sábado, 1 de marzo de 2014

Frontera Ideológica: De La protesta a la indiferencia ¿Qué ocurre en Venezuela?




He vivido en el Oeste de Caracas durante toda mi vida. Como suele decirse en ese argot caraqueño levemente pop “En el Oeste del Oeste”. Y aunque más de una vez me han insistido que mi zona no es representativa por tratarse de una zona residencial, si considero que comprendo mejor que mucha gente lo que ocurre en el lado “chavista” de la ciudad. Con el Barrio 905 como vecino directo y unas cuantas invasiones como lindero, puedo decir que a pesar de mi relativa distancia con el lado “real” del Oeste conozco lo suficiente sobre “el lado emblemático” de Caracas como para opinar con propiedad.

El Oeste de Caracas es otro mundo. No sólo por la ideología política sino por el hecho que realmente, la ciudad parece estar dividida en dos mitades muy diferentes entre sí. El Municipio Libertador, representa a esa Caracas vieja, la dura, la áspera. La Caracas peligrosa, la Caracas simbolo. Mi casa se encuentra a ocho cuadras o 15 minutos de autobús del Centro de Caracas y más o menos la misma distancia de Antimano. Me encuentro justo en el medio de toda esa visión de la ciudad que se viste de rojo, la que se reinvidicó con la revolución Chavista. Queriendolo o no, pertenezco a esa Caracas que se insiste es la real, la que aglomera al chavista de verdad. De la frontera ideológica de Chacaito hacia acá, se encuentran esos pequeños núcleos de pura veneración a la imagen del difunto Presidente, sino esa representación dura y pura del Chavismo que se considera reivindicado por pura política roja. Y debo decir, que hay mucho de cierto en esa percepción. Y es que ¡Dios me libre! ser opositora en medio de esta “burbuja” de ideología accidental no ha resultado sencillo, pero también me ha permitido comprender mucho mejor a mi país de otros con quienes comparto lucha moral y social. Y es que el Oeste tiene su propio ritmo, su tiempo y rostro. Para el Oeste, la política y el reconocimiento del otro, transcurren por una vía distinta a la que recorre el resto del país.


Algo es cierto: en el Oeste no se protesta. Así, sin más. Durante las últimas dos semanas, la calle donde vivo ha tenido un aspecto desolado, consecuencia del miedo, pero en realidad ni esa soledad muestra otra cosa que inquietud. Porque en el Oeste, la protesta tiene otros síntomas, se mira de distinta forma. Y eso puede enfurecer, doler, angustiar, a quien como yo, observa la realidad nacional desde fuera de esta pequeño espacio con viento propio. Pero también puede enseñarte por qué el país sigue siendo dos visiones de la realidad confrontada, que se excluyen mutuamente. Algo te enseña, mirar por la ventana y encontrar la calle en silencio, mientras sabe que algo se mueve más allá de esta tranquilidad de todos los días, del no pasa nada, que tanto puede llegar a afectar. Te enseña a que hay otra visión del país, una interpretación totalmente distinta a la tuya. Una ruptura que podría considerarse artificial pero que en realidad, es solo consecuencia de lo que brinda al Oeste su identidad, su sustancia.

No es sencillo asimilar la idea. A mi me llevó sus buenos días digerir este silencio, buscarle las aristas. Pulirlo hasta comprenderlo, encontrar donde encaja. Porque lo confieso sin verguenza: hasta ahora, siempre he considerado que este silencio, es indiferencia, cuando no ignorancia. Asi de arrogante somos, cuando decidimos que la razón es nuestra o peor aún, nuestra verdad - o como la interpretamos - tiene más valor que otra. Pero usualmente esa arrogancia suele perder sentido cuando comienzas a escuchar. Así de simple. A escuchar lo que ocurre a tu alrededor, poco a poco y en un ejercicio de conciencia. Porque para entender al otro, hay que dejar de ser el adversario de conciencia.


Durante los últimos días de protesta, me dediqué a recorrer mi zona, mi Oeste conflictivo y particular. Al principio, fue circunstancial: Frustrada por la censura de los medios tradicionales, me dediqué a repartir panfletos informativos de lo ocurría entre mis vecinos pero luego, la necesidad de protestar de cualquier manera, me llevó a continuar haciéndolo más allá de la zona que conozco, ese mi “casa” que abarca la avenida, la calle, la esquina y la Plaza que veo todos los días. Comencé a alejarme cada vez más, hasta que me encontré recorriendo ese otro Oeste - el verdadero, quizás - y llevandome tropezones con la realidad que como opositora, no siempre reconozco de buena manera. Más allá de mi visión, encontré que en el Oeste no se protesta no solamente porque la ideología - la abstracta, la emocional - todavía justifica y consuela, sino porque a la protesta del Oeste nadie la escucha.

