martes, 8 de febrero de 2011
Las brujas en la Imaginación Popular
Una de las leyendas que con más frecuencia se suele escuchar sobre las brujas es su capacidad de "volar" - con o sin escoba, dependiendo de la fuente - En realidad, la imagen de la bruja remontando la noche en veloz vuelo, tiene su origen en antiguos rituales de fertilidad, realizados como parte de las celebraciones de luna llena. Durante los tres días del período lunar, las brujas que aun eran doncellas, recorrian los campos llevando una vara de sauce o fresno en la mano, para asi atraer la fuerza de la Diosa sobre los campos recién plantados; de ahí procede la típica imagen de las brujas de Halloween volando en sus escobas. Asimismo, mientras se marcaba a los animales con el fuego ritual, eran golpeados con escobas para favorecer la reproducción del ganado. Su simbolismo sexual también las convierte en un instrumento natural para sellar los ritos matrimoniales. La imagen de los miembros de una pareja pagana "saltando sobre una escoba" tras intercambiar sus votos conyugales es muy conocido incluso en las culturas más convencionales.
Este ritual era conocido como " la vara de la conciencia" porque en sus elementos combinaba los aspectos creativos masculino y femenino. El palo de la escoba simbolizaba el falo, mientras que las cerdas representan el monte de Venus, que guarda en su interior la abertura de los órganos reproductores femeninos.
Este ritual se mantuvo incluso en diversas celebraciones rurales alrededor de Europa hasta muy entrado el siglo XIX, siendo entonces condenado por la iglesia y tachado de "sacrilego". No obstante, la imagen de la bruja y la escoba quedó irremediablemente unida en la imagineria popular.
Tradicionalmente, las escobas se han colocado debajo de las camas con fines mágicos para pedir tanto protección como fertilidad, y han permanecido cerca de los hogares y las puertas como medida de amparo y salvaguardia. Asimismo, dos escobas cruzadas impiden a los espíritus y personas no deseados penetrar en el área que protegen.
Las escobas también se han utilizado para alejar las energías negativas o terrenales de una zona sagrada, así como para, una vez creado el círculo protector, atraer las energías positivas hacia el interior de la casa. En la Irlanda del siglo XVII, una mujer llamada Alice Kyteler fué condenada por bruja porque un vecino la vió de noche barriendo la puerta de su casa mientras entonaba un hechizo para atraer la prosperidad a su hogar.
Si quiere utilizar una escoba para sus rituales mágicos, consiga una que sea de su agrado y úsela sólo para ese cometido. No escoja la de barrer la casa; una escoba ritual no debe usarse en ese mundanal sentido, ya que correría el riesgo de perder todos los poderes mágicos que haya acomulado en ella. Si alguna vez la utiliza para barrer el suelo de su cocina, debe ser como parte de sus actividades mágicas.
Otro posible origen del mito sobre la supuesta habilidad para volar de los practicantes de la brujeria, podía tener su origen en un ungento que suele usarse durante diversos rituales, sobre todo durante las consagraciones de las brujas a sus deidades particulares. Durante la edad media se creía que los brujos volaban en escobas pero en realidad lo que hacían era usar el ungento volador, el cual debido a las sustancias alucinógenas que lo componían, creaba la ilusión que estaban volando.
Antiguamente, la mezcla del aceite para la trasición de conciencia - como es llamado este ungento por muchas tradiciones paganas - tenía ingredientes que incluían proporciones más o menos peligrosas de diversas sustancias aluciógenas como lo es el acónito, la belladona, cicuta, perejil y otras. Estos ingredientes se reducian a polvo y se mezclaban con una pequeña porción de manteca de cerdo. La sustancia resultante era aplicada sobre la piel de la postulante para ocasionar un efecto de euforia y frenesí durante determinados momentos del ritual de consagración.
No obstante, en la actualidad, la composición del aceite es mucho más simple, y podríamos decir con justicia, menos peligroso que su antecesor. Los ingredientes para realizarlo son los siguientes:
Aceite de canela.
Aceite de azahar.
Benjuí.
Aceite de Jengibre.
Clavos de olor reducidos a Polvo.
Preparación:
En realidad, es muy sencilla. Mezcla cuidadosamente el aceite de canela y azahar, con el benjuí hasta obtener una sustancia de color uniforme ( usualmente ambarino ) e indiferenciable. Dejalo descansar por dos días y luego, realiza un pequeño tamiz con un trozo de muselina. Al liquido resultandote, añade el aceite de jengibre y el polvo de clavo de olor. Introduce la esencia resultante en un recipiente que puedas cerrar convenientemente. Una vez que lo hayas hecho, mantenlo en un lugar seco y oscuro por unos cuatro o cinco días.
Modo de uso:
Frotalo por todo tu cuerpo y luego, realiza una meditación, concentrando tu energía en la llama de una vela ( preferiblemente blanca ) y sintiendo como el aceite te permite trascender de tu estado de conciencia habitual a uno más amplio, poderoso y creativo.
lunes, 7 de febrero de 2011
La lírica del hedonismo.
Muchas veces la historia del Rock 'n Roll toma tintes miticos. Tal vez se deba a que estos modernos trovadores, con su absoluto desenfado y clara relación con la sexualidad representan una parte de la música que hasta hace pocas décadas era considerada tabú, o simplemente que la sugerencia de ritmos eróticos ( sus movimientos de cadera, eróticos y atrevidos ) se erigieron como el simbolo visible de una nueva cultura transgresora y destructora de los moldes del pasado. El rock es un ritmo con una poderosa fuerza, y esta pueda captarse en muchas formas diversas. No obstante, su hedonismo puro y duro revolucionó la forma de expresar las estética músical que hasta hace medio siglo era habitual en el escenario mundial.
