viernes, 26 de agosto de 2016

Proyecto "Un país cada mes" Agosto: Japón. Yasutaka Tsutsui.





No cabe duda que Yasutaka Tsutsui (1934) es un escritor que está bastante decidido a crear su propia realidad. O así lo ha demostrado su empeño por crear algo más que una obra fantástica al uso. La suya es una colección de éxitos de librería que están destinados a chocar de manera frontal con la censura japonesa: desde enfrentamientos públicos por las temáticas de sus novelas hasta críticas sobre su moralidad, Tsutsui parece haber atravesado la mayor parte de ese movedizo terreno del escándalo fortuito con cierto éxito. Pero no sólo por lo que pueda inquietar e incluso desagradar desde lo obvio: Tsutsui, que ha pasado media vida enfrentándose a la censura de su natal japón, sabe que el arte de la provocación es algo más que el asombro inmediato. Y por ese motivo ha dedicado buena parte de su obra a una búsqueda sustancial y compleja del sentido de lo fantástico, que combina con enormes dosis de sarcasmo y algo parecido a la cierta reflexión ilusoria sobre la realidad. En conjunto, sus novelas son un homenaje al humor negro en todas las formas. Pero también a algo más enrevesado: el impulso vital de destruir la realidad y convertirla en algo más complejo.

Por eso se insiste que toda la obra de Yasutaka Tsutsui es un gran caleidoscopio literario. Que con su enorme irreverencia hacia los tradicionales tabúes japoneses y su capacidad asombrosa para combinar lo científico y lo onírico en un híbrido desconcertante, crea algo tan novedoso que resulta incomprensible. No obstante, más allá de las meras definiciones técnicas, la obra de Tsutsui tiene infinitas dimensiones emocionales. Una extravagante combinación de alta tecnología y reflexiones filosóficas que en algún punto se funden para cimentar un mensaje muy claro: La imaginación es tierra de asombro y también de peligros. Como si recorriera a través de sus delirantes fantasías un espacio insólito que logra a la vez conmover — en ocasiones hasta las lágrimas — y también meditar sobre la naturaleza humana, Tsutsui analiza la identidad humana desde el simbolismo y con tan buen pulso como para crear una meditada metáfora sobre el existencialismo. Sus novelas son una colección de escenas que se hilvanan para sostener una visión sobre lo surreal y lo espiritual única. Porque Tsutsui no sólo cuenta sus complejas historias — vitales, pequeñas tragedias y epopeyas de lo invisible — con una sencillez que asombra sino que además, crea un mensaje de enorme importancia sobre el valor de las ideas. Y todo en mitad de escenarios imposibles descritos con meticulosidad hasta el último detalle.

Tal vez por ese motivo, Tsutsui ha obtenido la mayoría de los premios literarios de Japón y durante las últimas décadas, se convirtió en un autor esencial para entender no sólo la literatura de su país sino también, la forma como su cultura concibe la ficción y la fantasía. Con sus pequeñas epopeyas futuristas, a mitad de camino entre lo entrañable y lo inquietante, Tsutsui crea un Universo propio que se nutre de sus propias referencias, una especie de ciclo vital que convierte su obra en un mecanismo de asombrosa precisión.
Sin embargo, la obra de Tsutsui es algo más que el género que representa y sus implicaciones. En cada uno de tus relatos, la realidad y la fantasía se entremezclan pero no sólo como una forma de expresión, sino un planteamiento concreto: el mundo no es lo que vemos. Ciencia Ficción que no es Ciencia Ficción en esencia, sino algo más denso y poderoso que la mera capacidad de reimaginar la realidad. Un sueño dentro de otro sueño que enlaza con una serie de planteamientos y reflexiones sobre lo que somos y lo que podemos ser que asombra por su refinamiento y sutileza. Por ese motivo, Tsutsui avanza sin traspiés en esa percepción del sueño como límite de la realidad: En su célebre Paprika, el mundo de los sueños es un enrevesado laberinto donde lo onírico se refleja a sí mismo — un juego de palabras que resulta por momentos apabullante — y la realidad se desmorona en toda su fragilidad esencial. Con su juego de absurdos, Tsutsui asume lo cotidiano como un críptico mensaje metafórico que se abandona en medio de una nada movediza. A través del humor y una refinada ironía, Tsutsui crítica a la sociedad desde el absurdo pero también lo celebra como una visión de la percepción humana sobre sus propias cuitas y dolores. Al final, en medio de la pirotecnia del lenguaje, de las cientos de imágenes sugerentes, Tsutsui habla sobre la inocencia, el dolor de la pérdida de la esperanza y la necesidad de luchar contra una sociedad encorsetada.

