martes, 13 de enero de 2015

El ABC de la lectura cotidiana.




Leo muchísimo. Soy una lectora voraz que dedica buena parte de su tiempo libre — e incluso, el que no lo es — a leer. Leo cualquier libro que me caiga entre las manos, desde clásicos de renombre hasta best sellers de baratillo. Y lo hago con el mismo gusto y la misma idea que cada libro es una aventura que recorrer y que incluso, los más anodinos y superficiales, tienen algo que contar. Porque un Libro siempre será una forma de comprender el mundo que nos rodea e incluso, a nosotros mismos. Un elemento indispensable para analizar la época que nos tocó vivir. De manera que, siempre valdrá la pena leer incluso lo que nos parece a primera vista que no tiene mucho que decirnos.

También leo muy rápido. Tengo el habito de la lectura desde muy niña y aprendí que leer es un proceso de aprendizaje donde la paciencia, el entusiasmo y sobre todo, cierto método, lo hace más ameno de lo que podría ser. Aprendí también, que leer es una forma de sintetizar y reestructurar información, de comprender la palabra como una herramienta de creación y no sólo, como una idea estática en en una página impresa. De hecho, leer es el mayor ejercicio de imaginación, es una manera profundamente personal de asumir la realidad y mucho más aún, de analizar nuestras propias ideas a través de lo que leemos, de la visión y la interpretación de alguien más. Así que leer es una estructura en sí misma, una búsqueda de respuestas e incluso, una manera de soñar.

¿Hay algún método que mejore el hábito de la lectura? Durante años me han hecho la misma pregunta y siempre he respondido algo muy parecido: no existe un método definitivo que pueda mejorar tu experiencia como lector. No obstante, si puedo decir que existe toda una serie de pequeñas ideas que pueden facilitarte y hacer mucho más consistente tu hábito de leer y por tanto, tu manera de asumir la lectura. Y es que leer — y disfrutar haciéndolo — es una costumbre que se construye a diario, que se fomenta en pequeños métodos personales y sobre todo, se construye con una buena dosis de perseverancia. Una noción elemental sobre nuestra interpretación sobre lo que puede ser la lectura — desde un placer personal hasta una forma de aprendizaje — y lo que es más valioso, como disfrutamos de ella.

¿Y cuales serían esas pequeñas propuestas que podrían enriquecer, fomentar y sobre todo, hacer mucho más sólido el hábito lector? Las siguientes:



* Lee un poco cada día:
Con frecuencia, mucho de mis amigos se sorprenden por la cantidad de libros que suelo leer e insisten en que para ellos sería casi imposible mantener el mismo ritmo de lectura, por carecer de tiempo para dedicarlo al mundo de los libros. En realidad, no se trata de la cantidad de tiempo que puedas invertir en leer, sino la calidad de las horas o minutos que dediques a la lectura. Dos horas de lectura continua diaria son más que suficientes para leer las suficientes páginas de un libro como para despertar tu interés. Incluso puede tratarse de menos tiempo aún: lo realmente necesario, es que dediques toda tu atención a leer. Sin distracciones, sin interrumpir la lectura para llevar a cabo otra actividad. Leer requiere de ritmo: nuestra mente asimila las historias que leemos como líneas de información continúa. Si logras encontrar un lapso de tiempo determinado en el que únicamente leas, muy pronto crearás el hábito de dedicar ese único período de tiempo a sumergirte con los cinco sentidos en la página de un libro. Un placer de inestimable valor.

Aunque ya dedicaba varias horas al día a leer, aprendí este sencillo hábito de uno de mis profesores universitarios: era un hombre brillante que leía cuatro o cinco libros por semana y que siempre insistió en que leer es una comprensión de nuestra capacidad para aprender poco a poco. Cuando le pregunté como podía leer tal cantidad de libros semanales, me mostró una pequeña hoja donde anotaba de manera muy metódica y ordenada sus horas dedicadas al “placer de hacer volar su mente”, como solía llamar a la lectura.

— En una hora dedicada íntegramente a la lectura, puedes adentrarte lo suficiente en cualquier libro como para continuar leyéndolo después — me explicó — todo se trata de captar la atención: si la historia te interesa, volverás para conocer más sobre ella. Y sólo te interesarás si recorres lo suficiente el camino para encontrar algo que pueda llamar tu atención.

De manera que se trata de un truco sencillo: dedica un poco de tiempo exclusivamente a leer. Apaga o silencia tu smartphone, aléjate de la pantalla de tu computadora, aíslate lo mejor que puedas del mundo para adentrarte en el que te brinda la hoja escrita.