Sería complicado analizar de manera sencilla y estructurada cuales fueron los aportes del Rock 'n Roll en la sociedad de consumo, debido a que tocan numerosos aspectos de la vida hasta crear un nuevo rostro cultural a partir de una propuesta completamentenueva y fresca: su principal fuente de inspiración probablemente nació de la filosofía de los 60, borracha, frenética y llena de tintes de profunda lujuria. Una fantasia caústica de disfrutar el mundo con los cinco sentidos, plenamente, incluyendo también otras formas de experiencia sensorial influenciada por el consumo de drogas duras. Aun incluso hoy en día, podemos apreciar la poderosa marejada de emociones que desencadena la música que en sus inicios fue considerada profana, poco después escandalosa y finalmente melancólica. Una vejez progresiva del concepto.
La canción de "Whola Lotta Love" es una de las grandes piezas de la época, no solo como representante de la propuesta músical de Led Zeppelin, sino de la historia de la música en sí. Es el tema insigne del libro "Led Zeppelin II", que data de 1969. Se convirtió en una proclama de los principios fundamentales del heavy, conservando su origen del Blues en su expresión más diametral. Fuera del magnifico desempeño técnico de esta canción, su propio ritmo resulta impregnado de la belleza sensual de una candenciosa propuesta escénica.
El tramo principal de la pieza suena fuerte, una espléndida y luminosa rapsodía que nos permite vislumbrar un acercamiento muy agresivo. Cuando comienza a escucharse la voz de Robert Plant, se complementa la primera impresión: la tentación es cercana y sugerente. A el impacto de la frase "I'm gonna give you my love", delineada exquisitamente por la voz ronca y sensual de Plant, contesta un glissando largo y sostenido en la guitarra de Jimmy Page; se establece un lenguaje entre ambos, onírico y candencioso. El gemido, el suspiro, la nota cristalina rompiendose en medio del Ecompás y el ritmo que acompañan implacablemente este acto. El choque de dos caderas. La insinuación. El grito de Robert Plant, un orgasmo espléndido y apabuyante, una sensación errática recorriendo la mente, mientras la última de la Guitarra enmudece en una especie de ritual arcaico y personal.
Después vuelven otra vez el ritmo y el compás anteriores, siguiendo con la misma fuerza y golpes sensuales. De este modo, tenemos una canción que, tanto por la letra como por su forma de desarrollarse, tiene una enorme carga sexual, lujuriosa, e indescriptiblemente atractiva.
Sería complicado analizar de manera sencilla y estructurada cuales fueron los aportes del Rock 'n Roll en la sociedad de consumo, debido a que tocan numerosos aspectos de la vida hasta crear un nuevo rostro cultural a partir de una propuesta completamentenueva y fresca: su principal fuente de inspiración probablemente nació de la filosofía de los 60, borracha, frenética y llena de tintes de profunda lujuria. Una fantasia caústica de disfrutar el mundo con los cinco sentidos, plenamente, incluyendo también otras formas de experiencia sensorial influenciada por el consumo de drogas duras. Aun incluso hoy en día, podemos apreciar la poderosa marejada de emociones que desencadena la música que en sus inicios fue considerada profana, poco después escandalosa y finalmente melancólica. Una vejez progresiva del concepto.
La canción de "Whola Lotta Love" es una de las grandes piezas de la época, no solo como representante de la propuesta músical de Led Zeppelin, sino de la historia de la música en sí. Es el tema insigne del libro "Led Zeppelin II", que data de 1969. Se convirtió en una proclama de los principios fundamentales del heavy, conservando su origen del Blues en su expresión más diametral. Fuera del magnifico desempeño técnico de esta canción, su propio ritmo resulta impregnado de la belleza sensual de una candenciosa propuesta escénica.
El tramo principal de la pieza suena fuerte, una espléndida y luminosa rapsodía que nos permite vislumbrar un acercamiento muy agresivo. Cuando comienza a escucharse la voz de Robert Plant, se complementa la primera impresión: la tentación es cercana y sugerente. A el impacto de la frase "I'm gonna give you my love", delineada exquisitamente por la voz ronca y sensual de Plant, contesta un glissando largo y sostenido en la guitarra de Jimmy Page; se establece un lenguaje entre ambos, onírico y candencioso. El gemido, el suspiro, la nota cristalina rompiendose en medio del Ecompás y el ritmo que acompañan implacablemente este acto. El choque de dos caderas. La insinuación. El grito de Robert Plant, un orgasmo espléndido y apabuyante, una sensación errática recorriendo la mente, mientras la última de la Guitarra enmudece en una especie de ritual arcaico y personal.
Después vuelven otra vez el ritmo y el compás anteriores, siguiendo con la misma fuerza y golpes sensuales. De este modo, tenemos una canción que, tanto por la letra como por su forma de desarrollarse, tiene una enorme carga sexual, lujuriosa, e indescriptiblemente atractiva.
You need coolin', baby, I'm not foolin',
Necesitas calmarte, nena, no estoy de broma
I'm gonna send you back to schoolin',
Voy a mandarte de vuelta a la escuela
Way down inside honey, you need it,
Dentro de ti, cariño, lo necesitas
I'm gonna give you my love,
Voy a darte mi amor...
