martes, 24 de mayo de 2016

De pequeños dolores culturales y otras ideas: ¿Existe un límite para el Spoilers? Algunas consideraciones sobre tramas arruinadas.




Cuando la película el “Sexto Sentido” del director M. Night Shyamalan se estrenó, faltaban unos años para que llegara el auge de las Redes Sociales, al menos en este lado del continente americano. Aún así, el rumor el giro final de la trama corrió como la pólvora por foros internautas y también a través del tradicional boca a boca. Parecía inevitable hablar de la película sin mencionar ese “elemento” que según todos quienes habían visto la película, era indispensable para comprenderla. Mucho antes que el film se estrenara en los cines de mi país, ya tenía una idea bastante clara que el director M. Night Shyamalan iba a intentar no sólo “asombrarme” sino que ese particular giro argumental que todos anticipaban era quizás, la esencia de la película. Como cualquier otro cinéfilo, deseaba disfrutar del espectáculo sin que nadie me arruinara la sorpresa.

No lo logré. Faltaba un par de días para sentarme en la butaca del cine, cuando un amigo me contó lo que ocurría en la mentada escena final de la película. Antes que pudiera detenerlo, detalló lo mejor que pudo la secuencia, agregando además su opinión sobre cómo afectaba el argumento y la historia que narraba el film el súbito cambio de perspectiva argumental. Lo escuché incrédula, enfurecida y dolida.

— ¡No la he visto! — protesté también, muy ofendida — ¿Cómo se te ocurre contar el final?

Mi amigo miró a todos con una sincera sorpresa. Pero más allá de eso, pareció desconcertado por el hecho que yo esperara mantuviera la discreción sobre un asunto que no sólo era de conocimiento público, sino que también se había convertido en un suceso cultural de considerable importancia. La película había roto récords de taquilla y era celebrada como una obra Maestra del terror, lo que la había convertido en tema de conversación recurrente en buena parte del mundo.

— Tiene más de tres semanas estrenada en varios países — respondió — ¿Cuanto tiempo tengo que esperar para hacer algún comentario sobre la película?

La verdad, su pregunta me tomó desprevenida. Hasta el momento, no me había detenido a pensar en el hecho que aunque para mi se tratara de una novedad, el hecho real era que gran parte del público mundial había disfrutado ya de la película. De hecho, se hablaba de ella en la mayor parte de las revistas de espectáculos alrededor del mundo y en algunas páginas de internet — por entonces, un logro bastante considerable — lo que había convertido su “secreto” en parte del comentario cotidiano con respecto a la historia que narraba. Mi amigo me dedicó una mirada traviesa.

— La única forma en que no sepas que ocurre en la película es que te escondieras debajo de la tierra hasta que pase el furor — comentó sin disculparse — así que tienes que aceptarlo: sólo podrás escapar de un suceso mundial ocultándote de él.

Recuerdo esa anécdota mientras leo las furiosas protestas de espectadores de todo el mundo, por los llamados “spoilers” que suelen desbordar las Redes Sociales acerca de la trama del fenómeno televisivo Game Of Thrones. La mayoría se queja del hábito de buena parte del público de comentar lo ocurrido en el capítulo que recién termina sin preocuparse por la considerable porción de seguidores de la serie que aún no disfruta de la historia. No obstante, la discusión y la conversación sobre los detalles de la trama que apenas acaban de descubrir continúa siendo uno de los placeres culposos que gran parte de la audiencia disfruta. Para la mayoría se trata de un hábito social tan natural como espontáneo: una especie de tertulia Universal sobre no sólo lo que acontece en la historia sino la percepción personal sobre el tema. La conclusión necesaria a una rutina nocturna y mediática.

Por supuesto, se trata del reflejo de ese cambio sutil pero definitivo que sufrió la manera en que nos comunicamos con la llegada de las Redes Sociales. Ya no se trata de esa discreción debida — solidaridad de espectador, leí en una oportunidad — sino en el hecho de asumir que la Red Social es el espacio ideal para el debate de las ideas de cualquier naturaleza y origen. Un intercambio de ideas egocéntrico y venial que no se detiene en el análisis de las consecuencias o incluso las implicaciones que puede tener para el probable — y siempre hipotético — lector. Por ese motivo, resulta improbable que una nueva generación de espectadores acostumbrados a la inmediatez de las Redes sociales, pueda considerar la idea de evitar comentarios sobre cualquier espectáculo que acaba de disfrutar por el sólo hecho de respetar sensibilidades de un interlocutor invisible. O lo que es lo mismo, vivimos en una época ególatra, infantil y aficionada al debate público ¿Realmente es posible evitar la discusión global sobre temas de interés general?

***

El spoiler consiste en develar una parte importante de alguna trama televisiva, cinematográfica e incluso literaria al público en general, antes que la mayoría del público que consume la información haya tenido acceso al material. Una percepción lo suficientemente abstracta como para que no exista una una idea clara sobre cuál es el momento ideal para revelar lo que ocurre en un fenómeno de masas como lo es una serie o película de moda sin herir de susceptibilidades. Además, el spoiler suele tener una intención malintencionada que la convierte en una especie de “arma de terrorismo cultural” y que no es otra cosa que ese ataque consciente y directo al derecho del otro disfrutar un espectáculo público bajo sus propios términos.

