martes, 5 de julio de 2016

Crónicas de la loca neurótica: Ocho cosas que todos debemos recordar al usar las Redes sociales.




Hace unos días, leí en mi TimeLine de Twitter que alguien se quejaba del hecho de recibir como única respuesta a un mensaje matutino de Whatsapp un emoji (emoticon gestual). Alguien añadió a la conversación que “se trataba de un descuido imperdonable” e incluso hubo quien incluyó una frase que sonaba como “respetate” para dejar bastante claro, que la “falta cometida” era bastante grave. Cuando comenté en voz alta que lo más probable era que hiciera lo mismo debido a mi dificiles mañanas insomnes y que me desconcertaba la manera como se analizaba el asunto, un amigo me respondió: “Nadie dijo que los códigos sociales fueran sencillos”.


Sorprendida, recordé el enorme esfuerzo que me lleva pensar con claridad muy temprano por la mañana y todas las ocasiones en que había hecho cosas parecidas o incluso, al parecer “peores” con respecto a ese extraño “código de conducta” que empezaba a descubrir. De hecho, me encontré preguntándome hasta que punto somos conscientes de las nuevas expectativas que parece exigir todos los medios de comunicación interpersonal de los que disponemos y lo poco capaces que somos de complacerlas por completo. Y es que aunque parezca banal, no lo es tanto: las relaciones modernas se basan en ese intercambio de información emocional que se malinterpreta con enorme facilidad. Las inmediatez y accesibilidad en que nos comunicamos, parecen convertirse en el reflejo de toda una serie de necesidades irreales que hacen de las relaciones interpersonales un campo minado a través del cual avanzamos con enorme dificultad.

Porque al fin y al cabo se trata de convivencia, ya sea a través de todo tipo de app y herramientas de comunicación o cara a cara. Y es esa noción insistente sobre la necesidad de comunicarnos y construir relaciones de cualquier tipo, la que hace que quizás sea necesario recordar que a pesar de la distancia tecnológica, continuamos siendo sólo seres humanos intentando asumir nuestra existencia emocional. Mirarnos con cierta simpatía e intentar asumir ese espacio racional que suele resultar tan difícil de interpretar como lo es la interacción emocional e intelectual.

¿Y cuáles serían esas cosas que es necesario recordar, conversemos con una taza de café de por medio o a través de la pantalla de cualquier dispositivo? Quizás las siguientes:

* No exijas comportamientos irreales:
Unos días atrás, una amiga me comentaba muy irritada que había enviado un par de mensajes a su pareja vía whatsapp y que le molestaba no haber recibido respuesta inmediata. Cuando le pregunté si se trataba de un tema urgente o especialmente sensible, me dedicó una mirada ofendida.

— Sólo Conversábamos.
 — Pudo distraerse, tomar un vaso con agua, recibir una llamada — opiné con cierta prudencia. Ella pareció enfurecerse aún más.
 — Entonces no soy tan importante. No entro en sus prioridades.

Unos días después, me enteré que el malentendido desembocó en una discusión lo bastante compleja como para que la pareja decidiera tomar distancia. Cuando conversé con él al respecto, se encogió de hombros, entre cansado y preocupado.
— No siempre se puede estar disponible pero al parecer, ahora si debo estarlo. La verdad, uno nunca sabe cuando comete un error imperdonable en este tipo de cosas.

La situación al completo me hizo analizar todas las situaciones a las que atribuimos una desmedida importancia cuando en realidad no la tienen. Un tipo de exigencia emocional e irreal inexistente que crean todo un nuevo código de conducta irrealizable. Porque más allá de la novedosa “etiqueta digital” que parece construirse a medida que los medios y recursos de comunicación se hacen más abundantes y rápidos, existe una idea insistente sobre cómo deberíamos comportarnos para complacer al otro. Y se trata, por supuesto de una idea ambigua, falsa y la mayoría de las veces carente de sentido común que no es otra cosa que parte de ese egocentrismo que las Redes Sociales fomentan con tanta sencillez. Porque en realidad, no se trata de necesidades inmediatas que deben ser satisfechas — como ocurre en cualquier relación — sino una serie de comportamientos que asimilamos como necesarios para convalidar lo que sentimos — y sobre todo, cómo nos sentimos — con respecto a alguien más.