I'm gonna give you my love.
Voy a darte mi amor...
(Coro)
Wanna Whole Lotta Love (X4)
¿Quieres muchísimo amor?
You've been learnin', baby, I bean learnin',
Has estado aprendiendo, nena, yo he estado aprendiendo
All them good times, baby, baby, I've been yearnin',
Todos esos buenos tiempos, nena, los he echado de menos
Way, way down inside honey, you need it,
Dentro, muy dentro de ti, cariño, lo necesitas
I'm gonna give you my love...
Voy a darte mi amor...
I'm gonna give you my love.
Voy a darte mi amor...
(Coro)
You've been coolin', baby, I've been droolin',
Te has calmado, nena, yo me he puesto a cien
All the good times I've been misusin',
Todos esos buenos tiempos los he desperdiciado
Way, way down inside, I'm gonna give you my love,
Dentro, muy dentro de ti, cariño, lo necesitas
I'm gonna give you every inch of my love,
Voy a darte hasta la última gota de mi amor...
Gonna give you my love.
Voy a darte mi amor...
(Coro)
Way down inside... woman... You need... love.
En tu interior... mujer... necesitas... amor
Shake for me, girl.
Muevete para mí, chica.
I wanna be your backdoor man.
Quiero ser tu amante secreto...
Keep it coolin', baby.
domingo, 6 de febrero de 2011
Del Tiempo personal y otros delirios
En ocasiones siento que leer consume cada momento de mis largos insomnios hasta convertirlos en un rutilante pensamiento. Una idea creativa en sí misma. Me sumerjo en la lectura con el mismo ahínco con que escribo noche tras noche: un deseo irresoluto. Recuerdo que cuando era más jovencita sentía que leer podía darle sentido a esa idea inconcreta en medio de las largas horas de simple silencio. Es complicado estar despierta, por completo lúcida, mientras el mundo parece flotar lentamente en medio de un vacío venial. Sin embargo, al crecer, descubrí que esas horas de gracia tenían un significado propio, era como una ligera ventaja en medio del tiempo cotidiano, esa idea creacionista un poco brutal que nacia a despecho de mi propia renuncia. Podía dejarme llevar por mis pensamientos durante horas, o simplemente, elaborar cuidadosas analogias de mis formas más ambiguas de expresión. Cualquier idea es válida durante esas horas que me son tan intimas como una voz personal en medio de las sombras, alargandose en las paredes de mi habitación favorita, creando formas raquídeas, dandole sentido incluso a los rincones más inquietos de mi imaginación. Claro está, sin embargo que siempre han sido las palabras - siempre lo serán de hecho - la que otorgen sentido a esa grieta de valor en medio de la otredad personal. La sensación de la palabra, la textura del tiempo literario, caótico, instintivo. Una interpretación de una cosmovisión personal que tal vez carezca de ritmo verdadero. O tenga uno propio. No podría decirlo, en realidad.
De hecho, el ritmo de la palabra, del vértigo, de un totum revolutum sabio como enumeración caótica en prosa barroca (a mí que me fascinaban las de Borges, y resulta que las de Robert Burton no tienen nada que envidiarle), es una idea basicamente espiritual. En medio de mi vigilia - usual, perenne, tan común en mi mente como la curiosidad y el tiempo cenital - he llegado a definir la idea de un texto como con masa gravitatoria, capaz de atrapar en su órbita --precaria y extraviada y descompuesta-- el cúmulo de sucesos que llenan la visión caótica del esteta. Siempre me ha producido perplejidad el modo promiscuo y abigarrado en que los hechos, las lecturas y los sueños tienen lugar, y la dificultad de este juego probablemente inútil (pero que es capaz de aliviar la tenue desesperación, ya lo decía Onetti) radica precisamente en eso, en perpetrar un concepto intimo donde la palabra sea el ábside de una connotación simbólica, sin el pudor al que ni los mismos hechos se atienen.
Una esperanza encantadora, sin duda, pero destinada a destruirse en el mismo instante en que la necesidad de la creación verbal asume la forma de un periplo nihilista. Bastante provocador por cierto, esa sencilla estructura de valores que se concatenan entre sí para darle sentido a la voz y a la letra, para crear ese lenguaje secreto que solo en nuestra mente tiene un sentido y un valor especifico. Mientras tanto, la palabra sigue ocupando ese lugar misterioso entre la razón y la irrealidad de la conjetura. Una sensación unánime, en medio de esa caústica idea de la cronologia carente de valor.
Como mi insomnio, esas horas huecas sin sentido, esa interpretación secular de la palabra tiene la impronta de una pequeña demencia en ciernes.
Probablemente, una diminuta grieta en el significado.
¿Quién podría decir algo más?
De hecho, el ritmo de la palabra, del vértigo, de un totum revolutum sabio como enumeración caótica en prosa barroca (a mí que me fascinaban las de Borges, y resulta que las de Robert Burton no tienen nada que envidiarle), es una idea basicamente espiritual. En medio de mi vigilia - usual, perenne, tan común en mi mente como la curiosidad y el tiempo cenital - he llegado a definir la idea de un texto como con masa gravitatoria, capaz de atrapar en su órbita --precaria y extraviada y descompuesta-- el cúmulo de sucesos que llenan la visión caótica del esteta. Siempre me ha producido perplejidad el modo promiscuo y abigarrado en que los hechos, las lecturas y los sueños tienen lugar, y la dificultad de este juego probablemente inútil (pero que es capaz de aliviar la tenue desesperación, ya lo decía Onetti) radica precisamente en eso, en perpetrar un concepto intimo donde la palabra sea el ábside de una connotación simbólica, sin el pudor al que ni los mismos hechos se atienen.
