lunes, 22 de abril de 2013

La belleza y la vejez ¿Que historia cuentan tus arrugas?





El comentario de mi amigo M. me tomó por sorpresa. Lo escuché, con los ojos muy abiertos y muy cerca estuve de escupir el sorbo de café que acababa de tomar. Pero de alguna manera logré recuperar la compostura y sonreír, intentando no parecer ofendida. No demasiado.

- ¿Botox? - repetí - ¿me estás diciendo que necesito Botox?
- Chica, pero no te lo tomes tan a pecho - respondió - solo te comento que ya no eres una niña y es hora de comenzar a pensar como verse joven para siempre.

Para quién se lo está preguntando, sí, M. es cirujano estético. De hecho, es el médico de la mayoría de las amigas de mi madre y supongo autor de esa expresión un tanto inquietante que todas exhiben con orgullo: algo en medio de la sorpresa y una sonrisa eterna que no favorece a casi ninguna. Pero ya sabemos, en la búsqueda de la belleza todo se vale, y sobre todo en Venezuela, donde la estética es una obsesión nacional.

Pero sigamos con la anécdota  M. intentó explicarme porque a mis treinta y no te importa años, ya tenía que comenzar a preocuparme por cualquier linea de expresión que pudiera recordarme mi edad, mi historia o simplemente, que sí, estoy envejeciendo. Un pensamiento difícil  por supuesto, pero no especialmente traumático. Intenté explicárselo de esa manera, hacerle entender que la vejez - o sus primeros síntomas  en todo caso - no me produce gran ansiedad, como no sea constatar que estoy viviendo, que el tiempo está construyendo una nueva versión de mi misma y que mi mundo interior, quizás, comienza a hacerse visible en mi piel. Pero M. consideró toda esa explicación "poesía" e insistió en su punto.

- La medicina y la técnica te permiten conservar la belleza todo lo que puedes, ¿Por qué no aceptarlo? ¿Por qué no continuar siendo hermosa a pesar de los años que pueda cumplir? Eso no tiene nada de malo.
- ¿Y si no quiero?
- ¿Por qué no querrías?
- ¿Y si me parece un poco antinatural? 
- Eso es una postura pasada de moda. Simplemente es tecnología para mejorar la vida.
- Lo entiendo, y me parece estupendo si alguien quiere aprovecharla, pero ¿Que ocurre si no quiero?

Silencio incomodo entre ambos. Y es que al parecer, para M. la idea que una mujer no quiera utilizar los enormes recursos de la medicina actual para verse hermosa - o al menos, no ahora mismo - es cuando menos, imposible de comprender. La discusión continúo un buen rato y sobre todo otros temas, pero lo principal que quedó claro es que en Venezuela, la vejez o mejor dicho, envejecer con dignidad, no es una opción.

Nunca he estado muy consciente o pensado con seriedad como afrontaré el tema de la vejez. Tal vez cometo el error de considerar que esta juventud pasajera será mi presente por mucho tiempo o simplemente, que las mujeres con las que crecí, jamás prestaron demasiada atención al tema. Mi abuela era una mujer muy bella, con unas preciosas arrugas que siempre consideró trofeos de experiencia. Nunca dejó a un lado su natural coquetería - se tiñó el cabello de un hermoso color rojo toda su vida y jamás dejó de hacerlo hasta que murió - pero para ella, la vejez no era una vergüenza que ocultar, sino un mensaje que mostrar. Porque para Celia, la vejez era una forma de sonreír  una manera de comprender el mundo, una forma de crear una nueva interpretación de si misma. De manera que crecí con la idea que las arrugas y las canas no eran algo terrible, sino tal vez, el inevitable reflejo de como has vivido. O mejor aún, tu mejor espejo para paladear tu historia.