* Lee lo que te guste.
En una ocasión, Borges dijo “El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta “el modo imperativo”. Yo siempre les aconsejé a mis estudiantes que si un libro los aburre lo dejen; que no lo lean porque es famoso, que no lean un libro porque es moderno, que no lean un libro porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”.

Nada más cierto: lee lo que quieras leer. No lo que supone deberías leer. No importa si se trata de un libro muy criticado o uno que pueda considerarse sin mucho valor literario. Lo realmente importante en la lectura, es que el lector pueda conectarse de manera intima con lo que lee, disfrutar de esa conexión emocional y mental con la historia que cuenta el libro que intenta disfrutar. No tiene el menor sentido leer una historia que no te despierte el menor interés. No existen buenas o malas lecturas. Existe un Universo lector donde cada libro puede encontrar un público receptivo.

De manera que lee lo que te interese, lo que te emocione, conmueva e intrigue. Hazlo con gusto, con todo el entusiasmo que pueda despertarte la historia que disfrutas. Leer es una mirada hacia tu propia perspectiva del mundo, tus inquietudes más privadas, incluso preocupaciones y temores. Así que brindarle importancia al poder de la lectura: tu decisión siempre será la correcta.

* Que leer sea un placer:
La mayoría de la gente que me habla sobre como perdió el hábito de leer, insiste en el hecho en que la lectura dejó de interesarle cuando se transformó en una obligación antes que en un placer. Y es que para la educación Venezuela — y sospecho que para la latinoamericana — , la lectura es otra herramienta de aprendizaje y como tal, se enseña. Desde la obligatoriedad de leer ciertos libros hasta la idea de imponer determinados autores que se consideran mucho más provechosos a nivel intelectual, gran cantidad de estudiantes se convencen que leer es un ejercicio tedioso y la mayoría de las veces insoportable.

¿Como destrabar ese prejuicio y transformarlo en una forma positiva y provechosa de comprender la lectura? Supongo que no hay un método único, sino muchos, que transforman la lectura en una experiencia profunda y poderosa: desde leer el libro que realmente te intereses — y de un tema que te apasione — hasta comprender que más allá de los clásicos de obligatoria lectura, existe un universo de palabras también muy necesario de conocer. Con muchísima frecuencia, los lectores decepcionados insisten que leer libros de autores académicos, les hacen sentir que no hay libertad para construir ideas propias, que no hay espacio para la imaginación. Una noción que extrapolan y generalizan a la lectura en general. Así que una buena manera de retomar el habito de leer — o comenzar a construirlo — es disfrutar de la literatura que sea mucho más afín con nuestros intereses que lo que hasta entonces leímos. Disfrutar de las historias que podamos paladear con gusto, incluso cuando sean tachadas de superficiales, sencillas o directamente poco importantes. Lo realmente importante en un libro no es la opinión que se tiene sobre él, sino su capacidad para satisfacer nuestra curiosidad intelectual.

De niña y mientras avanzaba trabajosamente entre clásicos rusos, tropecé por casualidad con Stephen King. Recuerdo que fue una bocanada de aire fresco, luego de leer cientos de páginas de tragedias meticulosamente descritas: King no sólo tenía una manera de escribir franca y sencilla que me cautivó sino que logró que me obsesionara con su forma de hablar sobre las emociones primarias del ser humano. Y a pesar de que continué leyendo clásicos inmortales, me hice también adicta y devota de no sólo King, sino de todo un grupo de autores que me brindaron la oportunidad de aprender a leer desde otra perspectiva nueva y sobre todo disfrutable. Porque leer, a final de cuentas, es una profunda relación emocional. Tanto mejor, si esa relación emocional se sustenta por una profunda complicidad intelectual.

* Reconoce los niveles de lectura:
Cuando era una adolescente Universitaria, solía leer los libros académicos con el mismo método empírico con que leía los libros que me apasionaban. Craso error. Un método para retomar el hábito de lectura es aprender que los libros técnicos y los textos académicos tienen un espacio especifico dentro del Universo lector. Su objetivo no es distraer ni ser disfrutables — aunque algunos lo son — sino informar y brindar información. De manera que asumelos desde ese punto de vista: un libro de formación académica requiere ser analizado desde el punto de vista del estudiante. Lee los bloques de información como lo que son: propuestas para el análisis de tópicos especificos. Subraya, sintetiza, construye métodos para estructurar lo que debes aprender. Pero no olvides, que la lectura es mucho más que eso, y por ese motivo, tu gusto personal como lector es más profundo — y se satisface de manera distinta — que la mera información del aula de clase. Diferenciar ambas cosas, te permitirá comprender tu capacidad como lector desde un punto de vista completamente distinto y sobre todo, mucho más valioso de lo que podría ser sólo desde la formalidad de leer por necesidad.

