miércoles, 30 de diciembre de 2015

Entre hojas y anaqueles: Mis doce libros favoritos del año.






¿Que hace a un libro mejor que otro? La verdad, nunca he sabido la respuesta. No hablo por supuesto, no me refiero únicamente a lo que puede brindarle mayor o menor valor literario a un libro, sino al valor de su historia. A esa cualidad que no sólo hace más cercano, comprensible y sobre todo preciado, por encima de cualquier otra. Esa cualidad misteriosa y significativa capaz de cautivar al posible lector. Sí, se trata de una visión elemental y quizás muy simple, pero es la más sencilla sobre la que puedo ponderar. Y la razón para esa visión tan ingenua, con toda seguridad es una sola: Soy una lectora devota.

Soy de los lectores que siempre desean leer. Por cualquier excusa, motivo y en todos los momentos posibles. De los que siempre se encuentran en compañía de sus libros favoritos y los que aún debe descubrir. De los que lleva siempre un par de libros en el morral, o los deja en el escritorio de trabajo, para hojearlos a la menor oportunidad. De las que tienen una mesa de noche rodeada de libros a medio leer, llenos de anotaciones y hojas medio arrugadas con sus párrafos favoritos copiados a manos. De las que considera a las librerías un hogar. De las que despierta a mitad de la noche para continuar leyendo un libro que dejó a la mitad. O de las que sencillamente no van a dormir para poder terminarlo. De las que atesora los libros como pequeños fragmentos de historia personal.

De manera que hablar sobre “libros favoritos” siempre me parecerá una temeridad, sobre todo todo, porque estoy convencida que cada libro brinda un mensaje, una idea nueva, una dimensión del mundo inolvidable. Incluso los más sencillos, los aparentemente tópicos, siempre abrirán puertas desconocidas en nuestra imaginación. Así que al momento de redactar una pequeña lista sobre mis historias favoritas durante el año 2015, me encontré que no sólo se trata de escoger sobre la calidad narrativa, semántica e incluso de un libro sobre otro, sino de una visión que pueda haberme sorprendido quizás, fascinado, mucho más que otras. ¿Qué tan válido resulta escoger un libro sólo por la capacidad que tuvo para cautivar mi imaginación? No lo sé. Pero es quizás la manera más sincera que tengo que hacerlo, la más cercana a la manera como percibo los libros y lo que pueden brindarme: Una lugar por descubrir en mi mente. Un paisaje por completo desconocido que descubro — y paladeo — gracias a las palabras.

Siendo así, ¿Cuales podrían ser mis historias favoritas en un año lleno de extraordinarias propuestas? Quizás los siguientes:

Cicatriz de Sara Mesa.

Si tuviera que describir “Cicatriz” con una sola palabra, seguramente sería “Claustrofóbica”. Porque en la novela de Sara Mesa, no abundan los escenarios ni tampoco se prodiga en la descripción de sus personajes. La historia parece transcurrir exclusivamente en las reflexiones, pensamientos y contradicciones que se yuxtaponen entre sí para sostener un ritmo lento y asfixiante. En “Cicatriz” la realidad parece una idea accesoria, que no encaja en ninguna parte y sin duda, es el triunfo de una combinación arriesgada de visiones sobre la personalidad del otro, el aislamiento, el dolor y la soledad moderna. Mesa, con un pulso narrativo que impresiona por momentos, no sólo sostiene y mezcla todo tipo de percepciones sobre los espacios interiores distorsionados por la angustia existencial — los moldea a conveniencia, los construye a partir de diminutos cambios de perspectivas — hasta lograr una historia desoladora que nunca cae en lo tópico, a pesar de bordearlo. Una novela que se lee de un tirón y que deja un regusto amargo al acabar.


Esto también pasará de Milena Busquets.

A Milena Busquets no le conocía, aunque había leído los mejores comentarios sobre su anterior obra “Hoy he conocido a alguien” (2008), donde ya deslumbró por su capacidad para contar historias mínimas con una enorme capacidad emocional. No obstante, la experiencia emocional de “Esto también pasará” me asombró no sólo por su sutileza sino por también, por su soterrado cinismo. Y es que Busquets, construye una historia sólida y conmovedora sobre el dolor y el duelo, pero sin caer en los clichés habituales sobre el sufrimiento espiritual y la desolación tras la muerte de un ser querido. El libro desconcierta por su sinceridad, su sencilla crudeza para contar la vida común, pero sobre todo, por su intrincada línea de pequeñas escenas que se concatenan para mostrar algo tan aparentemente simple como el sufrimiento humano. No obstante, no hay nada superficial en esta colección de diminutos fragmentos de dolor y existencialismo: Busquets los evita con una precisión que por momentos puede parecer cruel, pero que se sostiene sobre su capacidad para la ironía y un velado sentido del humor. Por momentos insoportable en cierto parlamento snob, la novela avanza con buen pie hacia una culminación descarnada sobre la angustia íntima y el espíritu quebrantado en busca de una justificación personal.