¿Complejo? No tanto. Lo entendí cuando extendí un panfleto cerca de la Redoma de la Vega y una mujer me tomó del brazo y me hizo caminar a su lado, preocupada. Fue la única que me lo aceptó. La mayoría de los transeuntes me miran, sacuden la cabeza. Me ignoran directamente.

- Tenga cuidado mija, aquí de esas cosas no se habla.

Mi panfleto no dice gran cosa. Solo se trata de una cronología apresurada de todo lo que ha pasado durante el mes de Febrero. No incluye opiniones políticas. Solo cuenta la historia. Camino con la mujer hasta el enorme centro Comercial que lindea con el Barrio más allá.

- ¿De qué cosas?

- De esas cosas de escualidos - me explica. Y no lo dice con mala intención. Con su cabello entrecano y su blusa floreada, tiene un aspecto normal y amable. La madre de quizás una mujer de mi edad - aquí le pueden dar un tiro por eso.

- ¿Por entregar un Panfleto?

- Eso es propaganda pa’ los del Este. Mija aquí la cosa no es como allá.

Me guardo mis panfletos. Le pregunto si quiere explicarme un poco sobre como se le ve lo que ocurre de este lado de la ciudad. La invito a un café en una panadería del Centro Comercial. Y es que aquí, realmente no está ocurriendo nada: Hay una gran cantidad de gente en el centro comercial, los establecimientos están abiertos. Se escucha música ambiental. Realmente, aquí no se percibe ni de cerca, el Estado de conmoción que abruma al Otro lado y buena parte del país. En este día soleado, con el sonido del tráfico llenandolo todo, el aire de normalidad te da unas cuantas lecciones. Al Oeste no le interesa - no se involucra - con lo que está ocurriendo más allá.

- Mija, por este lado la cosa se ve distinta. Y eso que tenemos a los muchachos de Montalbán que hacen escandalo - me explica la Señora. Estamos sentadas ambas en la jardinera del Centro Comercial. Un grupo de muchachos gritan y se empujan unos a otros. Son estudiantes, lo asumo por su camiseta, sus jeans, el morral - pero aquí los problemas son los mismos. Los malandros matan gente, los reales no alcanzan. No hay que comprar. Pero cuando hay es barato. Aquí convives con el malandro y el policia todos los dias.

- ¿Las protestas que le parecen?

- Son un berrinche, una malcriadez de muchachitos sin oficio - y de nuevo, me sorprende la naturalidad. No es una crítica, constanta un hecho - Muchachitos que creen que el mundo se cambia porque quieren, que no escuchan nada y que queman basura pa’ joder. Eso no cambia un país. No cambia nada.

No cambia nada. Lo pienso mientras voy sentada en el autobus hacia el Centro de Caracas. Aquí no me atrevo a llevar mis panfletos. Pero necesito preguntar, caminar y comprender. ¿No cambia nada? ¿O simplemente el mensaje no se hace escuchar? Nada tan simple, me insisto. Los problemas existen, hay quien lo padece, ¿pero pueden identificarse con el mensaje estudiantil, incluso con el de la oposición genérica? No es tan sencillo, ni tan directo. Para el “oeste” - y quizás para buena parte del oficialismo silencioso - el descontento no se manifiesta en apoyo automático al contrario, sino en resignación. O quizás ni siquiera eso. El malestar del otro, del que no entendemos, del adversario no es ganancia política para el que se encuentra al otro lado de la orilla política. Porque no comulga en las mismas condiciones ni se expresa de la misma manera. No hay identificación. No somos los mismos.

Eso es lo que me dice al menos, un vendedor de fruta a la salida de Capitolio. Cuando le hago la pregunta sobre qué piensa sobre las protestas me mira de arriba a abajo.

- ¿Usté es periodista?
- Una curiosa nada más.
- ¿Pa qué quiere saber?
- Me gustaría escucharlo.

Le compro una mandarina, para relajar el ambiente. Y espero que atienda a un par de clientes. Cuando me mira de nuevo, parece cansado.

- Esa vaina no va a llegar a na’. Mi presidente no tiene porque hacerle caso a tanta verga.

Me lo dice de manera casi agresiva. Tal vez espera que reaccione, que proteste. Pero como no lo hago, sacude la cabeza.

