domingo, 27 de octubre de 2013

Estrella de Plata: La historia de la bruja y la montaña que guardaba secretos.







Dibujo la estrella sobre la tierra con cuidado. Lo hago con cierta torpeza: una de las lineas zigzaguea y se hace irregular y tengo la impresión que la punta norte, es ligeramente más estrecha que el resto. Pero cuando termino de trazarla, sonrío. No puedo evitarlo. Tengo esa diminuta sensación de portento que siempre me hace sentir el símbolo, esa reminiscencia de una historia tan antigua en mi mente que no podría decir donde comienza. Una puerta entreabierta en mi imaginación.

Él también sonríe. En mi recuerdo, siempre tendrá el aspecto de un muchacho despeinado y con expresión distraída. Sus ojos grises me miran entre curiosos y un poco sorprendidos. Cuando coloco con cuidado la vara de madera con que dibujé el sagrado circulo en este lugar secreto - privado -  se acerca a donde me encuentro, con paso lento.

- ¿Eso es todo? - pregunta.
- No, es solo el comienzo.

Mueve la cabeza, desconcertado. Ambos un poco somos un poco más que niños. Él un poco menos que yo. Me lleva algunos años de ventajas en eso de asombrarse por el mundo que nos rodea. Nos conocimos en el campus de la Universidad y nuestra historia nació en esa primera recién nacida que ahora recuerdo, mientras nos encontramos los dos aquí, a solas. La montaña nos mira en silencio, expectante, mientras el viento parece cantar en este calor radiante de una tarde para el recuerdo.

El amor es la magia más antigua de todas, solía insistir mi abuela. Por mucho tiempo no lo creí. La idea me parecía romántica, casi cursi. Pero mi abuela lo repetía siempre que podía. Y cuando lo hacia, reía a carcajadas. Yo siempre ponía mala cara, la de los descreídos, la de los cínicos que en realidad solo son muy inocentes.

- Un día, descubrirás que sonreír es una manera de trascender y que enamorarte la puerta a las estrellas - decía - y te preguntarás como no lo descubriste antes, como no lo descubriste nada más nacer.

Era verdad. Me lo pregunté esa tarde en la montaña, con la luz del sol bautizando mi amor joven, y él, un desconocido, de pronto formando parte de mi vida, como un fragmento olvidado de un ideal que no creí pudiera existir. Un beso, la caricia. La sensación que el mundo es solo sensación, este deseo. Que radiante esta necesidad, esta limpia idea de complicidad. El olor de su sudor, mis manos enredados en tu cabello. A solas, con el mundo a nuestros pies. Y más allá, lo desconocido, al mismo borde de la esperanza.

Enciendo las velas. Llevo el cabello trenzado y estoy desnuda. Él me mira con los ojos muy abiertos, sentado junto al pentáculo deforme que dibujé en esta tierra que por ahora, nos pertenece.

- ¿Esto es magia?

Me detengo para mirarlo. La primera vez que hablamos, supe que escribiría sobre él. Que sería parte de todas esos pequeños retazos de belleza que conservaría entre mis dedos para soñar, después. Incluso cuando no hubiese nada que comprar. Se había acercado a mi, mirándome desafiante y señalando el pentáculo de plata que llevaba al cuello.

- ¿Te llamas bruja?
- Soy bruja.

Me dedicó una sonrisa torcida. ¡El gran descreído!. Lo primero que amé de él fue su idílica concepción de la desesperanza, esa visión del mundo huérfano de ideal. Las cosas son así porque no podemos evitarla, insistía. Este es el mundo: es cruel y helado. Solo podemos avanzar para no caer. ¿Y tu te llamas bruja? ¿Que significa ese nombre ahora? ¿Más allá de todo simbolo que pueda sostenerlo?

- Lo soy - insistí. Colérica pero fascinada. Me gusta su ira, me gusta su dolor. Comprendo su ligera añoraza. ¿Perdiste la fe? ¿O nada es tan simple? Nunca supe la respuesta. Porque nuestra historia se escribió con interrogantes, enredada entre pequeños silencios y besos. Entre el amor que hiere y el recuerdo que se construye a cuatro manos. Al final de todos somos inocentes. Todos somos recién nacidos en el amor, quizás.

Sentados juntos dentro del pentáculo. Le tomo de las manos. Nos miramos a los ojos. Juntos, en este silencio, donde no hay nada más. Las ráfagas de viento bajan de la montaña olorosas a vida, a ese misterio de todas las cosas naturales que nunca he comprendido muy bien. La tierra nos sostiene, quemada y seca y más allá, los árboles danzan. ¿Los puedes escuchar? Me pregunto cuando me inclino para besarlo. ¿Eres tu, la voz de mi memoria? Te deseo, te amo, te comprendo. Somos, ahora mismo, una imposibilidad.

