martes, 2 de abril de 2013

Moralidad en tiempos rojos: Mi opinión sobre el video de "Los Juanes"




Dejé pasar un par de días antes de opinar sobre lo ocurrido en "Los Juanes" - me refiero al vídeo y el revuelo que causó - porque necesitaba meditar sobre lo que significa la palabra moralidad, sobre todo en nuestro país, antes de concluir cualquier cosa. Y es que de las cosas que más me sorprendieron de todo el escándalo fue la reacción que suscitó y la manera como se analizó, en medio de la diatriba política, social y cultural que vivimos.

Porque claro está, es bastante grave lo que muestra el vídeo  una escena decadente de una Venezuela que sufre una descomposición moral lenta y progresiva. Nadie duda de la profunda crisis moral que padecemos: es un hecho de todos los días. Ahora bien, lo más grave del vídeo de "Los Juanes" no es lo dantesco que muestra - que por sí mismo podría serlo - sino de esa otra Venezuela que parece estar creándose a la sombra y que ignoramos casi por completo. Hablamos no de la Venezuela libertina y escandalosa - me temo que esa identidad es mucho más viejo que el mencionado vídeo - sino del hecho que existe una grave y preocupante distorsión de las prioridades sobre lo que es moral en nuestra sociedad. Aun mayor sorpresa, me causó la reacción gubernamental: en una cruzada moralista digna de cualquier culto religioso, abrió una investigación judicial que probablemente desembocará en alguna sanción legal para los protagonistas circunstanciales del vídeo en cuestión. Una noticia que sorprende y en mi caso, confunde. Somos un país con un indice de criminalidad tan enorme que influye directamente sobre nuestro estilo de vida: somos rehenes, de hecho, del temor y la paranoia. Pero el gobierno parece escoger sus propias batallas y tal pareciera, que la batalla por preservar una moralidad  hipócrita es más sencilla que la lucha por preservar los derechos básicos del ciudadano común. Y es que mientras todos nos preocupamos por un vídeo que muestra la debacle moral en términos simples y directos, ignoramos esa otra descomposición, también moral, que el país está viviendo cada día y en todos los renglones posibles. Hablamos de una Venezuela que no solo se asombra ante la evidencia de una identidad social fragmentada y vulgar, consecuencia de décadas de descuido educativo, sino además de esa que no comprende el origen  lo que vemos en el vídeo de los Juanes, de sus consecuencias y probablemente lo que simboliza en el proceso que padecemos a diario.

Una idea compleja, sin duda. Y difícil de entender: es sencillo reaccionar hacia lo evidente, pero es más complicado analizar lo esencial, esa idea un poco más profunda que sostiene todo lo demás. Intenté explicárselo a mi amigo F., mientras debatíamos sobre el vídeo  la reacción del Gobierno y sobre todo, la manera como una especie de conservadurismo puro y duro salpicó las redes sociales como reacción inmediata y que personalmente, me pareció sorprendente y hasta ingenuo.

- Pero ¿No es inmoral el vídeo? - me preguntó irritado. 
- Por supuesto que lo es. Pero el problema no es su inmoralidad, que nadie lo discute, sino el hecho que sea solo un síntoma de lo que vivimos, de una cultura del desorden, de la vulgaridad y la grosería.
- Claro que es solo un síntoma  pero igual es para sorprenderse y censurar. De no hacerlo, es casi como aceptar que es normal una escena tan degradante.
- Lo que me preocupa es que solo admitamos que la brecha entre lo moralmente aceptable y lo que no lo es solo sea evidente cuando se muestra tan claro, cuando no te queda otro remedio que mirar una escena que seguramente ha venido ocurriendo cada año sin que nadie se horrorice. Me preocupa es que seamos tan ciegos que necesitemos un vídeo vulgar para admitir lo que estamos viviendo.

Porque ese es el meollo de todo el asunto ¿Verdad? La descomposición social que sufrimos no solamente se resume a un vídeo de cinco minutos de duración. Hablamos de un país donde la cultura del odio se arraigó lo suficiente como para aceptar la violencia como forma de expresión válida. Hablamos de un país donde el Gobierno de turno, insiste en ignorar la gravisima crisis de valores y de cultura que nos convirtió en tierra de sangre y asesinatos. Luchamos por sobrevivir a una ciudad caótica, a un sistema político que ensalza la grosería  el insulto y al vulgaridad como lenguaje político. ¿Y nos asombra lo que nos muestra un vídeo que no es otra cosa de un ejemplo circunstancial de lo que padece Venezuela a diario? Venezuela se desangra en ignorancia, en una búsqueda de valores fallida, en medio de una lucha de poderes cada vez más desigual y en una ideología donde el prejuicio y el odio al diferente es moneda común. De manera que me pregunto, como ciudadana de a pie, como observadora angustiada de lo que vivimos ¿Cual es la verdadera moralidad del Venezolano que intenta comprenderse como parte  de esta idea de nación que intentamos construir? ¿Que necesita el Venezolano para entender que la destrucción de valores que estamos padeciendo es una consecuencia directa de la negligencia y la indiferencia ciudadana?  Porque quizá, es justamente la  sorpresa que produce una escena dantesca, lo que sorprenda: el desconocimiento de la verdadera  magnitud de la debacle social que padecemos.

Lo más preocupante, es que nos hemos resignado a esta cultura del desastre, de la groseria y la vulgaridad. En ocasiones camino por esta Caracas árida, esta Caracas que me atemoriza y me pregunto, ¿En qué momentos la identidad como ciudadano se confundió con la política? ¿Cuando se hizo necesario propugnar una ideología o apoyar una idea electoral para poder reclamar los derechos y asumir los deberes necesarios para toda convivencia social? ¿Somos conscientes realmente de la fractura, el dilema histórico que atravesamos?

Me tomó un café en un local cualquiera. Unas mesas más allá, una pareja discute en voz alta y manera muy airada sobre el vídeo de "Los Juanes". Levanto la cabeza para mirarlos y los reconozco de inmediato: hace un rato, mientras caminaba por los pasillos del Centro Comercial donde nos encontramos, le vi a ella arrojar al suelo una bolsa vacia. Y lo recuerdo porque me enfureció el gesto, lo que simbolizaba.  Pero ahora, ambos debaten a viva voz sobre la "Inmoralidad", como si el país, su circunstancia no tuviera ninguna relación con el ciudadano que contempla, con el habitante cultural de una nación que no se reconoce así misma en la situación histórica que vive. El café me sabe agrio y me levanto, con una sensación de perdida que no sé explicar muy bien.

¿A donde vamos? ¿Que estamos construyendo como proyecto de país día a día? No lo sé, y me preocupa no conocer la respuesta.

C'est la vie.




2 comentarios:

Antonio Ponce Ríus dijo...

Tal cual. En la clase media se habla de ¨moralidad¨ en términos de sexualidad solamente. El resto de la conducta ciudadana es totalmente impermeable a ese colador ético, y esos polvos políticos que mencionas trajeron estos lodos morales en los cuales chapoteamos diariamente a nuestro pesar.

Saludos

Kennet Koesling Durán dijo...

Como siempre: acertada.

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