jueves, 14 de julio de 2016

El trazo erótico de Aubrey Beardsley.





Oscar Wilde describió a Aubrey Beardsley de una manera casi mitológica, una criatura imposible y fea, pero aún así entrañable con “una cara como una hacha de plata y un pelo de color verde hierba”. Una imagen extravagante que sin embargo parece definir mejor que ninguna otra cosa el talento transgresor, inusual y poderoso del genial ilustrador. Porque de Beardsley se sabe poco: en una ocasión leí a un crítico de su época calificarlo como “un curioso misterio”.

Quizás lo era: Todos los datos sobre él parecen ser tan ambiguos como su personalidad. Escondidos en medio de las largas lineas de tinta y las exquisitos espacios de luz y de sombra de sus dibujos. Probablemente por ese motivo le sobrevive su obra, le precede su talento. Una obra que marcó un hito en la visión del arte por el arte, del erotismo que subyace en toda obra artística — y lo colorea con los trazos de la imaginación — y más allá, esa interpretación de la transgresión como mensaje sutil e incluso confuso. Un monstruo de su propia imaginación, espléndido y retorcido que brindo un mundo a los que es quizás una de las más singulares visiones artísticas del siglo XIX.

El artista mismo, parecía muy consciente de su extraña cualidad creativa, de la belleza en lo aparentemente feo. En una sorprendente declaración el círculo de artistas londinenses al que pertenecía, dijo lo que es probablemente la única frase que puede adjudicarse, a la provocación pura que siempre procuro se expresara en sus dibujos: “Solo tengo un amigo… Lo grotesco; si no soy grotesco no soy nada”.
Y es que Aubrey Bearsley pertenecía a una época de escándalo, de reforma artística. Pertenecía a esa generación de visionarios que estaba bastante decidido a destruir lo esencial del arte conservador: esa interpretación del mundo sencilla, directa y frágil. Genio precoz, muy pronto estuvo consciente del tiempo en que vivía y en el que se desenvolvería. Para Beardsley la expresión era una necesidad inquieta: aprendió a tocar piano antes de cumplir los quince años y que desde niño, dibujaba de manera autodictada pequeñas escenas inquietantes que serían quizás el origen de sus magnifico trabajo posterior. Pero que más que el arte, Beardsley parecía interesado por la vida, por la necesidad de describir a su manera — muy grotesca, retorcida y bella — la realidad de una Inglaterra severa que reaccionó a la provocación casi con inocencia. Dandy, un hombre refinado y casi mórbido,aprendió pronto que la rebeldía intelectual era una forma de talento. ¡Y como supo aprovechar ese hilo incandescente de pura genialidad! Bien pronto, Beadsley se convirtió en referencia de lo obsceno y lo inquietante en una sociedad que intentaba comprenderse a si misma sin lograrlo.

Sus ilustraciones llamaron la atención de inmediato, incluso en un ambiente tan hostil como la de una Inglaterra que aún veneraba lo tradicional como necesidad. Contradecían todo lo que había sido considerado imprescindible en el dibujo hasta entonces. Porque Beardsley decidió que su lenguaje artístico prescindiría de toda idea que no pudiera expresarse con una simplicidad elegante que sorprendió a propios y extraños. Largos trazos continuos de tinta negro sobre fondo blanco, olvidando los tonos medios, enfrentándose a esa idea tan extendida de las breves sombras y las complacientes formas redondeadas, crearon un estilo único y sugerente. Era un modernista, un visionario que se concibió así mismo como parte de su obra, por lo que lo grotesco siempre parecía flotar al fondo mismo de la belleza. Ambigua, inquietante, con claras influencia japonesa, la obra de Beardsley gravita entre lo onírico y un elemento chirriante, casi cínico que se entremezcla con la delicadeza para crear un discurso desconcertante.