El amor es simple. O quizás es complejo justamente por ser incomprensible en su sencillez. Y somos dos niños, en la tierra, dentro del misterio de la magia invisible de reconocernos el uno al otro. Somos este gemido, somos esta sensación de felicidad, la ilusión siempre rota. Soy, aquí y quizás más que nunca, la mujer que busca, que transita un camino elemental hacia su propia mente, que abre y cierra ventanas y puertas en su deseo. Soy yo, quien asume el poder de su fe como una esperanza inacabada. Y eres tu, mi equilibrio. Eres tu, el deseo. Eres tu, en todos los fragmentos de pequeñas escenas que compartiremos y construiremos. Y serás tu en la ausencia, cuando solos seas un recuerdo, como hoy.

La magia más vieja de todas, pienso abrazada al muchacho en mi recuerdo. Soy una niña aún en él. Y siento como el poder de las viejas historias canta y danza a mi alrededor. ¿Quién contará nuestra historia? Tal vez nadie más que yo.

Años después, vendría la despedida. No somos niños ya. Un hombre y una mujer, sentados en silencio, uno frente al otro, aguardando. Aunque no saben el qué. Finalmente me levanto. Las manos temblandome, los ojos llenos de lágrimas. Pero sonrío, cuando él me toma la mano y roza mis nudillos con sus labios. Y sé que piensa en esa tarde perdida, un recuerdo que sobrevivió al desencanto.

- Las brujas nunca olvidan ¿verdad? - pregunta.
- Siempre guardamos tesoros - respondo.

Sonrío, recordando la muchacha que fui, esa tarde perdida. Han transcurrido años desde ese pequeño secreto que me demostró que la magia - la verdadera - es algo mucho más profundo que una idea, pero tan espléndida como la más diminuta emoción. Y pienso, mientras trazo de nuevo la estrella en la tierra, con las manos abiertas de esperanza y el viento rozándome las mejillas para recordarme mi nombre, el verdadero, el que llevo en la sangre, que toda historia se construye en recuerdos. Y también en renacimiento. La magia real.

Estrella de cinco puntas: Una manera de crear. 


El pentáculo  es el simbolo que representa los los elementos y el espíritu humano, unidos en la energía de la Diosa. Antiguamente era el símbolo de Venus, como Diosa de la sabiduría y la belleza, y también del conocimiento arcano. Para la cultura griega y mesopotámica representaba la fuerza del conocimiento y la divinidad bajo una única idea: El poder creador. Los alumnos de Pitágoras lo utilizaban como símbolo del saber más allá del conocimiento humano: se creía que la forma geométrica creada por los cinco secantes yuxtapuestas en alguno recto, provenía directamente de las estrellas y el conocimiento supremo del misterio estelar. También fue usado por las sacerdotizas de Ishtar en Nínive como núcleo de poder durante sus rituales de desfloración y durante el Hiero Gamus, para simbolizar la unión sagrada del hombre y la mujer.


Para la Antigua religión el pentáculo une todos los aspectos del hombre. Une el cuerpo con la mente, lo espiritual con lo profano. Nos recuerda que necesitamos todos nuestros aspectos para satisfacer nuestras vidas como seres humanos. Nos recuerda también que todo es un ciclo, que no experimentaremos alegría sin dolor, pero el dolor nos llevará otra vez a la alegría. Un ciclo interminable que se repite una y otra vez, y que le da sentido a la dualidad de la energía.

Para la Tradición de la brujeria que practica mi familia, una vez al año se celebra la fuerza del pentáculo como simbolo ancestral de sabiduría y más aún, del amor como poder creativo. La capacidad de transformación a través de las ideas y la evolución espiritual. Es una celebración intima y profundamente significativa, porque es la conmemoración de la fuerza de nuestro símbolo, la metáfora de nuestra creencia, la huella que ha simbolizado el secreto de la Diosa a través del tiempo.

En mi familia lo celebramos de la siguiente manera:

Materiales:

1 vela roja
1 vela azul
1 vela amarilla
1 vela verde
1 vela púrpura
1 vela plateada
una cinta color dorada ( unos 6 metros )
Una copa con vino blanco
Una rosa
Incienso de rosas.


Disposición:

En primer lugar, se coloca la vela roja en el centro de la habitación donde realizaremos el ritual, y a partir de ese punto, comenzaremos a trazar un pentáculo por medio de la cinta y el resto de las velas. Llevaremos la cinta hasta el cuadrante inferior izquierdo y colocaremos la vela azul para crear la primera punta. Después, extenderemos la cinta hasta el cuadrante superior derecho, y colocaremos la vela amarilla. Ahora, llevaremos la cinta hasta el cuadrante superior izquierdo, colocando la vela verde. Posteriormente, descenderemos al cuadrante inferior derecho, para formar otra punta por medio de la vela púrpura. Por último, llevamos el resto de la cinta hacia la vela roja, donde lo aseguraremos por medio de un poco de cera al suelo.