Una esperanza encantadora, sin duda, pero destinada a destruirse en el mismo instante en que la necesidad de la creación verbal asume la forma de un periplo nihilista. Bastante provocador por cierto, esa sencilla estructura de valores que se concatenan entre sí para darle sentido a la voz y a la letra, para crear ese lenguaje secreto que solo en nuestra mente tiene un sentido y un valor especifico. Mientras tanto, la palabra sigue ocupando ese lugar misterioso entre la razón y la irrealidad de la conjetura. Una sensación unánime, en medio de esa caústica idea de la cronologia carente de valor.
Como mi insomnio, esas horas huecas sin sentido, esa interpretación secular de la palabra tiene la impronta de una pequeña demencia en ciernes.
Probablemente, una diminuta grieta en el significado.
¿Quién podría decir algo más?
viernes, 4 de febrero de 2011
Tributo al amor.
La celebración del sexo como elemento religioso es una práctica muy antigua de la que hay pocas trazas en el occidente, solamente en la ciudad griega de Corinto y las ciudades canaanítas de la costa levantina. Originalmente, la unión carnal como elemento de unión con el aspecto divino de una creencia religiosa - llamada erroneamente prostitución sagrada - se encuentra en Babilonia, cercano el tercer milenio a.J.C. como una de las formas de culto a Ishtar ( quien es la misma Innana sumeria con atributos diferentes). En su forma de Ishtar, la diosa de la cultura sumeria se convierte en la diosa de la belleza y la sensualidad babilónica, a la que agradaban los actos de amor carnal y que para asegurar su veneración y culto se consagraban vírgenes al servicio del templo, dedicándolas a la prostitución sagrada, es decir a la prostitución selectiva y puntual, cuyo provento se dedicaba exclusivamente al servicio del templo.
En el gran templo de Ishtar en Babilonia, el E-ana, cercano al Gran Esagifa, moraban las sacerdotisas que se dedican al servicio de la diosa, es decir a efectuar actos de fornicación con los que pagan el precio del rito que se entera en la caja del Templo. Las sacerdotisas tienen horarios fijos de culto, no aceptan sino a aquél que ha pagado el precio a la Diosa y no aceptan desviaciones del acto sencillo y directo. Están reputadas como religiosas y se les acuerda un tratamiento honorable cuando salen al exterior de su templo. Igualmente se dice que cada adolescente debe consagrar su primer acto sexual a la diosa y que este acto debe ser efectuado dentro del templo en la forma de un rito, similar al de las sacerdotisas regulares del templo. Sobre esta forma de veneración carnal directa a la diosa hay muy pocas referencias, se tienen modelos de arcilla y representaciones de los órganos genitales tanto femeninos como masculinos en arcilla cocida, encontrados en los depósitos del templo y algunas referencias en Heródoto y Diodoro Sículo y luego en Luciano, las cuales fueron repetidas por otros escritores posteriores en sus obras históricas y costumbristas. Los escritores clásicos son los únicos que describen este culto de forma objetiva, ya que en la Biblia encontramos numerosas referencias a los actos "abominables” de las canaanitas, como adoradores de una diosa lasciva de origen babilónico, pero ninguna descriptiva. Ishtar es la diosa del panteón sumero-acádico que se equipara a la Astarté canaanea y a la Afrodita griega. El origen del nombre es incierto, tenemos la palabra acadia Ishtarati que significa diosas. La palabra “diosas” escrito ideográficamente en sumerio significa Innana, que puede derivar de Ninanna “Dama del Cielo”; escrito silábicamente en acadio dariva de la forma Esh-tar, que probablemente significó “Dama de las Batallas”. La Innana/Ishtar babilonia tiene tres diferentes mitos y tres formas distintas de reinado divino, en las que se presenta en un aspecto diferente. El primero de ellos es el que interesa particularmente porque es el aspecto de divinidad de amor carnal, divinidad sensual, concernida especialmente con el sexo extramarital. Los otros dos son el aspecto marcial como Señora de las Batallas y el otro aspecto es el planetario-celeste asociada con Venus, la estrella de la tarde.
Innana/Ishtar
En su aspecto de divinidad amorosa Innana/Ishtar es la protectora de las prostitutas y de los amoríos extramaritales, que por cierto no tenían connotación especial en Babilonia, ya que el matrimonio era un contrato solemne que perpetuaba la familia como sostén del estado y como generadora de riquezas, pero en el que no se hablaba de amor o de fidelidad amorosa. “Una prostituta compasiva soy”, dice Ishtar. Innana/Ishtar no es una diosa del matrimonio, ni es una diosa madre. El matrimonio sagrado o la sacra hierogamia que se representaba todos los años en el templo babilónico no tiene un implicación moral ni es modelo de matrimonios terrestres, es un rito de fertilidad altamente estilizado con tonos litúrgicos.
