lunes, 18 de junio de 2012

De curvas, la talla inexistente y otros detalles de estética en el país de las mujeres más bellas.





Erase una vez una chica en los treinta y no te importa, que quería comprarse un par de pantalones talla media...

Y comienzo este post como si se tratara de un cuento de hadas, porque casi lo es: en el país de los concursos de belleza, la capital de las protesis de silicona mamarias y el culto a la belleza, tener una figura normal es uno de esos pequeños problemas a los que debes enfrentarte. Y es algo que pareciera irrisorio ( lo es ) pero que en realidad es preocupante: ¿Que ocurre con nuestra visión, el estereotipo de la mujer y la perspectiva de la estética estando tan deformada como la está en nuestro país? Es una pregunta que inquieta, que entristece en ocasiones, pero que la gran mayoría de las veces solo desconcierta, como me sucedió a mi.

El mito del pantalón talla diez.

Hace poco, tuve una de esas pequeñas revelaciones cotidianas que suelen ocurrirnos de vez en cuando: abrí mi armario y comprendí que necesitaba renovar el guardarropa. Nada grave ni de extrema gravedad. Digamos que se trataba de un simple deseo súbito de refrescar un poco me imagen personal. Así que arrojé a la basura los jeans demasiados viejos, las camisetas desteñidas, el sueter muy querido pero que ya no resistía ni una sola postura más y con ese buen animo de los ingenuos, decidí comenzar a comprar lo que lo más entendidos que yo en moda llaman "Los básicos". Como buena neurótica, me armé de una lista pormenorizada de qué necesitaba y comencé a recorrer centros comerciales de mi ciudad.

Al principio todo fue sencillo: me compré unas cuantas y bellas blusas color blanco, otra muy elegante negra y una especie de falda que juzgue, desde mi extraña visión del buen gusto - que no suele ajustarse demasiado a la palabra glamour - presentable. No obstante, cuando comencé a buscar un par de buenos pantalones negros, una prenda indispensable en mi guardarropa - la facilidad y la comodidad de un pantalón es inmitable - empezaron los problemas. Porque en nuestro país, por extraño o absurdo que parezca, encontrar un pantalón de una talla considerada regular es poco menos que una odisea de lo frivolo.

Al principio, creí que se trataba de una de mis manias: cuando entré a la elegante tienda miré a mi alrededor con cierta suspicacia. Toda la ropa era hermosa - eso, por descontado - pero también...pequeña. Y no hablo que mi figura sea especialmente voluminosa. Es la de una mujer normal, que no cuida especialmente su alimentación y que odia ejercitarse. No obstante toda la ropa de aquella tienda me pareció inquietamente diminuta. Y lo era. Cuando escogí un par de pantalones que me agradaron, encontré que la talla más "grande" era una tirante nueve, que por supuesto no pude ponerme de ninguna manera. Incomoda, le pedí a la vendedora una talla más amplia. La chica, diminuta y delgada como si formara parte de la tienda, me miró de arriba a abajo.

- Diez es la talla más grande - explicó. Miré el supuesto diez: La cintura era casi exactamente del diametro de una mis piernas y además, la solida tela de algodón evitaba cualquier intento de estirar, deformar. Le entregué la pieza con cierto desánimo a la vendedora, que lo recibió con una mueca de suficiencia que no sé si me imaginé. Muy  probablemente no.

En la segunda tienda me ocurrió lo mismo, solo que en este caso la vendedora ni se molestó en indicarme donde quedaba el mostrador. Miró mi cuerpo de mujer normal, con mis jeans gastados y mi camiseta desteñida de los Rolling Stone y me explicó que probablemente no encontraría ropa de mi talla allí. Y no lo hizo en un tono especialmente violento. Solo había que mirar aquella tienda llena de maniquies pechugones para comprender que tenía razón. En la cuarta la situación incluso fue risible: la ropa era tan pequeña que ni la revisé. Me dediqué a disimular haber entrado allí, dando unas cuantas vueltas entre los modernos mostradores de cristal y acero inoxidable para luego salir de allí, casi avergonzada.

¿Pero avergonzada por qué? Me pregunté caminando por el Centro Comercial, comenzando a sentirme deprimida. ¿Tendría que sentirme culpable por no ser desconcertantemente delgada? ¿Tengo que preocuparme por el hecho que mis medidas no calzan ni por asomo en el mítico 90 - 60 - 90? O que esta ocurriendo con el mundo de la estética que insiste y presiona para crear una figura que no existe, que no es real, que no tiene mayor sentido, que es solo obra de una especie de idealización de la mujer? No lo sé, pensé, insegura, mirando mi reflejo en el espejo: las caderas un poco anchas, las curvas levemente pronunciadas. No sé que ocurre pero solo sé que no está bien. Solo sé que no debería sentirme de esta manera, solo sé que quisiera no sentirme parte de un grupo silente que no forma parte de una idea venial sobre la mujer en donde parezco no encajar. ¿Y que pasa con las mujeres más allá de la talla diez? Pensé mientras entraba en otra tienda y compraba una divertida camiseta con el logo de mi super héroe favorito, ¿Que pasa con las que simplemente no quieren llevar ropa a la moda? ¿Que ocurre con la belleza de las que llevan vestido? ¿Las que aman la libertad de ser quienes desean y la ropa lo expresa? Caminando por los pasillos me sentí un poco alucinada: los maniquies increíblemente esbeltos parecían mirarme, con sus enormes pechos de plastico brillante, sus extrañas miradas pintadas. Y tuve la escalofriante sensación que miraba lo que esta sociedad de la belleza petrificada, la belleza sin mácula, la belleza irreal ve realmente. El pensamiento me sacudió un poco y sentí miedo. No un miedo fuerte, electrizante. Algo más parecido a una comprensión súbita de una idea torva.