— El “spoilers” en realidad no es cosa nueva — me explica J., comunicador social y suele ser de los primeros en acudir a las redes sociales para comentar películas y series sin decoro alguno — sólo que ahora la resonancia de la información es incalculable. Antes se trataba de un comentario y discusiones personales. Ahora la repercusión se basa en herramientas inmediatas de alcance mundial. ¿Cómo cambia eso la forma como te comunicas? ¿Las costumbres del espectador?

Hace unos años, leí que Alfred Hitchcock había inventado el concepto del Spoiler durante el estreno de su obra clásica “Psicosis” . El director, en un claro golpe de efecto llenó los cines donde se proyectaría la película con carteles que exigían al espectador llegar a la hora justa para “no perderse de lo mejor”. La expectativa que creó el anuncio no sólo cambió el por entonces muy norteamericano hábito de llegar al cine un poco después del comienzo de la función sino la forma como el público se relacionaba con la trama. Los rumores sobre la “sorpresa” de Alfred Hitchcock — y el hecho que nadie deseaba perdersela o que alguien pudiera arruinarla— convirtió la película en un fenómeno mundial. Una magistral comprensión de Hitchcock sobre la relevancia del secreto — y su pertinencia — y cuando impacto puede tener en el público que disfruta y consume cualquier tipo de arte.

Pero tal vez se trate de algo más relacionado con el furor que suele provocar cualquier producto artístico. Se cuenta que en la Francia pre Revolucionaria había grupos de lecturas clandestinos en los cuales los miembros intercambiaban libros lujuriosos antes que cualquiera pudiera leerlos. La expectativa y sobre todo, la necesidad de disfrutar antes que nadie de la historia hacía que incluso se pagaran altísimas sumas de dinero por la exclusividad de esa primera y anhelada lectura. Unas décadas después, estos grupos secretos continuaron prosperando a la sombra del país en la República, conservando el hermetismo y la insistencia en la novedad. De hecho el único motivo para ser expulsado de cualquiera de ellos, era revelar el secreto — o los secretos — que pudiera contener algún libro. Un primer atisbo de esa insistencia en la primicia cultural cuyos restos aún conservamos en la actualidad.

No obstante, el cine llevo esa noción de la “mordaza cultural” a otro nivel. Sobre todo, a partir de la década de 1980 cuando la saga Star Wars logró concentrar su éxito en un golpe de efecto que aún se recuerda como uno de los más importantes del cine. Y es que ese “Luke, soy tu padre” transformó el secreto narrativo en algo más trascendental que una mera giro argumental. Y aprovechó el tirón que provocó la necesidad de consumir el producto integro en una forma de asegurar la rentabilidad comercial. Como Hitchcock, el director y guionista George Lucas encontró en la sorpresa — y en todas las maneras con las que puede protegerse — una manera de asegurar el interés para su producto cinematográfico.

Pero no todo es tan pragmático. Hay un elemento emocional en juego en la idea de contar — o no — los pormenores de un codiciado producto artístico. Y aunque “El Imperio Contraataca” definió y marcó los límites de lo que actualmente se conoce como Spoiler, también abrió un jugoso debate sobre cierta responsabilidad moral de un espectador con respecto al otro que resurge de vez en cuando, sobre todo en épocas de acontecimientos culturales de relevancia como el estreno de una película muy esperada, un libro clave dentro de una saga literaria o la conclusión de algún programa televisivo. El Spoiler parece basarse en alguna regla no escrita sobre el respeto al prójimo comunicacional y el derecho del cual dispone para disfrutar a plenitud de una experiencia en concreto.

— ¡Pero es que ya no existen sorpresas! — insiste J., luego de lidiar de nuevo con el malestar que provoca en algunos de sus seguidores en Twitter sus comentarios sobre el capítulo más reciente de la serie Game Of Thrones — no puedes esperar que un fenómeno mundial que se transmite a la vez en casi todos los países del mundo no tenga repercusión en las Redes Sociales. O que cualquiera deba esperar días para compartir sus puntos de vista sobre una película o su programa parecido ¡Eso es absurdo!