El primer escritor que describe el sexo ritual o la prostitución ritual es Heródoto en el siglo V a.J.C. , en sus “Historias” cuando describe el centro religioso de la gran ciudad de Babilonia, ya venida a menos y anota las costumbres poco usuales para un griego. Luciano en el siglo II, a.J.C., también describe el mismo rito, pero esta vez en la ciudad de Biblos en el Líbano, en un templo de Astarté. Las descripciones de actividades sexuales son comunes en los glifos y relieves de los siglos del período dinástico temprano, con posiciones eminentemente simples, durante el período dinástico acadio tenemos que estas escenas tienen lugar en una cama con las patas en la forma de patas de leones, con varias otras figuras como testigos en una especie de banquete por lo que se deduce que debe tratarse no de un acto privado sino del matrimonio sagrado (hierogamia sacra). Del principio del II milenio hay placas de terracota cocida que representan escenas de actividades sexuales y otros que representan órganos genitales femeninos y masculinos que deben ser amuletos. Durante el período asirio se representa el acto sexual, con la mujer siempre recostada en un altar, en los relieves y plaquetas, estas figuras deben representar no la hierogamia sacra sino otra forma de adoración sexual, probablemente lo que se ha llamado prostitución sagrada. Muchas de estas plaquetas y figurillas se han encontrado en el Templo de Assur, claro indicio del carácter sagrado del acto sexual que rapresentan.
En cuanto al carácter compasivo del rito, las prostitutas se llaman también “las compasivas” , teniendo piedad de ...“toda la raza humana”, según dicen que dijo alguna vez María Magdalena la prostituta de los Evangelios. El significado de esa “compasión” se define como con la pasión compartiendo la emoción, emoción que parece ser tan vieja como. la humanidad misma. Siendo tal vez derivado de la figura de Diosa Madre, al mismo tiempo generadora y nutricia, es decir que se ocupa del bienestar físico def hombre y de un bienestar más sutil aún, el bienestar psíquico. lshiar fue llamada la “Protectora de las Prostitutas” Hac. Har, raíz de los vocablos, “hourí”, “hora”, “hetaera” y “harlot”, además de “harem”. Los atributos de Afrodita derivan de su nombre, cuya raíz es aphrodis , la consumación gozosa de la sexualidad, el acto carnal. En la “Odisea” su nombre se usa en este sentido aunque es muy raro encontrar referencias a esta diosa en la época Micénica. En su viaje al oeste, el concepto de la diosa Ishtar/Astarté, divinidad sexual, celeste y maternal al mismo tiempo, el primer paso en la ruta es la isla de Chipre, el sitio de Paphos. En la “Teogonía” de Hesíodo Afrodita nace de la espuma del mar y toma tierra en Chipre, en Paphos. Esa espuma, dicho sea de paso, fue formada por el choque de los órganos de sexuales de Uranos que Cronos cortó con una hoz y arrojó al mar. De Chipre a Citerea es un corto trecho y de allí a Corinto, otro. (ver el mapa) La ciudad del istmo tuvo conexiones marítimas con todos los puntos del Egeo, además de con muchos de Levante y por supuesto con la isla del cobre, Chípre, durante casi todo el I milenio a.J.C. Las “jóvenes complacientes y hospitalarias” que describe Píndaro, en el período de las Guerras Médicas, son devotas de la Aphrodita Pandemos. El culto a la Afrodita corintia en la forma de prostitución ritual debió haber continuado hasta tiempos romanos según escritos romanos que cuentan sus experiencias en templos corintios, antes de la destrucción de la ciudad en el 146 a.J.C. La Biblia habla de las “abominaciones canaanitas”, en términos de prácticas sexuales ofensivas porque eran efectuadas en honor a dioses locales, pero no habla de la practica, extendida y confirmada, de la prostitución sagrada en Babilonia en honor a la diosa Ishtar, la misma Astarté o Ashtoret canaanita, sino en términos muy vagos y menos condenatorias que a su contraparte canaanita. Una cierta repulsión o un inconsciente deseo de obviar esta práctica ha influenciado para que no se haya escrito una verdadera investigación seria del tema, que tiene ramificaciones sorprendentes en el campo de los estudios religiosos.
jueves, 3 de febrero de 2011
Del terror y el tiempo secreto: Olivia de Havilland.
La gran Olivia de Havilland, a la que evidentemente se recuerda por su Melanie Hamilton de ‘Lo Que el Viento se Llevó’, antes de refugiarse en la televisión y en superproducciones de tipo catastrófico con grandes estrellas, protagonizó en 1964 dos películas agobiantes de terror psicológico que recogen dos impresionantes interpretaciones de esta extraordinaria actriz, tal y como nos tenía acostumbrados en la mayoría de las veces, y digo “tenía” porque dejó de interpretar en 1988. Por cierto, que de Havilland es una de las pocas actrices del cine clásico que siguen vivas (tiene 91 años), y es uno de los pocos vestigios que quedan de un tipo de cine que parece extinguirse a pasos agigantados, dada la poca repercusión que las televisiones le dan.
La primera de esas dos películas de 1964 es esta ‘Lady in a Cage’, la otra es la impresionantemente magistral ‘Canción de Cuna para un Cadáver’, del gran Robert Aldrich y que es un film mucho más recordado (y mejor) que el que nos ocupa. La película narra como una mujer, la cual necesita un bastón para caminar y un ascensor para desplazarse de un piso a otro en su gran casa, se queda encerrada en el mencionado ascensor debido a un corte de electricidad. Nadie volverá hasta dentro de unos días, y la situación se vuelve desesperada cuando un vagabundo entra en la casa y aprovecha para robar. No será el único.