Por otro lado, soy venezolana y eso quiere decir que la belleza me importa. O debería importarme en todo caso. Porque en Venezuela ser bella es ser importante y más aún, es significativo. Es un tipo de poder. Tal vez en todos los países del mundo sea así, no lo dudo, pero culturalmente, para el venezolano la belleza tiene su peso, su lenguaje y se entiende de una manera particular. Claro está, vivir en una cultura donde las niñas de quince años se preocupan por el tamaño de sus senos - y como aumentarlo artificialmente - y las mujeres de veinte ya tienen una guerra declarada contra las lineas de expresión, te da un criterio muy especifico sobre el tema. O te dejas llevar - y sufres - o lo aceptas y sufres también. Oponerte es otra de las opciones, claro y es la que yo escogí. Quizás no de manera muy consciente y muy probablemente por simple malcriadez, pero siempre he logrado comprender la belleza como una manera de crear y no como una idea limitante por si misma. Porque la belleza existe en la medida que la perfección y la imperfección crean su propio equilibrio, la belleza es real en la medida que es parte de algo tan enorme y conmovedor como lo natural y más allá de eso, la belleza es una opinión. A veces se nos olvida eso: la belleza solo existe en quién la mira, quién la aprecia y que le otorga el calificativo de bella. Parecerá un cliché, de hecho creo que lo es, pero la belleza es la apreciación más subjetiva de todas, es la manera más sencilla de expresar tu idea del mundo, tu lenguaje interior y un poco más allá, tu manera de construir un concepto sobre el mundo que sea válido en tu manera de concebir lo esencial del ser humano: la individualidad.


Me siento frente al espejo y me acaricio con la yema de los dedos la diminuta y fina de expresión que aparece y desaparece de mi frente cada vez que me rio. Según M., una aplicación de botox la eliminaría para siempre. De nuevo, tendría la piel lisa de los veinte, volvería a hacer la adolescente que nunca pensó que esa linea existiría. Pero de pronto, comienzo a pensar en todas las carcajadas que crearon esa arruga: la risa desordenada y a todo pulmón de los chistes, la risa sonrojada del amor, la risa entre lágrimas de los momentos dificiles. La risa, sí, que me ha hecho ver el mundo de otra manera, la carcajada que me ha sacudido el pecho y el alma de dolor. Que bella arruga, pienso, acariciandola de nuevo. Que bonita linea en el libro de mi vida. Y que hermosa se ve allí, contando una historia que solo yo entiendo, una escena que quizá recordaré para siempre gracias a ella.

Así que no, nada de botox, me digo riendo, otra vez, a todo pulmón, con mi risa nasal y desordenada. No hay nada más hermoso que reconocerte en el espejo, que encontrarte en esa nueva mujer que emergen de tu piel de cada día. Y quiero reconocerla muchos años, quiero mirarla crecer, quiero reir y llorar junto a ella. Esa mujer que soy yo, que es la niña que fui, la adolescente en que me convertí y la anciana que seré. La belleza de la experiencia, la ternura de una vida bien vivida.

Una forma de fe, sin duda. Una manera de crear.

C'est la vie.

7 comentarios:

Rene Arturo dijo...

Excelente post!
Siempre pienso en lo importante que es la "belleza" para el Venezolano común y que a veces no entiendo, porque a mi parecer es algo sumamente relativo y depende mucho de lo que cada quien considere como definición de belleza. Me gusta tu posición respecto al tema y es que prefiero ver en una anciana esa abuela noble y tierna cuya belleza va más allá de lo meramente superficial antes que obligarme a ver una deformación clara de su naturaleza como mujer.
Respeto los avances de la ciencia y la tecnología pero considero que hay una linea muy fina entre belleza y artificialidad que muchas cruzan sin saber ni conocer.

Gabriela Esteva dijo...

Tengo casi 54 años. Nunca fui particularmente cuidadosa con la piel, aunque soy delgada y hago yoga. Tengo un buen cuerpo que, a pesar de los estragos por la falta de estrógenos, con ropa, todavía se ve bien, pero, ¡pero!, ya no me reconozco en las fotos. Ese rostro que parece de bulldog. No me importan las patas de gallo, muchas, ni los pliegue en la frente. Me dan personalidad.
Estoy en el proceso de aceptación de este nuevo rostro.