En parte tiene razón, pienso un poco después, cuando realiza una búsqueda sencilla en Twitter, en la que intento buscar información sobre la serie del canal por cable HBO. Me sorprende no sólo la manera como la información fluye sino también, la forma como el debate posterior a cada capítulo se ha convertido en una costumbre aceptada por buena parte de los espectadores. ¿Cual es el lapso suficiente que debería aguardar cualquiera para participar en un hábito social de tal magnitud? ¿Realmente es posible contener un efecto multitudinario como es el debate público sobre un producto disfrutable y una envergadura semejante?
Lo cual nos lleva por supuesto, a una pregunta inmediata: ¿Existe ese derecho difuso y la mayoría de las veces ambiguo sobre “guardar el secreto” sobre un hecho público? Hace poco, leía un debate un foro de Reddit, donde varios usuarios intentan establecer el tiempo justo en que un spoiler lo es. ¿Horas? ¿Días semanas? ¿Depende de la accesibilidad de medios del público? ¿Hasta que punto esa discreción no es también una forma de censura? Después de todo, se trata del hecho que incluso si asumimos la responsabilidad difusa de no contar el contenido sensible de cualquier producto cultural, la información continúa existiendo al margen de nuestra opinión al respecto. En otras palabras, siempre habrá la posibilidad que alguien tropiece con la información incluso tomando todo tipo de precauciones. Porque el hecho es que el problema no es el tiempo en que se difunde la información — que es un elemento dentro del planteamiento — sino las cientos de vías a través de la cual se puede filtrar la información y que no depende del esfuerzo individual para mantenerse en secreto.

Hace poco, la actriz  Jennifer Lawrence contaba entre risas que aprendió que el spoilers es una invención sin sentido cuando le revelaron el final de la tercera temporada de la serie “Homeland” a la cual es aficionada. Por meses, había evitado cualquier noticia al respecto y lo había logrado con cierto éxito, hasta que un pariente le detalló el final en una conversación espontánea. “No lo podía creer pero comprendí que obviamente era cuestión de tiempo. Fue mi culpa por no llevarla al día” declaró después. Lo cual parece reflejar esa visión sobre el spoiler más relacionada con la precaución del espectador que desea disfrutar de la sorpresa de la película o serie favorita y no por la actuación de un sistema que intente favorecerlo.

Poco después del estreno de la Séptima película de la saga “Star Wars”, los fanáticos de la franquicia tomaron las redes sociales y foros de Internet para debatir cuál era el tiempo “justo” para comentar y debatir sobre el reciente estreno. Luego de sufrir lo que sin duda fue la peor campaña de memes y filtraciones que haya sufrido película alguna, los seguidores de la obra de Lucas llegaron a un acuerdo sobre dejar pasar “al menos cuatro días” para comentar en Redes Sociales sobre la película. Claro está, la reacción de la mayoría de los espectadores sobre el tema demostró de nuevo lo inútil que resulta cualquier intento de contener el eco comunicacional que puede producir un evento cultural de tal magnitud: Incluso días antes del estreno de la película, ya las redes se encontraban inundadas de imágenes y pistas sobre los puntos argumentales más importantes. De nuevo, se trató de un tema sobre la accesibilidad — y el derecho del otro a compartir lo que le plazca en u espacio virtual — y en la manera como lo compartimos.

Se trata de un fenómeno irremediable: los medios de comunicación actuales están construidos y diseñados para reaccionar de inmediato y de manera muy pública, a lo que ocurre en el mundo. Se trata de una reacción aprendida y sobre todo natural, en medio de una herramienta de comunicación basada en su capacidad para difundir ideas personales al público en general, sin ningún intermediario. No es probable que un fanático entusiasta espere por horas o incluso días para expresar su entusiasmo sobre lo que acaba de ver. Y la pregunta que inevitablemente surge es si debe exigirse lo haga. Se trata además de una idea que tiene cientos de implicaciones abstractas: ¿Cuánto debe esperar cualquiera para comentar como le plazca sin herir susceptibilidades? ¿Quién diseña un sistema infalible que pueda proteger al usuario eventual de posibles filtraciones?

La idea del Spoiler además juega en contra de ese elemento tan necesario para los medios de comunicación como es la exclusiva. Apenas unas horas después de haberse revelado un importante giro de la Trama de Game Of Thrones, la revista Entertainment Weekly compartió via Twitter la portada de su revista de la semana: en ella aparecía el actor que encarna a uno de los personajes en la serie, anunciando a quien quisiera leerlo la revelación más importante de cualquier fanático. ¿Podría haber esperado Entertainment Weekly que la mayoría de los fanáticos mundiales disfrutaran del capítulo a riesgo de perder la exclusiva? Seguramente sí, pero no tenía reales para hacerlo.

Con toda seguridad, el concepto del Spoiler comenzará a desvirtuarse a medida que el espectáculo comercial esté más relacionado de lo que ya está con su éxito en Redes Sociales. Y es que a pesar de todos los intentos de llegar a una conclusión general sobre el tema, la solución para evitar que alguien más dañe la manera como disfrutamos de nuestras películas, series y libros favoritos continuará siendo una sola: Alejarse lo más posible de las Redes Sociales, esa gran conversación en ocasiones mal intencionada, antes de disfrutar de ese anhelado objeto del deseo que tanto apreciamos. Después de todo, me digo mientras tarareo los Main Titles de la serie Game Of Thrones y agradezco disfrutarla casi al mismo tiempo que el resto el mundo, no hay forma de impedir que el entusiasmo infantil que nos despierta la cultura pop se desborde. Llegue a todas partes. Se transforme en un gusto adquirido que compartimos con el resto del mundo.

Una nueva forma de comunidad Universal.

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