viernes, 17 de abril de 2015

Proyecto "Un género cada mes" Abril - Ficción Histórica: Saga "Cronicas del Señor de la Guerra" de Bernard Cornwell.





Bernard Cornwell suele decir que para escribir sobre la historia, antes que aprender sobre lo que ocurrió, se debe imaginar el mundo que creó la escena. Una frase que parece resumir no sólo la idea del escritor sobre la historia - lo que se cuenta, lo que se admite como real y lo que puede no serlo - sino también, esa percepción de Cornwell sobre la falibilidad de la crónica que sobrevive, lo que trasciende a lo que sucede y parece brindar sentido a lo que recordamos como historia. Una  planteamiento ambiguo que además, plantea una reflexión inquietante ¿Es la historia tal y cómo la aprendemos o sólo se trata de un reflejo de lo que sobrevive a la inclemencia de las décadas y siglos? Una cuestión que por años, ha obsesionado no sólo a los estudiosos del hecho histórico como tal sino entre quienes cuestionan lo verídico a través de esa sutileza entre la narración, lo real y lo imaginario que parece rodearlo.

Para Cornwell sin embargo, el análisis se plantea de forma más o menos sencilla: no sólo asume el papel del que cuenta sino también, de quien interpreta lo que el mundo recuerda. La combinación entre ambas cosas, suele desconcertar pero también, producir un híbrido literario de un raro valor anecdótico. Porque las novelas de Cornwell no sólo se limitan a recrear lo que puede haber ocurrido sino que además, construye un contexto lo suficientemente creíble para sustentarlo. De manera que, lo que pudo haber pasado termina siendo una ensoñación, una idea que se eleva por encima de la razón histórica y crea algo más sustancioso, valioso y quizás, complicado de definir. La idea de lo histórico como parte de lo que el hombre recuerda sobre sí mismo y la manera como lo asume, desde el punto de vista creador.

Por ese motivo "Las  crónicas del Señor de la Guerra" suelen ser consideradas una  acertadísima visión sobre el ciclo histórico artúrico, aunque con frecuencia se cuestiona su veracidad histórica. Una contradicción que sin embargo no resulta tan importante, cuando se analiza la obra de Bernard Cornwell a fondo. Y es que el escritor, con una precisa capacidad para la descripción y sobre todo, la meticulosa reflexión sobre la historia como hecho humano - antes que cientifico - crea una visión sobre la época tan sólida que resulta no sólo creíble - lo cual resulta un mérito por si misma - sino atractiva. Más allá, el escritor brinda una profundidad hacia la idea de lo que fue - lo que pudo haber ocurrido, lo que seguramente ocurrió - que parece construirse no sólo desde el dato pragmático y comprobable, sino desde ese necesario análisis de la identidad y el valor de lo que se asume real. Una y otra vez, Cornwell logra un admirable equilibrio entre la ficción y lo histórico, un híbrido complementario que se sustenta sobre una narración de enorme profundidad emocional. La historia avanza, se sostiene así misma pero sobre todo, tiene la capacidad de transformarse en algo más amplio que una simple visión de una circunstancia Universal. Con gran perspicacia, Cornwell  reconstruye un conocidisimo paraje histórico pero no se limita a reconstruirlo, pieza a pieza y sostenido sobre lo evidente, sino que lo envuelve en un halo mítico, tan sutil como sustancioso, tan inteligente como evocador. La historia que es lo que se recuerda de ella.

A Cornwell suele criticarsele por su necesidad de ir más allá del suceso real para crear algo a la medida de su imaginación, lo que hace que buena parte de la crítica insista en que su obra no puede ser catalogada como ficción histórica. Y "Las crónicas del Señor de la Guerra" no es la excepción a su percepción sobre su capacidad como narrador. No obstante, el escritor tiene la enorme delicadeza de hilvanar con pulso firme no sólo la sucesión de hechos cronológicos que forman parte de la historia sino también, el mito, la leyenda, la historia popular que la rodea, creando así un intricado entramado de ideas y percepciones sobre la historia artúrica por completo nueva. La ambientación posee una atención al detalle que sorprende al lector, pero no sólo porque Cornwell logra reconstruir el mundo de Arturo y su Corte con enorme belleza, sino que lo hace cercano, comprensible e incluso, contemporáneo. El lector no  mira el mundo artúrico a la distancia, asombrado de las diferencia que lo separa del suyo, sino que disfruta de las semejanzas que puede comprenden y que hacen la narración mucho más cercana y sustanciosa.

Eso, a pesar que Cornwell toma el riesgo de recorrer un mundo pre cristiano, rodeado de costumbres paganas, que describe en toda su belleza y crudeza. Se trata de un Universo histórico lejano lleno de contrastes, donde la barbarie y una profunda comprensión sobre la naturaleza y sus misterios, crean un telón de fondo imprescindible para asumir en toda su extensión la complejidad de la historia. La historia, contada en primera persona, avanza con rapidez y agilidad, atravesando el ciclo artúrico y reinterpretando héroes y villanos a conveniencia. Por esa razón, Cornwell ha sido acusado más de intentar recrear la historia que asume real, sobre el dato realista. Y quizás lo hace: en ocasiones su necesidad de recrear la fantasía y la fabula parece rozar el límite de la precisión histórica. Pero no lo rebasa jamás: lo histórico se sostiene sobre la simple visión imaginada, posee un peso mucho más sustancioso sobre el enigma que lo rodea. Y aún así, entre ambas cosas, parece existir una difusa interpretación sobre lo que crea la memoria Universal, esa finisima red de hechos y pensamientos que brindan identidad al espíritu del hombre actual.


Cornwells dedica una especial atención a las batallas y combates:  su prosa no sólo describe la violencia, sino que la dota de una belleza lírica que desconcierta y sorprende. Y quizás en esa obsesión por la crueldad que podría definir mejor que otra cosa las intenciones del escritor al recrear un mundo primitivo y salvaje con especial sensibilidad y profundidad. La crudeza de la muerte, del horror y del miedo en el combate parece delinear un mundo desconocido que se extiende más allá de la sucesión de nombres y personajes que consideramos históricos. Y quizás, esa es el gran triunfo de "Cronicas del señor de la Guerra": construir un universo donde el dolor, el miedo, la simple humanidad se combinan y se confunde como una nueva forma de recordar la identidad del hombre - esa idea anónima del género humano - y la circunstancia que lo rodea. La presunción del mundo que se construye a través de las decisiones del espíritu de creación y algo más sutil y sin duda ambiguo: la capacidad de la mente humana para olvidar su propia historia y a cambio, crear una mucho más poderosa y significa, aunque no siempre real.

¿Quieres leer la Saga "Crónicas del Señor de la Guerra" de Bernard Cornwell en su formato PDF? déjame tu dirección de correo electrónico en los comentarios y te la envío.

5 comentarios:

Lissette González dijo...

Yo lo quiero, Agla!!! Y ya tienes mi correo, un abrazo!

Gabriela Esteva dijo...

¡Yo quiero, Aglaia! (también de Amélie Nothomb)
Muchas gracias por compartir.

Gabriela Esteva dijo...

Mi correo...
gabrielantinea@outlook.com

Víctor Salas dijo...

Hola! El correo es victorsalas02@gmail.com muchas gracias por compartir. Saludos

P.D. Me debes la saga de Los Reyes Malditos

Daoine Maite dijo...

m.ithilien@gmail.com Buen día y muchas gracias de antemano.

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