martes, 12 de junio de 2012

Caracas, ¿Quién eres?



Caracas es la ciudad del sobresalto. En mi mente, la bauticé así desde hace mucho tiempo antes de convertirnos en la cuarta capital más peligrosa del mundo. Y no me refiero solo al hecho real  y concreto que vivo en una ciudad peligrosa y eso me produce el inevitable estrés normal en una situación parecida, si no que peor aun, ya nos acostumbramos a vivir con la sempiterna sensación de estar amenazados. Por supuesto, tan equivocados no andamos para sufrir esta constante sensación de temor: Cada semana la violencia deja al menos medio centenar de asesinatos, los asaltos y atracos a mano armada son cosas de todos los días y de hecho, Caracas padece un toque de queda discreto, que nadie ha anunciado, cada noche. De manera que sí, somos una ciudad de paranoicos. Y con razón.

La situación parece extenderse a todos los extremos de nuestra vida: lo cotidiano, lo simplemente personal, incluso lo intimo. Sobre un poco de eso, es que tratan estas pequeñas anécdotas que decidí recopilar hoy como parte de esa enorme circunstancia que vivimos todos los caraqueños, a diario y que ya forma parte de nuestra vida. 

Del toque de queda, del no salgas por la noche y el mejor me quedo en mi casa:

Hace menos de una década, Caracas tenía una vibrante vida nocturna. Por supuesto, el hampa y la inseguridad ya formaban parte del todos los días, pero aun así, era posible - y no demasiado inquietante -a salir a comer después del atardecer, bailar en una discoteca hasta casi el amanecer, incluso algo tan prosaico como asistir a una función de cine después a la medianoche. Era una Caracas noctámbula, que incluso parecía evolucionar hacia esas ciudades donde el día y la noche se confunden: establecimientos abiertos las veinticuatro horas del día o incluso, ese hábito simplón de comprar comida rápida a mitad de madrugada. Para la adolescente que comenzaba a convertir en adulta, aquel era el Paraíso: insomne desde siempre, el hecho de poder recorrer la ciudad durante la noche, disfrutar de ella, era una manera de extender esa idea personal de la noche más allá de la habitación. Caracas nunca me pareció más bella, que esas noches claras, muy calurosas o las cristalinas y muy frías. Caracas siempre, como parte de mi historia.

Ahora mismo, mientras escribo el anterior párrafo me sorprende realmente que alguna vez me atreviera a salir después de las once de la noche de mi casa. Y es que la sensación ahora mismo es una especie de pánico perpetuo que va desde el terror manifiesto hasta la paranoia extrema. Caracas se ha convertido en un lugar árido, peligroso y desconocido para la generación que creció un poco a expensas de esa ciudad un poco borde, cosmopolita y radiante de finales de la década de los noventa. Por el contrario, la Caracas del nuevo milenio está viendo crecer a una juventud que aprende tácticas contra robo y secuestros, que maneja vehículos con cristales blindados y sabe que su vida está en riesgo, con una claridad meridiana que resulta inquietante. A veces, en las contadas ocasiones en que recorro Caracas durante la noche, miro las calles solas, con una cierta inquietud de tierra arrasada. Porque no se trata del silencio normal de la noche, sino de algo más amplio y difícil de digerir: estoy en peligro. Ese es el pensamiento que tengo a toda hora, y creo que es común entre muchos de los ciudadanos de esta ciudad que se ha convertido en una cárcel para sus propios ciudadanos: te tengo miedo Caracas.

Cuanto esfuerzo lleva admitir eso. Me hace sentir dolor. Porque este miedo a Caracas, no es solo durante la noche. Es el miedo a subirme en un vehículo de transporte público y enfrentarme a un asaltante, es resultar herida por llevar un teléfono que a alguien puede comprendida mercancía deseable. El arco de las variables y posibilidades se abre en todas direcciones y de pronto te encuentras, en un estado de temor que no puedes definir porque no es completamente tuyo: hablamos de una idea general, que parece contagiarse en todas direcciones, que se afianza en lo diario, que se hace más fuerte en lo cotidiano y que parece crecer constantemente. Y es miedo. Es miedo cuando la paranoia te desborda e incluso lo minimo se convierte en amenaza. Es terror cuando comprendes que Caracas parece cercarte. O mejor dicho, no seamos injuntos por completos con la ciudad, la sensación se multiplica en sí misma, se alimenta de todos los momentos, de todas las ideas, de cada sobresalto que resiste a toda lógica. Porque justamente es esa la raíz del miedo, del desamparo que los caraqueños sentimos a diario: este miedo duro, denso, de todas partes y en todos los lugares, se ha convertido para nosotros en algo tan natural como respirar.

Al pensar todo esto, siento tristeza. No es para menos supongo. Soy caraqueña y esa ciudadanía lleva aparejado cierto amor imposible, casi doloroso por esta circunstancia rodeada de matices que llamamos hogar. Pero ese dolor tiene mucho de agrio, de un cinismo recién nacido que todavía no sé que nombre lleva. Porque Caracas siempre será la ciudad donde crecí, mi identidad como ciudadana de cualquier parte, pero también, es esta inquietud,  este temor que nace, de esta angustia que me sofoca y de esta simple visión que tengo como parte de este todo, de este todos los días del sobreviviente de una urbe cada vez más violenta e inhóspita. 

C'est la vie. 

5 comentarios:

Rao dijo...

En días pasados, por cuestiones de trabajo, conversaba con un argentino que tienes tres meses viviendo en Caracas y me decía que le generaba demasiada tristeza no poder disfrutar de la Caracas nocturna, me decía que Caracas en la noche tiene un clima perfecto para caminarla, que sus colores eran para disfrutarlos sentados en una plaza; y a mí se me llenaban los ojos de lágrima recordando esa Caracas que alguna vez viví y que me arrebataron de las manos... Y que me niego a perder!

Miss B dijo...

Rao, y es que angustia realmente, que Caracas sea cada vez más inhóspita. Que vayas por la calle y sientas una especie de paranoia a todo nivel que en lo personal, intento reprimir pero no puedo. Con todo, yo creo que Caracas - la identidad - es parte nuestra. Cuanto lamento que la desidia y el irrespeto ciudadano esté reduciendo a Caracas a lo que es ahora: Una ciudad de sobresaltos.

Gracias mi bella, por leer y comentar.

ninoska dijo...

:(... es por esto, que despues de 3 atracos mano armada (con mis hijas que eran unos bebes) + dos intentos (moi=2 vs choro=0), soy residente de Montréal, con quien tengo un profundo romance... pero siempre siempre sere una eterna enamorada de ccs... ("te quiero, vivirte sin miedos")

excelente reflexion, lastima que no sea ficcion...

Miss B dijo...

Cuanta tristeza me da leerte bella. Pero ya sabes, somos caraqueños allí a donde vayamos.

Gracias por leer y comentar!

nico dijo...

Días muy cercanos a la publicación de esta reflexión, yo terminaba de editar un corto (El Retiro) que explora el eco psicológico de la violencia caraqueña. Acá está el link: https://vimeo.com/45242360. Un placer leerte

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