Nando Calderón dijo...

Qué bueno tu post.

Me hace pensar en mil cosas. Primero que, creo que es un problema cultural aun mayor. En toda la civilización occidental, a las mujeres, prácticamente se les "exige" que se mantengan la mayor cantidad de tiempo (o que lo aparenten al menos), como una mujer en etapa de reproducción activa. Por eso las adolescentes "aceleran" su llegada a la adultez y las mayores "retrasan" su paso a la madurez.

Pero es a su vez tan burdo, ese nuevo "ideal" de belleza, que no sé si valga la pena. Para más ejemplos Courtney Cox y Joan River...

Creo la sensualidad en una mujer no se puede comprar en una cirugía o inyectar.

Saludos!

Rafael Becerra dijo...

Primero que todo quiero felicitarte, llevo poco tiempo leyéndote, pero al igual que a otros, has logrado inspirarme con tus escritos, con tu manera tan serena y directa de decir las cosas.

Respecto al tema de la edad, cada quien tiene una percepción diferente, hay quienes quieren ocultar de cualquier manera la edad, sin embargo creo que no hay nada más errado. Cuando uno es adolescente, jamás se piensa en esas cosas, se planifican muchas cosas para el futuro, pero cuando ya cruzas la barrera de los 30 empiezas a autoevaluarte haciendo una especie de inventario para saber cuáles fueron las metas alcanzadas desde aquel momento de la adolescencia en el cual empenzaste a pensar en tu futuro. Empiezas a ver tus líneas de expresión, tus canas, sientes unos dolores de espalda los cuales anteriormente no sufridas, en fin, te empiezas a preocupar. Hay un a sensación de que ha pasado el tiempo, pasa muy rápido y aún faltan muchas cosas por hacer. La gente empieza a hacer bromas respecto a tu edad, en un principiobyo mismo me decía que con el paso del tiempo uno se va poniendo interesante y creo que me lo he ido creyendo, no me refiero a la apariencia física, sino a que ese tiempo transcurrido que en un principio lo tomé como algo malo, ahora me doy cuenta que es todo lo contrario. Me reúno con mis sobrinas y me llegan a hacer preguntas que sólo ellas saben de donde las sacaron y ha sido por esta juventud acumulada que tengo, que he podido satisfacer esa curiosidad creciente y que finalmente las va a ayudar a crecer más como personas, esa experiencia que tenemos servirá de guía a esas nuevas generaciones que vienen detrás de nosotros. Envejecer no es un defecto, creo que es una de nuestras mayores virtudes. Debemos estar orgullosos de eso.

Lissette González dijo...

La presión la sentimos todas. Solo te puedo decir que no estás sola: ya pasé de los 40 y no tengo la menor intención de pasar por el quirófano. De acuerdo al canon de belleza impuesto, solo cedo en la dieta (no demasiado estricta, eso sí) y en mantener mis canas resguardadas de la mirada pública. Soy feliz como me veo ahora... Y no he dejado de recibir piropos! Saludos!

Evelyn Ranauro-Borges dijo...

Tal como dices y se lee en otras partes: la belleza es de acuerdo a los ojos de quien la mire. La cirugía es una alternativa para que algunas personas "conserven la belleza", dice tu amigo M. Y la pregunta que surge es ¿cuál belleza? La de las revistas y el photoshop, modelos y artistas de cine, tal vez. Todo muy lejos de Mi Belleza, de quien soy y lo que me ha formado en este maravillosamente hermoso ser, con mi rizos canasos (que adoro) y mi gran humanidad... ¡Otro post para disfrutar, Agla!!!

Veronika Brkich dijo...

Me sacaste un par de lagrimas, me cuesta mucho enfrentarme a ese tipo de criticas y la gente tiende a ponerse ofensiva conmigo por eso asi que te agradezco mucho por escribir esto.

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