- Mija, aquí siempre hay hambre ¿Los ricos ahora es que se dan cuenta?
- No todos son ricos.
- Tampoco les importa los pobres, protestan por ellos.

Suspiro. Recuerdo las pancartas que hablan sobre hambre y escasez. No es nada nuevo para nadie ¿Por qué nadie se queja?

- Porque no es nuevo nada - dice el hombre. Se inclina para atender a un cliente. Le extiende una bolsa con mandarinas. Me mira otra vez - a nadie le interesa si el pobre es más pobre. Solo si el rico es más pobre. Esto ha sido asi desde siempre.

Desde siempre. Caracas no cambia, pero ahora tiene opinión política. Caracas siempre ha sufrido pero ahora ese sufrimiento tiene un tinte ideológico. ¿O exagero? Miro las gorras rojas, las vallas con el rostro del difunto presidente, el rostro serio de Nicolas Maduro, que mira incómodo a la cámara y quizás al poder. ¿Que capitalizó el Chavismo? ¿El descontento? ¿La pobreza solemne? ¿Qué ignora la oposición? ¿Por qué su mensaje no incluye al resto de quienes sufren? ¿Sólo ahora nos damos cuenta de la omisión?

Más tarde, de regreso a mi casa, camino frente a la Invasión a dos cuadras de mi casa. Una mujer mayor y otra muy joven conversan frente a una especie de habitación improvisada construida con planchas de Zing. Hay un cartel enorme: “Grupo Pionero socialista”. Sé que estan armados, que cada día de protestas, el grupo entero sale a la acera para vigilar al vecino. ¿Quienes son? ¿Por qué prefieren enfrentarse que asumir la protesta es suya también? Pero la distancia es enorme, quizás infranqueable por ahora.

¿Lo entendemos? Me pregunto. Sigo entregando panfletos. Cada vez me alejo más de mi zona de seguridad, de ese circulo donde puedo comprender que pasa. ¿Lo entendemos más allá como respuesta, como parte del reclamo? ?¿O sólo pedimos al Oeste, al “Otro” que se nos una por necesidad?

No lo sé. Y me llevará mucho tiempo comprenderlo, sin duda.

Así estamos.

Esta es Venezuela.

8 comentarios:

Unknown dijo...

Gracias por tu artículo una vez más dando una perspectiva y una visión única del panorama en Venezuela. Siempre estás presente en mi timeline de Twitter y es muy grato leer tus artículos.

Anarquia Consumed dijo...

Lo que le falta por entender a la oposición es que los barrios no "bajan" por tres razones fundamentales.

1.- "Si a Chávez le pasa algo, los cerros se volcarán en las calles y..."

Algo más o menos así le gustaba gritar a Hugo Rafael cada vez que se sentía presionado por la sociedad civil.

Esta fue una de sus mejores jugadas pues con ella logro conquistar el miedo de la clase media opositora. Esa frase, aun no teniendo base alguna que la sustentara caló tan profundo en el inconsciente colectivo de los -en su mayoría cándidos- ciudadanos opositores que al sol de hoy todavía es usada por los personajes del gobierno para amedrentar y desmoralizar los intentos de protesta.

Todos los que vivimos en el corazón del barrio, incluyendo a los chavistas duros, sabemos que esa vaina es pura paja.

Y eso quedó fielmente demostrado en los tan cacareados sucesos del 13 y 14 de abril de 2002. Cuando el "pueblo" o " el cerro" que bajó no llenó más de 3 cuadras frente a Miraflores... y notese que en aquella época Chávez estaba más duro en esa silla que sancocho de pato.

Pasa que el venezolano suele tener memoria corta y formatea sus recuerdos cada 4 años, entonces mis queridos opositores olvidaron detalles tan importantes como ese. Pero extrañamente siguen con la temida fracesilla rondando sus pensamientos. Supongo que el formateo es selectivo y no permite borrar aquello que tememos.

Yendo al grano... QUE NO, que los cerros NO bajan a defender tiranos ni a defender la patria. Porque el tirano siempre tiene reemplazo y la patria no les llena el estomago.


2- La llamada "sociedad civil" (conformada por clase media alta, media baja, y clase popular con aspiraciones a surgir) Se dejó dormir luego del paro petrolero y la estupidez aquella de la zona "liberada" en la plaza Altamira.

Cayeron en ese absurdo juego de "vivimos en una tiranía que sacaremos con votos, pitos, banderas y bailoterapia..." y en eso de "No vale, yo no creo que esto aquí se ponga como en Cuba..."