* El ambiente y la mirada interior:
Ya lo comenté más arriba: leer es un placer que se paladea de la misma manera que una buena comida. Procura disfrutar de la lectura sensorialmente: lee en tu lugar favorito, rodeado de tus objetos favoritos. Acompáñalo de una buena taza de tu bebida predilecta, construye un espacio de lectura donde puedas deleitarte no sólo con la historia que lees sino de esa capacidad de tu mente para construir escenarios reales a partir de la palabra. Porque leer, más allá de la hoja escrita, es una verdadera construcción de la memoria, una reflejo sobre nuestro estado de ánimo, de la idea más intima que tenemos sobre el mundo que te rodea. Disfrútala de la mejor manera que puedas.

* Acepta recomendaciones, sugerencias, haz preguntas:
Muchísima gente suele preguntarme como encuentro libros de los que muy poca gente ha oído hablar. La respuesta es simple: a diario reviso páginas especializadas sobre el Universo de librerías y propuestas literarias y leo las recomendaciones especializadas. Atiendo a los consejos de libreros, estoy atenta a sugerencias de lectores cuyo gusto suele coincidir con el mio. Experimento muchísimo: en ocasiones he leído un libro solo porque me entusiasma el título o me asombró su diseño de portada. También leo los libros de “moda”, los que todos hablan. Y los que todos detestan también, los que producen incomodad, los que se suelen relegar por carecer de “calidad”. En más de una ocasión, me obsesiono con la obra completa de un autor: durante meses leo sólo sus libros. O al contrario: por semanas enteras leo todos los autores distintos que puedo, mucho mejor si jamás había escuchado su nombre antes de sostener por primera vez el libro. Porque leer es un ejercicio de curiosidad y sobre todo, de inquietud espiritual. Que nada te detenga, que no te avergüence explotar tus pequeñas obsesiones y disfrutar de ellas a través de la lectura.

* Permítete ser emocional:
En una ocasión, leí un libro que me conmovió tanto que comencé a llorar en un vagón del servicio de Subterráneo de mi país. Lloré a lágrima viva, sin que me importara en lo más mínimo las miradas desconcertadas de quienes me rodeaban, pero no quise reprimir el estallido emocional que me pareció merecía el libro que acababa de leer. También me ha ocurrido que río a carcajadas con una historia o me preocupo realmente por lo que viven y sufren los personajes. ¿La gran lección? disfruta de la experiencia emocional de leer. No temas conectarte de manera muy sincera y profunda con lo que ocurre en un libro. Siente el poder de la página escrita en cada página que leas. Construye un elemento visceral e intimo a partir de ella.

* ¿Dos o tres libros a la vez? ¡Es posible!
Pero todo depende de la manera como lo comprendas, de tu ritmo lector y si te satisface interrumpir la lectura de una historia para comenzar otra. De hecho, es válido preguntarse si necesitas leer varias historias a la vez porque al menos una de ella no te resulta lo suficientemente interesante. De ser así, el gran consejo es que sigas leyendo la que te interesa en realidad, la que te cautivó a primera lectura. ¿Qué pasa si todas las historias que leo me gustan exactamente igual? Pues ¡Lee! ¡No hay nada más emocionante que tener mucho que leer y disfrutar en varios libros a la vez!

* Leer, para siempre:
Ya sea en el Kindle, en una Tablet o en un libro físico, leer es una experiencia intima que llevas a todas partes, que te brinda una profunda experiencia espiritual, emocional y mental. Así que disfrútala, siempre y de todas las maneras posibles y que el habito se convierta en una sonrisa intima.

Una lista corta, como suelo insistir, que sin duda no puede resumir lo que es una experiencia lectora personal. Pero aún así, me parece puede ser una noción muy clara de hacia donde nos dirigimos como lectores y más aún, como amantes de la palabra escrita. Después de todo, pienso con frecuencia, leer es el único habito que crece y madura con el lector, algo extraordinario y sobre todo valioso, que forma parte de nuestro Universo personal.

C’est la vie.

1 comentarios:

Libicni Noemi Rivero Ortiz dijo...

Excelente post, también soy lectora empedernida, devoro libros, leo de todo no discrimino, para mi no hay libros malos pues todos te dejan alguna enseñanza.

Un cordial saludo.

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