Su primera obra publicada “Le morte De’ Arthur” causó revuelo: no solo por la estética sino por el uso expresivo de las lineas. Hablamos de una época que se concebía así misma como artesanal, donde el arte exquisito era aquel que podía imitar, idealizar y construir una belleza casi ingrávida. Beardsley rechazó ese argumento estético y creo otro totalmente distinto: el de la limpia elegancia dentro de lineas y espacios perfectos, los arabescos y siempre la insinuación. La mirada perversa de los personajes, las formas redondeadas, siempre a punto de mostrarse. Esa idea de lo erótico que el dibujante concebía como exceso e incluso, como una sutil poesía. Porque para Beardsley la linea no definía el dibujo para mostrar el mensaje: la linea y el dibujo eran el mensaje y una manera de interpretar la realidad figurativa.

Beardsley y Wilde: La provocación y la expresión

Para Beardsley tropezar con Oscar wilde resultó inevitable. Quizás eran espíritus muy semejantes, en su necesidad de transgredir — provocar, sacudir, reconstruir — y el encuentro fue inevitable. En 1893, se publica en París la obra “Salomé” del escritor y causa impacto por su visión estética. Nadie parecía entender muy bien las intenciones de Wilde y no pocos críticos tomaron su extraña visión de la escena bíblica como herética, pero lo que si estaba claro era que la obra hablaba de temas que por entonces conmovían al publico europeo: el amor, el dolor, la perdida, la muerte. La tragedia en estado puro. Tal vez por ese motivo, Wilde decidió que el único que podía expresar esa decadencia de su obra, era el joven dibujante. Y juntos crearon una obra que trascendió a su tiempo y las limitaciones del tiempo que la vio nacer: Porque Wilde permitió a Beardsley liberarse de toda restricción y crear algo por completo nuevo. Beardsley se entregó por completo a la creación, obsesionado por la visión de Wilde del dolor, la belleza y el temor.

Incluso, la obra pictórica que logró crear trascendió — desbordó — el texto de Wilde: las ilustraciones de Beardsley se transformaron en objeto de culto por si mismas. Y que es el dibujante, encontró el fino hilo entre la lujuria y el erotismo, lo inquietante y el dolor: hay una evidente sexualidad en su visión de la obra de Wilde que supera la ficción para crear otra. Con una noción muy clara del poder de lo perverso y lo morboso, logró construir una pieza artística que mezcló la literatura y el arte de una manera que hasta entonces había sido desconocida. Quizás, solo entonces Beardsley comprendió el verdadero poder de su talento, lo que podía significar esa destrucción de lo viejo en beneficio de lo nuevo y desconocido.
La obra causó revuelo: de pronto, el nombre de Aubrey Beardsley estaba en boca de todos. se habló de la “erotización de la linea”, del dibujo al servicio de “los deseos más perversos”. Al artista, rebelde y desconcertante, todo aquello debió encantarle. Hubo discusiones y largas reflexiones sobre “lo pecaminoso del arte” y otras tantas visiones seculares que no hicieron otra cosa que despertar aún más el asombro y la curiosidad del público. Beardsley aprovechó el escándalo y depuró su estilo en otros dos textos que se consideran clave en su obra: ela Lisístrata, de Aristófanes o la Historia de Venus y Tannhaüser, escrita por el mismo Beardsley, aunque sin lograr el éxito que obtuvo con “Salomé”.

Todo singularidad, Beardsley se mantuvo fiel a su estilo hasta su muerte prematura en el año 1898: se decía que solo podía dibujar rodeado de tapizados negros, en habitaciones completamente cerradas. Se murmura que solo se ilumina con velas, incluso a plena luz del día. Incluso que dibuja en la oscuridad absoluta, como poseído por alguna idea desconcertante. Se habla de su locura, de su fealdad, con su extraño rostro delgado y huesudo. Pero Beardsley parecía superar su propio mito: continuó dibujando, cada vez con mayor belleza hasta su muerte por tuberculosis en Menton, ( la Costa Azul francesa ) con tan sólo 25 años. Un simbolo de ese “vive rápido, crea pronto” que fue tan popular entre “Los modernos” de los que fue hijo ilustre durante su vida.

Se dice que el cadáver Beardsley fue encontrado con papel y tinta en las manos. ¿Intento dibujar la muerte? Quizás A trazos limpios y directos. Muy consciente que el único poder del hombre para hacer retroceder la muerte es sin duda, la capacidad de crear.

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