La película se parece en algunas cosas a ‘Horas Desesperadas’, una de las obras maestras de William Wyler, y en cierto modo puede ser considerada como una precursora de ‘La Habitación del Pánico’, el magnífico film de David Fincher con el que guarda más de un parecido. Toda la acción, salvo algunos planos descriptivos del exterior, sucede en el interior de una casa, limitándolo todo a lo que ocurre cerca del ascensor, siendo las mejores escenas las que están tomadas desde ese punto de vista, o sea, desde el punto de vista del personaje central, una mujer agobiada por estar en esa situación y desconocer las intenciones de sus inesperados visitantes.
La puesta en escena de su director, Walter Grauman, es totalmente efectiva, haciendo un muy buen uso del único escenario que posee, una tranquila casa, enfocándola desde muchos ángulos. Quizá por momentos tenga un poco de apariencia televisiva típica de los años 60, debido evidentemente a que Grouman fue un director que se prodigó muchísimo más en la pequeña pantalla que en la grande, realizando episodios de series muy conocidas como ‘V’, ‘La reportera del Crimen’ o ‘El Fugitivo’. Grauman nos ofrece un film entretenido, por momentos muy agobiante, aunque a veces algo exagerado.
Y esa exageración hay que encontrarla en algunas de sus interpretaciones, por ejemplo en la de James Caan, que aquí realizaba su primera incursión acreditada en una película de cine. Caan nunca me pareció un gran actor, pero tampoco malo. Ahora bien, en esta película está realmente insoportable, logrando que su personaje, un joven delincuente, sea totalmente increíble, con lo que la película pierde puntos cuando Caan entra en escena. Afortunadamente, y en clara contraposición, tenemos a una Olivia de Havilland demostrando lo que es ser actriz, y dando una lección de interpretación, muy por encima del resto del reparto, que se mueven todos entre la corrección y la sobreactuación.
Una buena película para pasar un buen rato; cierto es que podría haber desarrollado mejor algunas de sus bazas, pero desde luego es un film bastante bien llevado con una premisa realmente original. Si tienen oportunidad de verlo en las retransmisiones del TCM ( dial 505) de Direct Tv, es una buena oportunidad para rescatar una de las películas más desconocidas de Olivia de Havilland. Sólo por ella ya merece la pena.
La primera de esas dos películas de 1964 es esta ‘Lady in a Cage’, la otra es la impresionantemente magistral ‘Canción de Cuna para un Cadáver’, del gran Robert Aldrich y que es un film mucho más recordado (y mejor) que el que nos ocupa. La película narra como una mujer, la cual necesita un bastón para caminar y un ascensor para desplazarse de un piso a otro en su gran casa, se queda encerrada en el mencionado ascensor debido a un corte de electricidad. Nadie volverá hasta dentro de unos días, y la situación se vuelve desesperada cuando un vagabundo entra en la casa y aprovecha para robar. No será el único.
La película se parece en algunas cosas a ‘Horas Desesperadas’, una de las obras maestras de William Wyler, y en cierto modo puede ser considerada como una precursora de ‘La Habitación del Pánico’, el magnífico film de David Fincher con el que guarda más de un parecido. Toda la acción, salvo algunos planos descriptivos del exterior, sucede en el interior de una casa, limitándolo todo a lo que ocurre cerca del ascensor, siendo las mejores escenas las que están tomadas desde ese punto de vista, o sea, desde el punto de vista del personaje central, una mujer agobiada por estar en esa situación y desconocer las intenciones de sus inesperados visitantes.
La puesta en escena de su director, Walter Grauman, es totalmente efectiva, haciendo un muy buen uso del único escenario que posee, una tranquila casa, enfocándola desde muchos ángulos. Quizá por momentos tenga un poco de apariencia televisiva típica de los años 60, debido evidentemente a que Grouman fue un director que se prodigó muchísimo más en la pequeña pantalla que en la grande, realizando episodios de series muy conocidas como ‘V’, ‘La reportera del Crimen’ o ‘El Fugitivo’. Grauman nos ofrece un film entretenido, por momentos muy agobiante, aunque a veces algo exagerado.
Y esa exageración hay que encontrarla en algunas de sus interpretaciones, por ejemplo en la de James Caan, que aquí realizaba su primera incursión acreditada en una película de cine. Caan nunca me pareció un gran actor, pero tampoco malo. Ahora bien, en esta película está realmente insoportable, logrando que su personaje, un joven delincuente, sea totalmente increíble, con lo que la película pierde puntos cuando Caan entra en escena. Afortunadamente, y en clara contraposición, tenemos a una Olivia de Havilland demostrando lo que es ser actriz, y dando una lección de interpretación, muy por encima del resto del reparto, que se mueven todos entre la corrección y la sobreactuación.
Una buena película para pasar un buen rato; cierto es que podría haber desarrollado mejor algunas de sus bazas, pero desde luego es un film bastante bien llevado con una premisa realmente original. Si tienen oportunidad de verlo en las retransmisiones del TCM ( dial 505) de Direct Tv, es una buena oportunidad para rescatar una de las películas más desconocidas de Olivia de Havilland. Sólo por ella ya merece la pena.
miércoles, 2 de febrero de 2011
El rostro de la Diosa en el espejo.