El Reino de Emmanuel Carrere.


No hay mucho que decir sobre Carrere que no sea obvio: su capacidad para contar historias parece íntimamente mezclada con una prosa inteligentísima y una sensibilidad especial para encontrar grietas en argumentos culturales que suelen tomarse por absolutos. Tal vez por ese motivo, su obra parece una combinación de crítica dura a la realidad, pequeños desvaríos sobre la razón pura y algo más cercano a la crítica intelectual. Su más reciente libro, “El Reino”, parece sortear todas sus anteriores ideas con enorme pulcritud para crear un panorama completamente nuevo sobre lo que Carrere desea contar. Y en esta ocasión, el motivo de su curiosidad — su principal motor a la hora de contar, como ha repetido tantas veces — es la religión. El foco medular de lo que nos hace creer y asumir las singularidades de la fe. ¡Y de que manera lo hace! Asombra su buen hacer para no sólo contar con notoria consistencia histórica los primeros años del cristianismo, sino para brindarle un indudable cariz de misterio a medio descubrir, de historia incompleta que de hecho, es el mayor triunfo de una narración por momentos abrumadora. Pero Carrere no se pierde en detalles insustanciales ni devaneos innecesarios: La Obra avanza con pie firme y se cuestiona así misma tantas veces como para que en ocasiones pueda provocar verdadero malestar. Carrere insiste, elabora una reflexión dura y temible sobre los peligros de la fe y por último, lanza al aire una visión durísima sobre el dolor del hombre despojado de sus Dioses. Una novela extraordinaria y una de mis favoritas inmediatas.

Teleshakespeare de Jorge Carrión.



Publicada en el 2012 pero como bien me acotó su autor en Twitter, con una primera edición latinoamericana publicada este año, Teleshakespeare es quizás uno de esos libros destinados a ser actuales por mucho tiempo. Y es que Jorge Carrión — profesor de Literatura Contemporánea en la Universidad Pompeu i Fabra — no sólo logró elaborar una reflexión completísimo sobre la llamada “Edad de Oro” de la televisión actual, sino también de sus implicaciones culturales. Punto a punto, Carrión analiza el impacto de las series como nuevo vehículo de construcción cultural y analiza las mejores de la década bajo la percepción de toda una nueva forma de literatura y espectáculo destinada a perdurar. Para Carrión, la serie no es sólo un producto televisivo, sino también una mezcla consistente de ideas sociales que la pantalla chica refleja con muchísima más propiedad y acierto que cualquier otro medio. Para Carrión “la novela se ha impuesto como gran modelo narrativo: lo hizo con el cine, lo ha vuelto a hacer con el videojuego, el cómic y las series de televisión. Los lectores estamos sedientos de ficciones y nos gusta poder escoger entre varios lenguajes para consumirla”. En base a ese análisis, el autor pondera y reflexiona sobre los medios, la democratización del producto literario y sus alcances. Imprescindible para todo aquel que se llama Seriófilo.


Felices los Felices de Yasmina Reza.


No se trata de un libro sencillo ni pretende serlo. Su autora ha sido acusada en multitud de ocasiones de misógina y misántropa, parece regodearse en esa presunción del odio y el rechazo para crear una visión inquietante sobre las relaciones de pareja, los dolores emocionales de una generación que juzga simple y cultura acostumbrada a la inmediatez. Para Yasmina Reza no hay puntos medios: su obra parece insistir en los extremos, en la búsqueda sentimental y sobre todo, en la infelicidad. Porque nadie se equivoque: Reza no escribió sobre historias de amor al uso, sino de las más dolorosas, las angustiosas, las duras, las temibles, en una combinación que termina por abrumar en ocasiones al lector. Reza, con una delicadeza que llega a convertirse en una durísima crítica existencial, la felicidad no es otra que una idea comercial, manida y sin sentido sin otro valor que la idealización de un sentimiento caníbal como es el amor. Llamado “El cuento de hadas roto” su libro es quizás el mejor reflejo de toda una nueva percepción sobre el sufrimiento emocional y las trampas emocionales de nuestra cultura.


