domingo, 21 de junio de 2009

Rutina o la adormilada conciencia de la fatuidad.


Domingo por la mañana: probablemente el único momento en toda la semana donde disfruto de esa placidez un poco estática de un pequeño fragmento de rutina. No hay mucho que hacer y mucho menos, algo con que otorgar cierta belleza a un día deslucido, monótono, frugal. De manera que, taza de café en mano, enciendo el televisor y zipeo un rato. No obstante, sería poco honesto decir que lo hago sin intención. Unos minutos después rio a carcajadas mirando un capitulo de "Friends" que muy probablemente he visto antes, que con toda seguridad volveré a ver en unas cuantas semanas pero que continua resultandome no solo hilarante sino entrañable. Sí, lo confieso, soy una adicta sin restricciones a la serie estereotipo por excelencia, a la comedia de situaciones más cursi y empalagosa de todas. ¿Algo peor que eso? Que me encanta ser una confesa aficionada a un producto pop sin cortapizas: adoro saberme los capitulos y dialogos de memoria, disfrutar de las situaciones necias, incluso tomar como espontáneas las risas enlatadas que cierran las rutinas de las escenas. Hay una cierta dulzura triste, mimética y sobre todo encantadora en reir, a ciegas y con total sinceridad por lo que se supone, no deberia hacerte reir o mucho menos interesante.

Y es que "Friends" es la negación a toda la cultura del cinismo en la que tan bien encajo. En su reducido mundo, las mujeres son delgadas y hermosas, los hombres bellos y singularmente adorables, las situaciones tipicas y optimistas, el humor simple y radiante. No hay tristeza, ni enfrentamientos morales, matices intelectuales, un grado de transgresión donde lo aparente quede al descubierto como una idea falsa y quebradiza. En el Universo Friends todo funciona y se desenvuelve con la sincronia barata de esos relojes de plastico que solíamos comprar en la infancia: en ocasiones funciona y en otras simplemente, no lo hace, pero igualmente lo conservamos por la simple maravilla que nos produce su mecanismo rudimentario. De manera que, es como un pequeño milagro esa risa fácil, de domingo opaco, de felicidad rudimentaria y fugaz. Aun medio dormida, con esa inocencia torpe de la mañanas, los dialogos simples y olvidables que comparten Chandler y Joey me resultan de inestimable valor. O la antipática neurosis de Mónica, la ternura ambivalente y un poco tediosa de Ross. Incluso el idealismo distraido y caótico de Phebs parece tener algun valor secular en esta confusión meridiana de un día oblongo, luminoso y simplemente anodino. Y rio si y probablemente lo seguiré haciendo cada domingo, como en un ritual pequeño e intimo sin verdadero valor, una costumbre amplia y abstracta que pudiera tener un sentido pero que no es otra cosa que una engañosa sensación de libertad.

Se levanta el telón, con la lentitud un poco agotada de un momento fragmentario y carente de color.

1 comentarios:

leslie Sanchez dijo...

Muy genuino, y muy sincera la expresión de tu gusto por esta serie, que te confieso a mi también me mata, creo que lo que mas me gusta es que con todos los defectos que cada uno tiene, con lo que conviven cada día y hacen de la serie lo que es; creo que muchos de esos rollos que tienen existenciales y con los cuales pueden convivir y aceptarse, nosotros o por lo menos yo misma, viviria enrollada y depresiva o de mal humor, porque muchas veces no podemos sobrellevar ciertas cosas... que al final no valen la pena y lo más importante debemos dejar de darle tanta importancia a todo y vivir la vida lo mejor que podamos!

Publicar un comentario