Pocas dimensiones se han visto tan sometidas a cambio en las últimas décadas como la identidad femenina. Los mensajes que recibimos las mujeres acerca de cómo debemos ser son múltiples y contradictorios. Se nos bombardea con nuevas informaciones, se nos amplían los espacios públicos y se nos invita a ocuparlos. Sin embargo, los roles anteriores y sus mandatos siguen vigentes y nos debatimos entre antiguas lealtades y caminos inspiradores que se nos abren.
La mitología, con su antigua sabiduría, se nos ofrece para ayudarnos. Ella nos habla a través de símbolos; es decir, en términos de imágenes que nos resultan familiares en la vida diaria, pero que en el contexto mitológico poseen connotaciones específicas, además de los significados convencionales.
Las huellas arqueológicas nos muestran que desde el período paleolítico superior aparece la presencia de la deidad femenina. Conocida con muchos nombres, la gran diosa era venerada como una fuerza femenina conectada con la naturaleza y la fertilidad, responsable de la creación y la destrucción de la vida.
En la mitología griega antigua, los atributos de la gran diosa se dividieron entre diosas diferentes, que representan dimensiones específicas femeninas antes encarnadas en una figura única omnipotente. Las diosas griegas son imágenes de mujeres que han vivido en la imaginación de la humanidad durante más de tres mil años. Los arquetipos más estudiados desde la perspectiva sicológica corresponden a seis diosas ubicadas entre los 12 dioses del Olimpo. Estas son Hestia, Hera, Artemisa, Atenea, Afrodita y Deméter. A esta última se agrega su hija Perséfone, cuya mitología no se puede separar de la de su madre. Autores junguianos han dividido estas siete diosas en tres categorías: vírgenes, vulnerables y alquímicas.
Las diosas vírgenes corresponden a Artemisa, Atenea y Hestia. Artemisa es la diosa de la caza y de la luna, Atenea la diosa de la sabiduría y la artesanía, y Hestia, la diosa del hogar. Las diosas vírgenes representan la cualidad de independencia en las mujeres. Al contrario de las demás diosas del Olimpo, estas tres no podían enamorarse. Los apegos emocionales no las desviaban de lo que consideraban importante. Como arquetipos, expresan la necesidad de autonomía de las mujeres y la capacidad que éstas tienen de centrar su conciencia en lo que tiene sentido personalmente para ellas.
La segunda categoría corresponde a las diosas vulnerables: Hera, la diosa del matrimonio; Deméter, la diosa de las cosechas, en su rito principal, se enfatiza su rol de madre; Perséfone corresponde al arquetipo de la hija. Estas diosas representan los papeles tradicionales de la esposa, la madre y la hija. Son los arquetipos orientados hacia las relaciones, cuyas identidades y bienestar dependen de tener un vínculo significativo. Po-seen una conciencia de tipo difuso, asociada a una actitud receptiva y atenta a los otros.
Afrodita, diosa del amor y la belleza, se ubica como única integrante en la categoría de diosas alquímicas. Se alude con ese nombre al poder de transformación que ella por sí sola poseía. Creaba amor, belleza, sensualidad, sexualidad y nueva vida. Entablaba relaciones por decisión propia y nunca fue victimizada. Su conciencia era receptiva y al mismo tiempo estaba concentrada. El arquetipo de Afrodita motiva a las mujeres a perseguir más la intensidad que la permanencia de las relaciones, a valorar el proceso creativo y a estar abiertas al cambio
El conocer a las diosas nos permite darnos cuenta de que podemos ser varias mujeres a la vez. Diversas situaciones vinculadas a la época histórica, medio socioeconómico, familia en que nos toca nacer, así como también nuestra etapa de vida, hacen que se enfaticen ciertos arquetipos sobre otros. De este modo, adquirimos identidad en su ejercicio, desarrollando lealtades frente a ellos, permaneciendo desconocedoras de otros que yacen dormidos en nuestro interior. El reconocerlos y sentir que podemos funcionar con las diosas en conjunto nos permite integrar distintas dimensiones y armonizar aspectos de nosotras mismas que parecen excluyentes. En compañía de ellas podremos avanzar en un desarrollo personal, que respete e incluya nuestras contradicciones, deseos y necesidades.
martes, 1 de febrero de 2011
La conciencia del pecado venial.
A veces me preocupa un poco que la sociedad insista, de una manera que hace pensar que es una obligación intrínseca, en que la mujer debe ser buena, ordenada y obediente, lo que sea que signifiquen esos término dentro de determinado contexto. Una sentencia tácita que obliga a la mujer a actuar, comportarse y pensar de una manera especifica, siendo entonces coartada, disminuida y aislada en su espíritu más salvaje y poderoso. Mi abuela solía decir que la sociedad imponía la necesidad de normalizar lo anormal para englobar este tipo de reflexiones y mientras analizo la idea, no puedo menos que coincidir con ella. Se trata de un angustioso precepto que muchas mujeres intentar incluir dentro de su estructura de pensamientos, ignorando sus voces más profundas, su instinto más primigenio. Un silencio de la conciencia que me parece en lo personal, peligroso y la mayoría de las veces, peligroso.