Por supuesto, Yasutaka Tsutsui es bastante consciente del impacto y efecto de sus novelas en las culturas popular: se trata de un pilar fundamental de la forma como se concibe la Ciencia Ficción como estratos de realidad alternativa. Considerado el referente inmediato de los hermanos Wachowski para su trilogía The Matrix y varias de las obras cinematográficas del director Christopher Nolan, su vasta noción sobre la fantasía como un puente entre lo que percibimos y lo que podemos imaginar a través de lo sensorial lo hace imprescindible para comprender la fantasía como parte de la Cultura popular.

* Del género a la visión fragmentada de la realidad:
Para Tsutsui la Ciencia Ficción es sólo un medio expresivo, una frase que puede parecer tramposa pero que en realidad define toda su obra: En más de una ocasión ha insistido que al escribir, no se detiene a pensar en el género, sino por el contrario, intenta trascender a los límites de lo filosófico y lo vanguardista. Una y otra vez, las historias de Tsutsui muestran una extraña naturaleza ambigua, que recorre el complicado trayecto de no encontrar un concepto que pueda definirlo de inmediato. Entre la ciencia, la psicología y el surrealismo, las historias que Tsutsui mezclan todo tipo de influencias y elementos: desde luminosas imágenes extraordinarias hasta la sencillez de lo corriente, todo mezclado por pequeños recorridos hacia lo subjetivo y lo audaz. El resultado es una mirada asombrada pero también poderosa sobre lo caótico.

Tsutsui se ha definido así mismo como un gran aventurero de la imaginación. Un escritor que está convencido que cada pieza en su mente cumple con una función definida al momento de contar una historia: el conocimiento es una pieza entre tantas para construir algo nuevo y ni siquiera la más importante. Con su extraño sentido del humor, el escritor insiste que debe escribir libros que le permitan apartarse de los conocimientos de los cuales presume, que le lleve a una orfandad desnuda y anónima que le hiera. Es entonces, cuando la obra real surge. Cuando Tsutsui no solo sueña — ese sueño de la imaginación asombroso tan parecido a las mejores escenas de sus novelas — sino que además se reinventa. Lo mismo ocurre con sus novelas: todas sus obras avanzan en un largo prólogo que prepara al lector para una caída definitiva en lo extravagante. Como si el autor que se desprende de su propio yo para escribir, creara una historia en la que el lector puede abandonarse a ciegas.

Además de todo, Tsutsui es un escritor que no se considera escritor, lo cual tiene un cierto peso en la forma como concibe su universo narrativo. En una ocasión admitió que no le interesaba formarse como escritor porque lo que se escribe “es fruto de la experiencia, más que de la técnica, que siempre puede depurarse”. Toda una declaración de intenciones, si tomamos en cuenta que Tsutsui no sólo dio paso a toda una corriente literaria novedosa en su país sino que refundó el arte de contar historias cuando parecía que todo estaba dicho en una cultura tan restrictiva como la nipona.
¿Qué escribe entonces un autor que no se considera escritor y que tampoco crean que sus novelas tengan género alguno? ¿Hacia donde apunta la brújula narrativa de un hombre que analiza lo que le rodea desde la periferia, que intenta encontrar lo invisible en medio de lo cotidiano y lo logra en una metáfora que asombra por su sutileza? ¿Qué busca Tsutsui cuando construye un Universo fantástico que no se atiene a ninguna ley física o imaginaria? ¿Qué intenta mostrar cuando sus historias atraviesan espacios físicos y estelares con una libertad que desconcierta?

No hay nada sencillo en esa enrevesada combinación de imágenes y matices de la realidad de Tsutsui, aunque lo parezca. Sus novelas pendulan entre una ingenuidad que conmueve y un punto álgido de intrincada conciencia sobre sí mismas de enorme poder metafórico. El llamado “gurú de la metaficción” juega con los espacios y lugares, líneas y personajes hasta lograr una visionaria estética de una riqueza narrativa excepcional. Como si de un juego de espejos se tratara, la obra de Tsutsui gira con vertiginosa velocidad entre los cientos de imágenes y sensaciones que asume como elementales. Un laberinto de angostos callejones que conectan ideas y todo tipo de referencias que sobrepasan la página escrita, que se elevan hacia un Universo de una invención constante. Todo es nuevo y todo es familiar en la obra de Tsutsui. Todo se complementa y permite que algo más nazca a partir de la confluencia entre dos miradas contradictorias sobre lo que la realidad puede ser. Una sincronía que crea una fantasía gloriosa — inolvidable — y también, una puerta abierta hacia un espacio en sombras. Ese silencio existencial que Tsutsui conoce tan bien y que describe con tanta precisión. Un mirada hacia lo imposible que comienza desde la imposibilidad misma.

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