No, no es necesario nadie comporte como esperas dentro de una red social, como tampoco lo es fuera de ella. Tampoco que cumpla exigencia alguna para satisfacer tu ego, tus miedos, preocupaciones o insatisfacciones. Nuestro comportamiento y la forma como nos relacionamos son pactos sociales y culturales que además, deben sostenerse sobre las peculiaridades de nuestra personalidad y la forma como entendemos lo que nos rodea. Las relaciones interpersonales son acuerdos imperfectos que se sostienen sobre nuestras miradas mutuas y no una red de interminables interpretaciones a medio camino entre lo que asumimos imprescindible y lo que no lo es.

De manera que asume la responsabilidad sobre tus inseguridades, temores y pequeños dolores y deja de culpar a las interminable red de exigencias inmediatas que al parecer suponen las redes sociales. Que puedas comunicarte de inmediato y de manera mucho más directa, no hace la comunicación más eficiente.

* No, el comportamiento de alguien más no debe complacer tus expectativas, sea en redes sociales o cara cara:
Y eso implica justamente lo que estás pensando: nadie debe responder como esperas que lo haga y tampoco comportarse como supones debe hacerlo para complacer tus expectativas. ¿Suena un poco a autoayuda? No, en realidad se trata de puro sentido común. Los seres humanos nos comportamos de acuerdo a nuestros intereses, deseos, temores y necesidad de satisfacción y las redes sociales y herramientas de comunicación reflejan de manera distorsionada. De la misma forma que nadie puede exigir — y no debería hacerlo — que vulneres tu naturaleza y forma de pensar para complacer a alguien más, las redes sociales y herramientas tecnológicas no son un motivo para insistir en una idea semejante. A pesar de las ventajas de la tecnología, esa noción ficticia sobre lo que podemos exigir a alguien más que provoca resulta la mayoría de las veces contraproducente. Un tipo de comportamiento que se basa mucho más en nuestras expectativas que en comprender en realidad quienes somos o lo que deseamos de alguien más.

* Deja de juzgar y personalizar el comportamiento natural:
Se insiste en que las redes sociales y otras tecnologías de comunicación moderna sustituyen las relaciones interpersonales y puede ser cierto. Por ese motivo, resulta desconcertante que el proceso de sustitución y reconstrucción de esa visión sobre el otro, no incluya comprender que quien está al otro lado de la pantalla de la computadora o el teléfono, es un ser humano con un comportamiento natural que sin duda influirá en cómo se expresa. Un hombre o una mujer que no siempre estará de buen humor o que tendrá respuestas apropiadas. O que puede no tener deseos de responder, de usar de la manera que esperas la célebre inmediatez de las redes sociales. Se trata además, de asumir que esa comprensión sobre la forma como nos comunicamos en la actualidad carece además de un ingrediente imprescindible para comprender las aspiraciones y forma de pensar del otro: la emoción. Todavía ninguna red social o herramienta virtual es capaz de transmitir con eficacia las sensaciones y sentimientos que alguien más desea expresar. De manera que lo más probable sea que lo asumes real es sólo la interpretación que haces sobre lo que lees o analizas de otra persona. Y eso siempre será una reflexión parcial sobre la circunstancia que rodea a alguien más.

De manera que no, en realidad no existen respuestas a “deshoras”, a menos que se trate de una emergencia real. Tampoco existen formas correctas o incorrectas de responder sino acuerdos personales entre dos interlocutores que tratan de comprenderse uno al otro de una manera muy sencilla. Nunca olvides eso.

* El ego no es buen consejero:
De nuevo, no se trata de un razonamiento de autoayuda, sino un análisis básico sobre los motivos y más importante aún, las motivaciones que mueven o identifican el comportamiento alguien más. El ego es un reflejo de la forma como interactuamos con lo que nos rodea y la forma como asumimos puede afectarnos: es lo que provoca que puedas sentirte agredido, humillado u ofendido por el comportamiento de alguien sin que existan verdaderas razones que te provoquen una reacción emocional semejante. Implica que asumes lo que alguien más hace — o no — como un insulto o una agresión, aunque no lo sea. Esa interpretación de las cosas se extrapola a las redes sociales y crea un caldo de cultivo ideal para la incomodidad, el resentimiento y todo tipo de conflictos por el mero hecho de concluir que todo comportamiento ajeno nos incluye o tiene inmediata relación con el nuestro.