Esa anestesia se prolongo por 10 años, en parte porque Chávez fue mal gobernante pero no tanto como sus sucesores y también porque en ese tiempo los corruptos aun no se habían raspado hasta la ollita donde el bedel del BCV se prepara el café

Y formateamos de nuevo en 2004 y 2008... en ese proceso de borrar los recuerdos se perdieron importantes anuncios que hacían una serie de personas alertando que el régimen de Hugo no era sino una dictadura de las mas perversas y sanguinarias.

Esas valientes voces fueron tildadas de radicales, de paranoicos, de mayameros desesperados... y pues... nadie les paro bolas y preferimos montarnos en el bus electoral (si, ese bus que hace poco se estrelló por tercera vez)

Eran aquellos tiempos de protestar en Enero y luego carnaval, arena, playa, semana santa, playa, puente... meses en el limbo, protesta en octubre, noviembre pre-navideño, navidad paz y amor... repita desde el principio.

Sucede que en esos 10 años (2003-2013) los "intereses" de las sociedad civil no habían tocado fondo. Si, estaban en deterioro pero todavía la cosa se veía sostenible y justamente esa sensación de no estar tan mal contenía los ánimos, aplacaba los alertas y permitía ignorar por un rato más el lógico final que puede tener, y está teniendo esta cosa llamada Socialismo.

Con esta tocada de fondo, la "sociedad civil" se choca de frente con la realidad que el pobre, el cerro, el oeste o como le quieran llamar ha vivido durante 54 años.

La realidad es que ellos están adaptados a esa forma de vida y ustedes no.

Esto explica muy bien por que, a pesar de estar en juego nada mas y nada menos que la libertad, la personas del "oeste" no se preocupan en lo más mínimo de ese asunto

Ellos no están pasando roncha, ellos en un 80% ignoran lo que es un sistema comunista, ellos no saben o eligen no saber que un entrenador cubano no vale tanto como miles de barriles de petroleo que se pagan por él.... y pare usted de contar.

(continua...)

Anarquia Consumed dijo...

Resumiendo, la gente que en la 4ta nunca vio negada sus aspiraciones llegó al llegadero y no entiende que la otra parte del país que podría ayudarle a salvar la patria está en ese charco hace varias décadas y lógicamente le vale madres el charco y la patria. Porque el charco es el de toda la vida y la patria para ellos algo desconocido.


3- La frase que nos aterra, el Oeste que no conocemos y un posible acercamiento.

Habiendo identificado dos importante puntos en los que estamos fallando, no queda sino buscar una solución a todo este lío.

A mi parecer, es un proceso arduo pero es muy posible lograrlo si se pone empeño desde YA y si se respetan ciertos parámetros básicos que son necesarios manejar antes de hacer contacto con el poco conocido oeste capitalino.

1- Desmitificar la bajada de los cerros. Asumir de una buena vez que las personas que allí habitan luego de morir Chávez volvieron a su neutralidad de toda la vida y no bajaran a rescatar a Maduro ni los van a cortar con un machete por poner una guarimba en la redoma de la Vega o en el boulevard de Catia.

2- Si, en los barrios hay colectivos, malandros, gente maliciosa, gente que tiene el cerebro conectado con el cu... y gente muy pero muy resentida. Esas personas cuanto mucho constituyen un 15 % de la población total de cada sector.

Ellos tiene ventaja en que son en extremo violentos, actúan llevados por el odio, y en su mayoría aprovechan lo político para hacer lo que mejor saben... robar o saquear.

Nosotros (sociedad civil), de hacer bien el proceso de "apertura mental" de la gente del oeste. Tendremos la ventaja de ser una abrumadora mayoría, tener en nuestras filas gente que conoce de la A a la Z el barrio así como sus códigos y reglas, y tendremos, por fin, la oportunidad de tirar por el suelo ese lavado cerebral que lleva haciendo el estado desde hace 15 años

3- Asumir que desperdiciamos 10 años anestesiados y ahora debemos recuperar esa falla en unos pocos meses. Lo ideal sería en conjunto establecer un medio de entrada al barrio que no requiera -en principio- nuestra presencia física en el

Lo mas cercano a esto es el volanteo. Si, se esta haciendo ya... pero... a mi juicio, se está enviando el mensaje equivocado. Y me refiero a los volantes imparciales que he visto en la calle, la información contenida en ellos es innecesaria para los que vivimos en el barrio. Y explico por que:

A- Ya TODOS aquí somos conscientes que hay inseguridad, escasez, desempleo, etc

B- En el barrio, y sonará muy loco, nos trae sin cuidado que el Universal o el Nacional no tengan papel para trabajar.