Patria o muerte, de Alberto Barrera Tyszka


Como Venezolana, estoy obsesionada con la situación política y social de mi país, y “Patria o muerte” de Alberto Barrera pareció reflejar esa necesidad de comprensión y reconocimiento mejor que cualquier otro texto que leí durante el año. Para el escritor, el deterioro de Venezuela como idea comienza y termina con el Venezolano y su concepción sobre el país, una idea que desarrolla de manera impecable en un libro sin concesiones. Venezuela, convertida en un organismo vivo y amenazado por sus propias debilidades y dolores, avanza en la historia como otro personaje, padeciendo el sufrimiento y la angustia existencial que parece sostener una historia basada en el dolor emocional de una sociedad adolescente. Como escritor, Barrera tomó la arriesgada decisión de basar su obra en un hecho histórico muy concreto: La muerte del Presidente Hugo Chavez. No obstante, la novela no se tambalea por el hecho político o por sus implicaciones. No se contamina por sus posibles interpretaciones. Con una visión impecable sobre la historia y sus infinitas ramificaciones, Barrera encuentra una forma de contar la historia Venezolana a los propios Venezolanos y se supera así mismo con una conclusión poderosa sobre la identidad y el gentilicio de un país roto por la incertidumbre. Un libro extraordinario y necesario para comprender no sólo la crisis de Venezuela sino también, analizar la noción sobre el legado histórico de un tipo de dolor social muy específico y perdurable.


La guerra no tiene rostro de mujer de Svetlana Alexiévich.


Svetlana Alexiévich saltó — literalmente — a la fama internacional luego de ganar el premio Nobel de literatura del año. No obstante, esta periodista en estado puro y además, firme convencida del valor de la palabra como documento social e histórico, ha transitado durante buena parte de su vida entre su capacidad para contar la historia de su país y más allá de eso, de asumir el debate sobre el legado histórico ruso. La obra de Svetlana Alexiévich no es sencilla ni pretende serlo: se trata de un compendio de narraciones que muestran a la Unión Soviética — sus transformaciones, miserias y dolores — desde un punto de vista objetivo y duro que llega a sorprender y conmover. Alexiévich analiza a su país desde una óptica firme, con un pulso preciso cercano en la dureza. Y ese es quizás su mayor mérito. Conocida sobre todo por su libro Voces de Chernóbil (donde recopila de manera magistral docenas de testimonios sobre el desastre nuclear que Régimen Ruso intentó silenciar), su obra parece insistir sobre esa perspectiva de Rusia como víctima de sus propios errores y temores. En La guerra no tiene rostro de mujer la periodista muestra una serie de dolorosos y en ocasiones escalofriantes testimonios de las mujeres soviéticas que sobrevivieron a la II Guerra. Una crónica a trozos sobre historia desconocida de un país conocido por su secretismo.


Marie Antoinette de Benjamin Lacombe.



Desde que se publicara su primera obra (Caperucita Roja, Edelweis 2004), el ilustrador Benjamin Lacombe ha deslumbrado al público con sus reinvención del género de la novela ilustrada. Con un estilo que suele ser descrito como una combinación de Disney con tintes Siniestros, Lacombe reflexiona sobre la belleza, la mitología y el amor desde una cuidada colección artística que le ha ganado millones de adeptos alrededor del mundo.
Este año Lacombe publicó el que quizás es su libro más ambicioso: “Maria Antonieta” donde intenta contar no sólo el mundo de la jovencísima y trágica monarca, sino su particular punto de vista sobre si misma. Esposa del Rey Luis XVI, la reina consorte pasó a la historia como símbolo del exceso y la belleza. Mito e icono popular, Maria Antonieta es no sólo una aproximación a la Francia de su época — con todas sus virtudes y miserias — sino a un fragmento de historia que parece demonizarla e idealizarla a partes iguales. Pero Lacombe no se limita a ilustrar, sino a crear un diario intimo ficcionado a través de sus extraordinarias ilustraciones. Con una enorme delicadeza, el autor define a la Reina que murió, sino también a la mujer muy joven que Reinó en un país imposible durante tiempos convulso. La humaniza hasta crear un personaje tan real como profundamente humano. “Definieron rápidamente a esta reina como frívola y leve, pero al hallar sus cartas, descubrí a una mujer mucho más interesante e inteligente que lo que decía el cuento popular. Yo reto a cualquiera a que encuentre a una chica de 14 años capaz de escribir una carta de esa profundidad en un idioma que no es suyo”, insiste Lacombe, que realizó una cuidada investigación por casi dos años, en compañía de la historiadora Cécile Berly. Una joya para los amantes del género pero sobre todo, para los que deseen disfrutar de una delicadísima reinterpretación de la Francia Pre revolucionaria.


