese minuto escribiendo, esa hora fotografiando. Fe, una fe tan enorme como la de un religioso por su credo. Fe pura y enorme de continuar en lo que sueño.

Entonces, una vez tomada la decisión, comienza lo realmente bueno. En el sentido estricto y metafórico que pueda darsele a la palabra bueno. Comienza el miedo, enorme, punzante. Pero de alguna manera hermoso. Comienza el recorrido interminable, de un lado a otro, con los cuadernos escritos a manos, el pincel, la cámara, el creyón, el lapiz. La voz, el sueño. Recorres caminos insospechados, comprendes lo que es realmente la vulnerabilidad de depender en la vida "real" de ese poder enorme de la pasión. De ese que tanto defendiste, de ese que todos los días del mundo añoraste en ejercer. Ahora estás a solas, intentando comprenderte. Todos los días, enfrentándote al reto de vencer lo vulnerable, lo frágil de ese proyecto de vida. A veces lo logras, otras veces no.  A veces te vas a dormir llorando, de angustia. Quizá de furia. Pero hay días, en que te levantas saltando de felicidad. Y entre una cosa y otra, esta la convicción, la perfecta, poderosa, aguda certeza que tomaste la decisión correcta, a pesar de todo, probablemente por todo. Y que lo harias otra vez. Todas las veces posibles. Porque el mundo está hecho de esta sensación de alegría casi dolorosa, porque la experiencia de crear es irremediable, enorme e irreversible y palpita en todo extremo posible de tu vida.

¿Puede entenderlo usted mi estimado lector? Tal vez no. Pero debo decirle, que cuando confías tu vida al arte, cada día al despertar, hay una sonrisa y un sobresalto. Hay una convicción y una gran idea. Hay un temor y una sensación de puro miedo. Pero siempre hay paz. Porque de eso trata todo. Vivir de la pasión es una manera de encontrar equilibrio - no tranquilidad - sino la excusa, la justificación y el argumento para siempre continuar.

C'est la vie. 

1 comentarios:

Natalia G Nouel dijo...

Que bonito ha sido leer esto, se me puso la piel de gallina, certifico que éste escrito es exitoso porque me sirvió mucho! Un abrazo :)

Publicar un comentario