C- Violación de derechos humanos? ... Ah pero eso no me llena la nevera y además en la 4ta República lo hacían igualito.

D- Que si Maduro persigue a Leopoldo y a Maria Corina. Chico que malo, pero se me enfermo la niña y debo coger numero porque ahora los cubanos atienden 10 personas por día y las cosas con inmensas.

Podría colocar tantos puntos como letras tiene el alfabeto pero para no hacerlo mas largo, lo que quiero decir con esto es que la información que necesitan leer en el barrio tiene que ser distinta. Y eso es clave si de verdad quieren llegar a ellos.

Debemos entender que nuestra realidad como sociedad civil tiene problemas diametralmente opuestos a los de la gente mas humilde.

Pienso que como punto de partida, se deberían realizar volantes que contengan un proyecto de país. Donde no solo se pelee por la censura en los medios sino donde también se incluyan los intereses inmediatos de estas personas.

Y también se les podría de forma sencilla y sin sesgos políticos explicar la importancia de vivir en un país libre y democrático.

Glei elidou dijo...

Un post muy real. No sé cómo es la vida en Caracas, pero hay una pequeña frase que me marco un poco: "Mija, aquí siempre hay hambre ¿Los ricos ahora es que se dan cuenta?" y es cierto, no soy del oficialismo, pero llegamos a este punto donde el rico también empieza a sufrir y por ende sale, pero al pobre quién lo escucha.

saludos desde Maracaibo

Apocs dijo...

Excelente amiga, cada vez escribres mejors. Me gusto mucho. Y lo comparto totalmente, el comentario de Anarquia Consumed tambien está muy apegado a la realidad.

Angel Flores dijo...

Me gusto mucho tu articulo (aunque al mismo tiempo me deprimió) y de como persististe en tu iniciativa aunque se viera como una causa perdida porque lo mejor que se puede hacer cuando no se entiende al ajeno es escucharlo y tratar de entenderlo. Vivo en Valencia y no tenia idea de eso del "este y el oeste" de Caracas parece que hay un muro intangible que separa a 2 sociedades que no se entienden y cada día como se ve esa indiferencia y odio irracional a veces por ilogico que suene parece que esa es la solución mas factible un muro, porque me cuesta ver como se puede solucionar un problema que se ha cultivado por mas de 14 años, ya existía y el gobierno solo lo ayudo a crecer.

Janet dijo...

He intentado convencer a chavistas de que el Socialismo del siglo XXI no nos conduce a una mejoría ni a un progreso económico. Hablar con esa gente es hablar con nadie. No sé cómo les han lavado el cerebro, pero ellos no entienden de ninguna manera que en los últimos 15 años, lo que era Venezuela ha sido destruido por este desgobierno. No me cabe en la cabeza como aún pueden defender lo indefendible, lo injusto, los abusos en contra de la población en todos los sentidos que todos conocemos. Ya entiendo como surgió el muro de Berlín, ya entiendo que por más que tratemos Venezuela está dividida entre los que fueron, son y seguirán siendo pobres y los que una vez fueron clase media-rica, que son la fuerza pensante del país y que en la actualidad no les quedan fuerzas para seguir luchando en contra de la corriente de un pueblo que en su totalidad es actualmente pobre extremo, y que como no sabe trabajar se ha quedado rezagado a una ayuda gubernamental que les mantiene vivos, esperando a ver si mejora la vaina. Sólo Dios sabrá en que terminará este desastre y todo este odio.

Janet dijo...

He intentado convencer a chavistas de que el Socialismo del siglo XXI no nos conduce a una mejoría ni a un progreso económico. Hablar con esa gente es hablar con nadie. No sé cómo les han lavado el cerebro, pero ellos no entienden de ninguna manera que en los últimos 15 años, lo que era Venezuela ha sido destruido por este desgobierno. No me cabe en la cabeza como aún pueden defender lo indefendible, lo injusto, los abusos en contra de la población en todos los sentidos que todos conocemos. Ya entiendo como surgió el muro de Berlín, ya entiendo que por más que tratemos Venezuela está dividida entre los que fueron, son y seguirán siendo pobres y los que una vez fueron clase media-rica, que son la fuerza pensante del país y que en la actualidad no les quedan fuerzas para seguir luchando en contra de la corriente de un pueblo que en su totalidad es actualmente pobre extremo, y que como no sabe trabajar se ha quedado rezagado a una ayuda gubernamental que les mantiene vivos, esperando a ver si mejora la vaina. Sólo Dios sabrá en que terminará este desastre y todo este odio.

Publicar un comentario