domingo, 31 de mayo de 2015

La sonrisa de un libro abierto y otras historias de brujería.






Soy una bruja. Y también una mujer moderna.

Ambas cosas pueden parecer contradictorias. O en el mejor de los casos, sin sentido. Porque seamos honestos ¿Por qué una mujer del siglo XXI querría llamarse como las curanderas de antaño, las misteriosas damas de los bosques, esos personajes curiosos de la literatura popular? ¿Por qué querría nadie que pudieran confundirla con esas horribles pinturas e imágenes de mujeres de piel verde y cabello en punta? ¿O con esas criaturas malignas que según las viejas creencias, disfrutan con dañar y lastimar? Y siendo un poco más pragmáticos ¿Por qué alguien querría llevar un nombre antiguo, sin ningún aparente en el mundo moderno?

Hace años, me llevaba mucho rato explicar esas cosas. Como en la ocasión en que la madre de una de mis compañeras de clase del colegio, me regañó porque me llamé "bruja" cuando me preguntó cual era mi palabra favorita para describirme. Me miró con los ojos muy abiertos, soltó una risita nerviosa y luego me señaló con un dedo en tono acusador.

- Eso es una palabra muy fea. Ten cuidado como la utilizas.
- Es una palabra que me gusta. Y soy yo - le expliqué lo mejor que pude. Pero la señora no quiso saber nada sobre eso y pasó sus buenas dos horas, intentando convencerme que cambiara de opinión. Cuando no pudo hacerlo, soltó una carcajada burlona, sacudiendo la cabeza enfurruñada.

- ¿Pero por qué alguien querría llamarse así?

Me llevó algún tiempo comprender por qué lo hacia y sobre todo, por qué disfrutaba hacerlo. Y cuando lo descubrí, asumí que la brujería - llamarme bruja - era algo más que una curiosidad doméstica. Una idea a medio camino entre lo que creo y lo que aspiro ser.  Para empezar, quiero llamarme así. Lo hago porque además, me define mejor que cualquier otra palabra.  Nací en una familia de brujas y me eduqué para creer y crear, para construir mi mundo espiritual a la medida de mis ideas más trascendentales. Para confiar en la inocencia, para reconocer el peso de la crueldad y para asumir que no todo siempre es tan sencillo como aparenta. Y eso puede ser bueno o malo, sencillo o complejo. O simplemente, una manera de vivir, construir tus ideas y avanzar a través de ellas.

De manera que sí, soy una bruja. De las de verdad.

Pero soy ese tipo de brujas que consultan las fases de la Luna en su Smartphone de última generación, que se corta el cabello con un estilista - en las pocas ocasiones en que lo hace -, que va al supermercado para comprar las hierbas aromáticas que necesita, en lugar de cosecharlas en su jardín. Que escribe su libro de las sombras en cuadernos que hace confeccionar especialmente para eso y también, en el mundo digital. Soy una mujer de su tiempo, que aprecia  la ciencia y la tecnología, que cree en el debate de las ideas religiosas, que admira el poder de las ideas filosóficas. Soy una mujer que está convencida del poder de reflexionar, argumentar y debatir. De construir a través del arte un lenguaje consistente, de comprender el mundo a través de sus pequeñas virtudes y flaquezas. De las que está aspira al conocimiento, que defiende el poder de la palabra y que siempre aspira a la destructora libertad del pensamiento libre. En otras palabras, soy una mujer libre, loca y feliz que aspira a mirar el mundo desde su particular punto de vista.

¿Eso es suficiente para ser bruja? Mi abuela probablemente te diría que sí. Ella era de las brujas tradicionales, o como solía pensar de niña, como se supone debía ser una bruja de verdad.  Tenía el cabello trenzado,  cosía sus propios vestidos blancos, oficiaba rituales en celebración de la Luna y el Sol y sabía de memoria los usos y beneficios de la herbolaría. También, tenía una mente curiosa y muy inquieta, un gran sentido del humor y una enorme inteligencia visual. Para mi abuela, la brujería era una manera de pensar y de soñar, además de una vieja creencia. Una tradición que crece con el tiempo, que se hereda como una forma de sabiduría. Pero también una forma de persistencia de la fe, de las pequeñas cosas que parecen construir una idea muy amplia sobre esa región invisible de nuestra mente que con tanta ingenuidad, llamamos identidad. Porque una creencia no es más que nuestra manera de percibir el mundo. Y la brujería, un sueño muy viejo que se hereda de página en página en blanco donde comenzarás a escribir tu historia, entre manos abiertas para recibir conocimiento. De sueños que deseo construir.  ¿Y que es una bruja sino una mujer fuerte y sabia? ¿Que es una bruja sino una mujer que elabora sus propias ideas, que defiende la independencia de su mente y la libertad de su espíritu? De manera que sí, mi abuela te diría que lo que piensas te define y sin duda, creer en que tienes la libertad para ser una bruja, te hace desde luego, una de nosotras.

Pero no siempre es sencillo serlo. Me ha ocurrido que cuando lo digo en voz alta, alguien me dedica una larga mirada apreciativa - la mayoría de las veces con un toque burlón - y  luego,  intenta componer una expresión que refleje lo mejor que puede lo que está pensando al respecto.

- ¿Bruja?
- Sí
- ¿Como la de los cuentos?
- Bueno, que yo sepa aún no me he comido un niño hoy - miro el reloj - pero nunca es muy tarde para hacerlo.