Los malos de Leila Guerriero.


La periodista Leila Guerriero en esta ocasión asume la labor de un concienzudo editor para recopilar las escalofriantes historias de catorce personajes, que según la autora y el grupo de periodistas que le acompañan, encarnan la maldad en Estado puro. Torturadores, asesinos en serie, personajes políticos, el libro es un recorrido por todos los rostros de la maldad Latinoamericana, reconstruidos en narraciones durísimas y abrumadoras. Hay una cierta visión pesarosa sobre la maldad reconvertida en símbolo de situaciones históricas, momentos políticos, como si el recorrido por el núcleo de lo que la maldad puede ser, describe mejor que cualquier otra cosa a nuestro continente. Más allá de los estereotipos, “Los malos” es un retrato audaz y durísimo sobre el horror y los alcances de la violencia en el ser humano.




Sumisión de Michel Houellebecq.


Houellebecq no es un escritor cómodo y con frecuencia se regodea en esa capacidad suya para irritar y cuestionar. Su libro más reciente “Sumisión” parece resumir ese particular talento suyo para el escándalo: Publicado unos días después del ataque a Charlie Hebdo, esta fantasía distópica de una Francia musulmana provocó que el escritor tuviera una escolta policial. Aún continúa teniéndola: el escritor menciona de vez en cuando que conversa con sus “amigos policías” sobre Borges y que goza de esa extraña sensación de encontrarse al borde de la muerte con más frecuencia de la que puede imaginar.

La novela “Sumisión” parece redondear toda la mitología que rodea al escritor. La novela narra a una Francia futura, al borde de una guerra civil y de la conversación al Estado islámico. Lo hace, además, regodeándose en los miedos, temores y esquirlas de una visión racista y prejuiciada sobre el futuro. En la historia, la incertidumbre está en todas partes y parece mezclarse con un ambiente opresivo y doloroso que termina creando una visión aterradora sobre el país galo. Una y otra vez, Houellebecq juega con símbolos y aliteraciones sobre lo que Francia como estado Laico puede ser y la manera como se percibe así misma. Una y otra vez, cae en una especie de interpretación siniestra sobre su aparente inocencia. El resultado es una novela cruda, poderosa e inolvidable que probablemente marque un antes y un después en la obra del escritor.


The Door de Magda Szabo


Sazbo es poco conocida en latinoamérica y quizás por ese motivo, me sorprendió su estilo duro, directo y franco. No obstante, esta escritora Hungara creó durante casi 50 años una dimensión literaria por completo nueva sobre el poder, el temor y la compulsión intelectual. Y es que quizás, Szabo (que murió casi centenaria en 1990) no sólo reflexionó en sus novelas sobre el terror de la inmediatez con mucho más tino que escritores modernos, sino que además, logró encontrar una forma de contar el dolor existencial que no llega a conmover a pesar de asombrar. Todo un logro en medio de terrores modernos y sustanciales que convierten a la escritura en un terreno minado de clichés. La novela “The Door” es el mejor ejemplo de esa combinación del horror, lo bello y lo absurdo: se trata de una novela inquietante donde se invierten las relaciones de poder pero más allá de eso, se analiza el tiempo y la convivencia desde un punto de vista casi temible. No hay nada verdaderamente claro en esta historia, mezcla de humor negro y un absurdo bien medido para sorprender, que avanza contando la historia de la Hungría herida por la post guerra y una infinita angustia existencial. Un juego de espejos extraordinario que convierte a la novela en una obra imprescindible.

Outline por Rachel Cusk


Quizás la novela más “tradicional” de mi pequeña lista anual. Y sin embargo “Outline”, no tiene nada de tópico, no obstante tocar temas habituales y aparentemente trillados como el amor, el duelo, el orgullo y la estupidez. Con una prosa limpia, intensa y por momentos brillante, la escritora atraviesa todos los estados del ser para asumir una visión descarnada sobre quienes somos y como nos comprendemos. Una expresión profundamente dura sobre la identidad, el dolor emocional y los pequeños momentos de felicidad espiritual.









Una lista corta, sin duda, pero que resume mi trayecto por el mundo de la palabra este año. Un recorrido profundo, emocional y como siempre privado que me demostró de nuevo el poder de la literatura para crear, ennoblecer y sobre todo consolar como una forma de arte de infinita belleza. Una manera de soñar.


1 comentarios:

Heriberto Machado Galiana dijo...

Muy buenos comentarios, desde ya tengo ganas de leer varios esos títulos. Gracias!

Publicar un comentario