jueves, 6 de diciembre de 2012

Y en la semana de la Malcriadez: Soy una mujer con un cuerpo normal ¿Y qué?






Y esta, mi semana dedicada a la malcriadez, no podía faltar ese gran - pequeño desafío al que me he enfrentado durante todo este año - y varios anteriores - aceptar mi cuerpo en sus proporciones e imperfecciones. Se dice fácil, y de hecho, parece sencillo pero hasta ahora, es una de esas luchas que me ha llevado lágrimas, risas y ese pequeño dolor de comprender hasta que punto me he maltratado en mi búsqueda un tanto errática de identidad estética. De hecho, uno de los grandes aprendizajes ha sido ese: comprender la belleza que habita - y crea - la normalidad de mi cuerpo.

Si usted ha leído este, su blog de confianza, durante los últimos meses, ya sabe que comencé un proceso torpe y un poco a ciegas de reconciliarme con mi cuerpo. Lo llamo, en esa región de mi mente donde todo tiene nombre y casi sentido, "La reconstrucción" y me ha permitido recorrer ese camino tan sutil hacia las propias razones personales. Encontré en el trayecto, toda una serie de ideas que nunca había considerado - mi relación enfermiza con la comida - y sobre todo, algo que me resultó sumamente angustioso: lo mucho que me incomodaba mi cuerpo. Y no hablo solo de sus proporciones - que durante años han cambiado gracias a mis malos hábitos alimenticios y de salud - sino la manera como le culpé de mis temores, dolores y angustias. Porque hay mucho de una guerra silenciosa, no contra los kilos de más, si no contra la mujer joven que se siente inadecuada, contra el cuerpo que no comprendes y contra la perdida de control, esa tan inquietante que parece tener mucho que ver con tu idea sobre ti misma. Y es justamente llegar a esa conclusión, comprender hasta que punto me humillé, me hice daño y me miré al espejo con temor, lo que hizo que comenzara a transitar el camino al contrario. Comencé a quererme, a observarme, y sobre todo a mirarme para otorgar sentido a esa gran idea abstracta que con ingenuidad se resume en la pregunta ¿Quién soy?

No ha sido sencillo. No es sencillo mirarte en el espejo y tocarte, con dedos temblorosos. No es sencillo tocar la barriguita flácida, las lineas de las estrías del descuido, las pequeñas abolladuras de los vicios simples. No ha sido fácil no sentir esa desesperación muy pequeña de quién aspira a la belleza pero no sabe que es. De pie, desnuda, con los brazos flácidos junto al cuerpo, me pregunté una y mil veces, que había de hermoso en mi, con mis senos pequeños, mis caderas un poco planas, mis brazos blandos. Cuesta, cuesta muchísimo  redefinirte, pulgada a pulgada, sentir angustia y un poco de asombro por la franqueza del cuerpo, por esa identidad real que subyace bajo lo que siempre deseaste ser y no eres. ¿Y que era eso que deseaba ser? No lo sé, descubrí con los ojos muy abiertos, preguntándome, quién era esta mujer joven y pálida, que no reconocía. Tantos años de huir ( me ), tantos años de torturarme con esa idea de desear y querer que la biología me brindara esa imagen irreal de la mujer que sueño. Y que nunca tiene rostro. Nunca lo ha tenido, pensé, acercándome para tocar el espejo. Nunca he sabido quien es, porque no soy yo. Yo soy esta mujer con un cuerpo normal, abierto a la belleza, un cuerpo que baila con torpeza y vibra de emoción, el cuerpo de la niña que sufrió el dolor de considerar la comida su enemigo y más tarde, creer que el descuido era una manera de enfrentarme a esa sensación de sufrimiento. ¿Quién soy? Soy esta, con sus estrías blancas, como pequeñas historias en mi piel, soy esta, con los brazos blandos que han cargado libros, los amados, los eternos. Los hijos que no he tenido. Soy esta, de piernas suaves, sí, la que acaricia esta pequeña barriga inmune a cualquier ejercicio, marca y huella de esa identidad que nace en mi, que es mi voz, que es mi manera de soñar en carne y hueso, de construir, sí, a la Diosa que vive en mi espíritu  que crece, se eleva, más allá de mis pequeños temores. Porque soy yo, esta mujer que empieza a reír ante el espejo, que empieza a dar vueltas sobre si misma, los brazos en alto, soy esta mujer que danza, que grita de alegría, que mira el mundo a través de si misma. Que cree en el valor de soñar.

Y este es mi cuerpo, esta soy yo. Un cuerpo normal, de mujer que ama y que sueña. Un cuerpo sano y hermoso que es probablemente mi voz más clara y fuerte. La manera como me veo, más allá de las imperfecciones, más allá de toda idea que pueda minimizar el triunfo de aceptarlo. Esta soy yo, plena y feliz.


Porque soy una mujer normal, con un cuerpo normal ¿Y qué?

2 comentarios:

jesus tadeo jimenez dijo...

Un cuerpo normal, una mente extraordinaria ... lo que adoro de ti Aglaia es lo que puedes poner en imágenes y en en palabras, y eso "Amore' te hace hermosa frente a mis ojos y mi mente. Eres bella! UN BESO!

oxidizer dijo...

Hola Aglaia, la verdad parece que tus palabras aquí escritas, fueran casí mis propios pensamientos.

Que identificación!!!

Publicar un comentario