Mi interlocutor entonces esbozará una sonrisa incómoda, que intentará resumir su incredulidad y también, esa insistente percepción que una palabra tan antigua no tiene espacio ni lugar en la cultura contemporánea. Porque vamos, hablamos de brujas ¿No? De mujeres con largos cabellos de aspecto salvaje, que viven en bosques ancestrales, que creen en cosas invisibles y celebran ideas primitivas. ¿Donde encaja eso en un mundo incrédulo, cínico, cada vez más tecnificado? ¿Que sentido tiene invocar un concepto tan viejo en una época que parece no necesitarlo?

Mi tia E. te diría que las brujas, son parte de la cultura y del mundo que consideramos normal incluso en maneras que apenas sospechamos. Que esa noción de la mujer poderosa, de la mujer que crea, protege y construye, de la mujer que es capaz de dar vida y también de parir ideas, es tan antigua como nuestra capacidad para soñar. Que la bruja, ha sido parte de las esperanzas y temores de cientos de culturas. De la bruja que cura, que cuida, que protege. La poderosa y benigna, la maligna y misteriosa. La que se esconde en el bosque, la que baila desnuda bajo la luz de la luna. La que levanta los brazos para celebrar pensamientos antiquísimos que heredó desde la experiencia. Porque la Bruja es una imagen que persiste, que sueña, que se eleva para recordarnos el valor de construir nuestras ideas, de recordar su poder y belleza.

Hace poco, alguien me pidió entrevistarme para un pequeño proyecto sobre esoterismo que lleva a cabo. Cuando nos reunimos, me miró de arriba a abajo. Sí, con esa mirada a medio camino entre la sorpresa humorística y algo más brumoso. Se sorprendió porque llevara jeans y camiseta, que llevara maquillaje y también, un par de libros en los brazos. Después se apresuró a disculparse.

- No me esperaba....que usted fuera así - me dijo. La sinceridad de su comentario me hizo reír.
- ¿Así como?
- Creí que tendría un aspecto...enigmático - me dijo. Y noté que intentaba encontrar la palabra correcta, la que no pareciera ofensiva, la que pudiera describir mejor su asombro. Contuve una risa maliciosa.
- Y se encuentra conmigo.
- No me malinterprete - se apresuró a aclararme - me refiero a que usted parece casi...normal.

Ah, mi bisabuela, se habría reído muchísimo. Porque si alguien alguna vez encarnó la imagen de la bruja maligna, esa era ella. Tenía el cabello castaño rojizo, los ojos verdes, la piel pálida y tirante sobre los pómulos. Y una inteligencia precisa y magnifica, una cínismo que parecía delimitar el mundo con la precisión de un cuchillo bien afilado. Le encantaba reírse de los mitos, inventarse algunos propios. Que reía hasta las lágrimas y lloraba con profunda honestidad. Y también cantaba las viejas invocaciones con su voz ronca y cálida. Que estaba convencida que el mundo era un lugar cruel y también muy bello. Una combinación de sueños y esperanzas, de terrores y enigmas.

Ella también me había dicho una vez que la normalidad es la máscara más engañosa, la más incomprensible. Ella, que siempre declaró que todo conocimiento es inusual, original, siempre en eterno renacimiento. Que la mayor aspiración de todo espíritu libre debía ser equivocarse, crear sus propias fronteras, romper los que pretendían imponer el mundo formal. Y más allá, había una idea recién nacida, a punto de crearse. Una persistente aspiración al poder de crear.

¿Y quién soy ahora mismo? Lo pienso mientras me desnudo, en medio de un circulo de velas. Cuando levanto los brazos para aspirar al infinito, cuando comienzo a cantar viejas invocaciones que forman parte de mi historia y la que deseo heredar. Y bailo, desnuda y libre. Desnuda y fragante en medio de las ideas, como tantas mujeres lo hicieron antes que yo, como espero lo continúen haciendo tantas otras en el futuro. Porque la sabiduría es eterna, la capacidad de soñar invaluable y el poder de construir y creer, un atributo de la memoria. Bailo para recordar, bailo para encontrar un lugar en mi mente donde la Luna brille para siempre y el nombre de la bruja sea parte de una historia que comienza a contarse, que termina en mis palabras y continua en las que vendrán. Un sueño compartido, un lugar misterioso donde la magia sea real.

Sí, soy una bruja. Una mujer que baila desnuda bajo la luz de las estrellas. Que aspira a la esperanza y al poder de crear.

3 comentarios:

Carlos Viso F. dijo...

Gracias por compartir estas confesiones tan nobles y amables que revelan la vocación de mujer bruja, expresión que espanta o sobresalta a más de uno. Líneas que condensan lo infalible:
"Porque la sabiduría es eterna, la capacidad de soñar invaluable y el poder de construir y creer, un atributo de la memoria. Bailo para recordar, bailo para encontrar un lugar en mi mente donde la Luna brille para siempre y el nombre de la bruja sea parte de una historia que comienza a contarse, que termina en mis palabras y continua en las que vendrán. Un sueño compartido, un lugar misterioso donde la magia sea real."
Gracias!!!

John M dijo...

necesito un encantamiento brujita?????

Hector Hernandez Cornejo dijo...

Que hermosisima declaración de Magica Brujis
Que la Gran Señora te Bendiga ))0((

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