* Vive y deja vivir. Es en serio.
¿Te molesta la manera como alguien más se comporta o habla?¿Te irrita sus opiniones y punto de vista? ¿No soportas la forma como expresa y cómo interactúa contigo? Hace unas cuentas décadas, eso podía ser un problema real que necesitaría una considerable habilidad y discreción para resolverse sin mayores trastornos. Pero las Redes sociales y herramientas de comunicación virtuales te conceden una ventaja apreciable que las tradicional comunicación interpersonal no tiene: puedes eliminar de inmediato a quien sea que te provoque tanta incomodidad. De manera que evita utilizar las redes sociales y otras herramientas de comunicación como un vinculo con alguien a quien jamás dedicarías atención en el mundo 1.0 y asume la responsabilidad de hasta que punto te molesta — o no — alguien más.

* No dependas de la opinión ajena.
Hará unas cuantas semanas, una amiga me comentaba que siempre estaba muy preocupada por las opiniones de su grupo de amigos sobre sus fotografías, comentarios e incluso, la forma como utiliza sus redes sociales o servicios de mensajería instantánea. Cuando le pregunté por qué le producía una inquietud semejante algo que no podía controlar, me dedicó una mirada perpleja.

 — Entonces ¿Para qué publico e interactuo como lo hago si no habrá reacción?
 — Te comunicas de la manera que quieres — opine — eso no necesita respuesta. O mejor dicho, siempre habrá una pero no puedes controlar la que sea.

Mi amiga no pareció muy convencida del razonamiento y continuó explicando por qué le parecía tan necesario que todos quienes le leyeran o miraran sus fotografías tuvieran un punto de vista favorable sobre la información. Por último, se encogió de hombros casi con tristeza.

— Supongo que me da miedo no ser todo lo deseable o lo popular que creo ser — me explicó por último.

No supe que responder a eso, pero poco después, me encontré pensando que la preocupación de mi amiga por la forma cómo podía influir en quienes le rodeaban era el mismo tiempo de comportamiento que solemos tener en la primera infancia y adolescencia y que las redes sociales y otras formas de comunicación, parecen no sólo mostrar sino acentuar. Y es que la mayoría de nosotros estamos muy conscientes de nuestra identidad pero más allá de eso, de esa necesidad atención externa que en ocasiones se convierte en una exigencia casi obsesiva. Deseamos llamar la atención para satisfacer nuestro ego pero también, la natural inseguridad que todos sufrimos en algún momento de nuestras vidas. Y el comportamiento que tenemos en Redes Sociales no es otra cosa que un reflejo muy claro de eso.

No puedes controlar lo que alguien opina sobre ti o la manera en que te perciben quienes te rodean y las Redes Sociales tampoco te lo permitirán. Así que intenta no obsesionarte con el tema y disfruta de la posibilidad de comunicarte en una dimensión por completo nueva y sobre todo, enriquecedora.

* No, la sociabilización no depende estándares imposibles.
Pertenezco a una generación que aprendió a socializar a través internet o lo que es lo mismo, que asume la existencia y el poder de los nuevos medios de comunicación como una visión aumentada de las relaciones interpersonales tradicionales. Y parte de esa presunción se demuestra por la distorsión sobre los estándares de conducta que se asumen que se exigen como normales: desde las clásicas respuestas inmediatas, cómo debe responderse hasta un intrincado protocolo de uso de palabras, símbolos e imágenes que no sólo restringen la forma como nos expresamos sino que además, presionan nuestra conducta de maneras de las que no somos muy conscientes. Resulta cuando menos contradictorio que siendo las redes sociales, aplicaciones de mensajería instantánea y herramientas de comunicación todo un nuevo horizonte de lo que la comunicación universal pueda ser, deba regularse a través de toda una serie de normas más o menos absurdas y que no lo logran reflejar el comportamiento humano real.

Por supuesto es inevitable y como hija de esta época, lo sé. Pero también intento que la forma en cómo me comunico no sea una interminable sucesión de requisitos imposibles de cumplir sólo por complacer una vaga noción ególatra y confusa.

* Vive.
Sí, este consejo tiene un inevitable tufo a cualquier consejo New Age que se precie, pero se trata quizás del más sincero que cualquiera pueda darle a esta generación obsesionada con la tecnología y nuevo medios de comunicación. Ni siquiera la aplicación más avanzada podrá sustituir una eventual llamada telefónica o compartir un par de tazas de café. Recuerdalo de vez en cuando.

Quizás se deba a que resulta inevitable que la tecnología y sus bondades sustenten una noción desconocida sobre “etiqueta social”, pero aún así seguimos siendo responsables de nuestra manera de comprender las interacciones por lo que son: Una experiencia emocional más o menos satisfactoria a través de la cual intentamos comprendernos unos a otros. Una conversación la mayoría de las veces insólita pero satisfactoria que construimos a diario y no siempre de la manera más idónea.

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