La normalización de lo anormal, incluso en el caso de que no quepa la menor duda que una situación irregular y destructora acaece, se aplica a la violencia, al simple hecho de aceptar la discriminación de género como idea cultural comprensible - la típica noción que las mujeres debemos entender en cierta medida el machismo, los roles sociales arquetipicos - , la indiferencia hacia el mundo emocional e intelectual de la mujer, la intolerancia intrínseca hacia nuestros valores más personales. El golpeteo incesante que sufre la integridad de nuestra naturaleza creativa, espiritual e instintiva. La mujer se enfrenta a la disyuntiva de intentar defender la vitalidad y el poder su espíritu personal, en contra de las proyecciones invasoras de carácter físico, cultural o de otro tipo que insisten en aplastar su individualidad, destruir su propio sentido de la identidad a través de una generalización verbal y cognoscitiva de nuestro valor como ciudadano moral e intelectual de la sociedad a la que pertenecemos.
Por eso motivo, abogo por la desobediencia, el desorden, la fuerza de voluntad que destruye todo limite y todo concepto pre concebido. Lucho porque la sabía voz que nos anima a resistir, un retazo de instinto que nos induce a aguantar hasta que podemos iniciar la laboriosa tarea de reconstruir el sentido más personal, el instinto interior. Hay una voz salvaje que vive en el interior de todas nosotras, y que es capaz de comprendernos mejor que cualquier otra percepción natural o que pudiéramos considerar razonable y que nos impulsa a crear, a otorgar una importancia enorme y consistente a nuestra voracidad intelectual, a nuestro deseo emocional, a la capacidad profunda y caótica de actuar en concordancia con nuestro concepto del mundo. Ningún limite, ningún valor que no provenga de nuestra convicción más intima, todas las ideas que recrean nuestro universo interior alzándose en todas direcciones, construyendo un Universo espléndido donde el eje rutilante - pura energía, el deseo insuperable - sea nuestra voluntad inexorable de encontrar nuestro rostro más personal, nuestra idea más paradigmática sobre quienes somos, hacia donde vamos, que esperamos de nuestra perspectiva personal.
Sonrío, recordando la manera como mi abuela resumía todas las ideas anteriores: "Resiste al orden, resiste a todo lo no permita que renazca la esperanza, abandona la frialdad y entrégate al fuego de tus dedos, ábrete camino a golpes en medio del tumulto del temor y la incertidumbre, recupera tus fuerzas, abre los brazos, recibe al sol, déjate llevar por la voz de tu memoria. No importa el tiempo que tarde ni la forma en que lo hagas, siempre entrégate a la furiosa necesidad de comprenderte, de darle sentido a tus ideas, de crear"
Ah, sí, la danza de las estrellas púrpuras en mi mente. La fiera fuerza del instinto, la espléndida necesidad de darle un sentido exacto a nuestra voluntad.
Así sea.
La normalización de lo anormal, incluso en el caso de que no quepa la menor duda que una situación irregular y destructora acaece, se aplica a la violencia, al simple hecho de aceptar la discriminación de género como idea cultural comprensible - la típica noción que las mujeres debemos entender en cierta medida el machismo, los roles sociales arquetipicos - , la indiferencia hacia el mundo emocional e intelectual de la mujer, la intolerancia intrínseca hacia nuestros valores más personales. El golpeteo incesante que sufre la integridad de nuestra naturaleza creativa, espiritual e instintiva. La mujer se enfrenta a la disyuntiva de intentar defender la vitalidad y el poder su espíritu personal, en contra de las proyecciones invasoras de carácter físico, cultural o de otro tipo que insisten en aplastar su individualidad, destruir su propio sentido de la identidad a través de una generalización verbal y cognoscitiva de nuestro valor como ciudadano moral e intelectual de la sociedad a la que pertenecemos.
Por eso motivo, abogo por la desobediencia, el desorden, la fuerza de voluntad que destruye todo limite y todo concepto pre concebido. Lucho porque la sabía voz que nos anima a resistir, un retazo de instinto que nos induce a aguantar hasta que podemos iniciar la laboriosa tarea de reconstruir el sentido más personal, el instinto interior. Hay una voz salvaje que vive en el interior de todas nosotras, y que es capaz de comprendernos mejor que cualquier otra percepción natural o que pudiéramos considerar razonable y que nos impulsa a crear, a otorgar una importancia enorme y consistente a nuestra voracidad intelectual, a nuestro deseo emocional, a la capacidad profunda y caótica de actuar en concordancia con nuestro concepto del mundo. Ningún limite, ningún valor que no provenga de nuestra convicción más intima, todas las ideas que recrean nuestro universo interior alzándose en todas direcciones, construyendo un Universo espléndido donde el eje rutilante - pura energía, el deseo insuperable - sea nuestra voluntad inexorable de encontrar nuestro rostro más personal, nuestra idea más paradigmática sobre quienes somos, hacia donde vamos, que esperamos de nuestra perspectiva personal.
Sonrío, recordando la manera como mi abuela resumía todas las ideas anteriores: "Resiste al orden, resiste a todo lo no permita que renazca la esperanza, abandona la frialdad y entrégate al fuego de tus dedos, ábrete camino a golpes en medio del tumulto del temor y la incertidumbre, recupera tus fuerzas, abre los brazos, recibe al sol, déjate llevar por la voz de tu memoria. No importa el tiempo que tarde ni la forma en que lo hagas, siempre entrégate a la furiosa necesidad de comprenderte, de darle sentido a tus ideas, de crear"
Ah, sí, la danza de las estrellas púrpuras en mi mente. La fiera fuerza del instinto, la espléndida necesidad de darle un sentido exacto a nuestra voluntad.
Así sea.