En el centro del pentáculo colocaremos la copa de vino blanco junto con la vela plateada. Luego, deshojaremos la rosa y esparciremos los pétalos a su alrededor. Nos sentaremos frente al pentáculo, colocando el incienso a nuestra derecha.

Este ritual debe realizarse con el cabello suelto, despojandonos de toda joya. Antiguamente, se llevaba a cabo también sin ropas, pero si no deseas hacerlo desnuda (O) no es imprescindible que lo hagas.

Tomaremos una larga bocanada de aire, intentando relajarnos. Una vez que hayamos expulsado toda la tensión de nuestro cuerpo, realizaremos la siguiente invocación, con estas u otras palabras mientras guarden el sentido:

"Que la memoria del tiempo
se alce en nosotros
Invoco el nombre de la Diosa y del Dios
de los espiritus de la tierra, el agua, el aire y el fuego
a los Guardianes del pensamiento
para que esta noche reconozcan a este su símbolo
que la fuerza del conocimiento, la sabiduría y la creación
me llenen y me envuelvan a través de él
asi sea en nombre de la Gran Madre y el Gran Padre"


Encenderemos la vela roja e invocaremos de la siguiente manera:

"Que sea el fuego, lenguaje de los Dioses
quién se manifieste en este símbolo de la memoria
La Antigua Tradición lo bendice en tu nombre
Así sea"

Ahora encenderemos la vela azul:

"Que el agua, mensajero del pensamiento divino
se manifieste en este símbolo de la memoria
La Antigua Tradición lo bendice en tu nombre
Así sea"

La vela amarilla:

"Que el viento, cantor de viejas historias, guardián de nuestra fe
se manifieste en este símbolo de la memoria
La Antigua Tradición lo bendice en tu nombre
Así sea"


La vela verde:

"Que la Tierra, memoria de la Tradición más ancestral
se manifieste en este símbolo de la luz del conocimiento
La Antigua Tradición lo bendice en tu nombre
Así sea"

La vela púrpura:

"Que el espíritu de la creación, la fuerza de la transformación
se manifieste en este símbolo del conocimiento y la memoria
Que mi espíritu se impregne de la energía del cambio y la renovación
Así sea, En nombre de los guardianes de la memoria
Y las Atalayas del tiempo"

Finalmente la vela plateada:

"A través de la Energía del Dios y de la Diosa
Invoco el vinculo del conocimiento Universal
para que este símbolo ancestral sea su vehículo y mayor representación
Invoco a la energía de plata del trueno
al brillo azul del mar
a la fuerza de la tierra fértil
a la voz del viento, tan antiguo como el tiempo mismo
y al abrazo del fuego purificador
para que sean uno en este símbolo, esta creación preciada que representa el misterio
y la belleza
Sea en nosotros la sabiduría que representa
sea en nosotros el poder de la compresión
Así sea, En nombre del Dios y la Diosa"

Tomaremos entonces, la copa de vino blanco y la sostendremos en nuestras manos, sintiéndonos impregnados de la fuerza de los elementos que el pentáculo representa. A continuación realizaremos la siguiente invocación:

"En nombre de las fuerzas del tiempo y el conocimiento
que la Gran estrella de Venus representa
Consagro, purifico y lleno de fuerza esta bebida que tomaré
en representación de la fuerza del Universo que me envuelve en nombre del tiempo y la divinidad energía de la creación
Así sea"


Encenderemos el incienso de rosas y luego, beberemos algunos sorbos de vino, celebrando el significado que el pentáculo tiene para cada uno de nosotros. Disfruta la manera como los elementos se manifiestan en ti, delinean tus pensamientos, consuelan tus temores, fortalecen tus convicciones. Invoca la fuerza de la Diosa en tus pensamientos, visualizando su símbolo, la estrella de Venus, el crisol de conocimientos que representa la permanencia y dulzura de una antigua tradición.

Para terminar el ritual, permite que las velas se consuman.


Sentada en el centro mismo de la estrella, miro la noche color añil y la montaña más allá. Y sonrío. Celebrando los pequeños secretos, los grandes misterios y las pequeñas historias privadas.

C'est la vie.

1 comentarios:

Wilbber Hernández dijo...

Hola: es todo un placer haberte encontrado; he leído con mucha atención tus escritos y me siento muy identificado con cada palabra o frase plasmada en tu blog. Sabes me he comprado un pentaculo de plata, tengo la impresion que el me escogió a mi, me la paso rayando las hojas, cuadernos con el simbolo del pentaculo; me gustaría poder activarlo por medio de un ritual y profundizar en su energía por lo cual te solicito algo de ayuda

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