No logré comprar el susodicho pantalón. Es decir, si lo logré pero unos cuantos días después y en una tienda pequeña, atendida por una dama muy bondadosa que me explicó que las tallas estandars no son para "todas". La escuché, caminando frente al espejo con un pantalón de vestir sin personalidad, extrañamente impersonal. Nada de la moda hermosa, exquisita que creo todos aspiramos poseer. Un pantalón sin mayor gracia. Y pensé en esa zona sin nombre donde habita lo que queda fuera del imaginario colectivo, del tema de las formas y los colores aceptados. Una idea inquietante, sin duda, pensé mientras guardaba el pantalón en el gavetero de mi closet - de donde creo no saldrá en mucho tiempo - , una forma de definición de la estética que en lugar de liberar - como todo sentido de la belleza - restringe, endurece y sofoca la feminidad.


6 comentarios:

Matete dijo...

Being there, done that... demasiado familiar se me hizo tu viaje, yo soy un inoncebible 14 y ya tengo varios años viviendo el calvario de conseguir pantalón, luego de un tiempo ubicas los lugares y te haces fiel a ellos, suerte en tu quest

kamihacker dijo...

Saludos

Al respecto, hace unos meses dialogaba con un chileno (en Buenos Aires) que lo que podría denominarse "belleza imperante" comienza por el adoctrinamiento (a través de la publicidad) del hombre con imágenes de lo que "debería" desear y a las mujeres de como "deberían" ser, sin embargo hay otros factores que considerar.

Hablando de ciencia hay estudios que respaldan la noción implícita contemporánea de estética asociada a los pechos grandes, ya que le indican al sexo opuesto "disponibilidad sexual"(1) así como las proporciones cintura-cadera tienen una relación con los niveles de Omega-3 en la mujer(2) y como esto beneficiaría a su descendencia (porque el peso seco del cerebro esta formado en un 20% de esta sustancia)

A cierto perfil de mujer, le resulta gratificante cuando recibe aceptación del género masculino, independientemente de si es solo por su aspecto físico, en ocasiones el fin justifica los medios y como tal, una cirugía estética (de cualquier tipo) es considerada válida para obtener el status o nivel de atención que desean socialmente. Esto se percibe de manera anecdótica en nuestro entorno.

Así tal y como se ven las cosas, es muy probable que se hagan más populares las mal llamadas modelos "plus size"(3) (por encima de talla 12) pero la "belleza imperante" de figura de guitarra probablemente ha llegado para quedarse, por razones impresas en nuestro material genético


(1) http://brainmind.com/sexdifferences.html

(2) http://www.psych.ucsb.edu/research/cep/papers/whrlassekgaulin2008.pdf

(3) http://en.wikipedia.org/wiki/Plus-size_model

Miss B dijo...

Lo peor María, es entender, sin lugar a dudas, que es un problema generalizado que puede parecer superficial, pero tiene unas razones y consecuencias más profundas de las que podemos ver a simple vista. Y con cierta angustia debo decirte que no ajaja sigo sin encontrar el pantalón casi mítico talla catorce.

Un besote mi bella, gracias por leer y comentar.

Miss B dijo...

Carlos, yo creo que el canon de belleza es una especie de interpretación de la expresión de la sexualidad como elemento cultural. Me refiero, en el medioevo la mujer hermosa era aquella que representaba la "pureza" y la deseable la curvilínea, por simbolizar prosperidad. En nuestra época de idealizaciones y transposiciones de metáforas, la belleza es una idealización, un lienzo en blanco donde podemos expresar cualquier cosa. O al menos eso pareciera, con el ideal de mujer pálido, delgado, inalcanzable. Una sexualidad solitaria, aislada y fría, casi un aislamiento corporal, quizá.

Un besote Carlos, como siempre muy interesantes tus aportes. Gracias por leer y comentar.

kamihacker dijo...

Dear Miss B,

Concuerdo con el concepto del lienzo para expresar cualquier cosa y lo relaciono con las distintas agrupaciones de tendencias que se encuentran para compartir gustos en común ejemplos sencillos son: Suicide Girls, Tribus urbanas como los Rastafaris, Skaters (EEUU), Tukkis (Venezuela), Wachiturros (Chile); quienes dentro de sus núcleos tienen cánones de estética y belleza distintos a los patrones convencionales de la masa.

Grupos de minorías que se abren paso para diferenciarse y apreciar rasgos distintivos poco comunes. Una respuesta inconforme al implacable empuje de la fábrica cultural

Un abrazo, que estes bien

Elisa dijo...

hablas de pantalón... yo soy talla 38 DD de busto, y a pesar de que cada día son más quienes se operan los senos a tallas como esta... para mi es un verdadero suplicio conseguir blusas lindas que no parezcan costales de papas, brassieres lindos bueno ni de broma, y no hablemos de un vestido de cocktail o de noche todos vaporosos con telas ligeras de tirantes que no permiten el uso del bra... y entonces con que sujetar los senos grandes... en cuanto a pantalón soy talla 13 pero soy muy alta es un verdadero martirio no ser parte de las mujeres 90 60 90

Publicar un comentario