martes, 4 de junio de 2013

La Puta, la Santa y la Loca: El Machismo en Venezuela está vivito y coleando.





Venezuela es un país machista. Por mucho que moleste la afirmación, lo es. Pero eso no sería exactamente lo preocupante - y es mucho - sino que además, existe la cultura de la resignación. Porque cuando mencionas la palabra "machista" en cualquier ámbito, suelen pasar dos cosas: alguien se apresura a decirte que "Venezuela no es tan machista" como si eso fuera algo bueno y a continuación, seguramente te tacharán de "femenista" en tono preocupado, como si serlo te sometiera a una especie de fanatismo inexcusable. Ambas reacciones suelen desconcertarme y más aún, enfurecerme, porque son el caldo de cultivo ideal para una cultura donde el prejuicio, el menosprecio de la mujer y el odio sexista son moneda común. Y peor aún, aceptados como un "mal inevitable". Lo que me pregunto es porque es tan sencillo aceptar esa idea, y que provoca que la mujer - porque la mayoría de las veces los comentarios que mencioné son femeninos - le resulte tan sencillo acomodarse a la idea del menosprecio, asumirla casi con resignación.

Nunca he podido, la verdad. Y creo que a estas alturas de mi vida, no podré.

Hace unos días, leía un artículo que me revolvió literalmente el estomago:  Martina, una chica Brasilera escribió un descarnado testimonio ( que puedes leer aquí )  sobre el machismo sutil - y a veces no tanto - que sufrimos las latinoamericanas y su visión es tan dura, tan realista y lamentable, que me dolió. Me dolió más que me asombrarme, me asustarme o me preocuparme. Me dolió por lo crudo, por lo directo, por lo inevitable. Porque ¿Cuantas veces no me he sentido atacada, violentada de la misma manera que se ha sentido Martina? ¿Cuantas veces no me he preguntado si es justo, si puedo evitar ese machismo casi discreto que todas sufrimos a diario? Y si tu que me estás leyendo, piensas que en tu caso eso no ocurre,  preguntatelo otra vez: ¿Cuantas veces no te avergüenza la mirada fija de un extraño contemplándote las tetas  - sí, las tetas, una palabra incomoda para describir un momento incomodo - porque la cultura lo educó para pensar que puede hacerlo a pesar de como te haga sentir eso? ¿Cuantas veces no te has asustado por la manera como te roza un desconocido en el metro o el transporte público? ¿Recuerdas la última vez que te tragaste la rabia por un "piropo" grosero - repugnante - acompañado de una risita vulgar que te gritaron en plena calle? ¿Cuantas veces te entristece que critiquen tu talla y tu aspecto físico como si debieras cumplir algún patrón? El machismo es una opinión sutil sobre tu lugar en el mundo, sobre lo que se espera de ti, respecto a como te mira la sociedad en que naciste. Y evidentemente, la sociedad Venezolana - todas las del continente, creo - tienen un concepto de lo femenino tan limitado como primitivo. La mujer acompaña, decora, pare, protege, teme, se esconde. ¿Por qué? ¿No te preguntas el motivo de esa mirada lasciva, de ese "piropo" que te asusta antes que halagarte? ¿No te enfurece pensar que la cultura donde vives se asombre si deseas seguir una carrera universitaria pero te alabe quieras operarte las lolas? ¿Nunca te preguntas por qué te definen según tus roles biológicos y no lo que eres?

Es una historia de nunca acabar. Voy en el Metro de mi ciudad, leyendo un libro mientras el tren cruza lentamente estación tras estación. Una chica en minifalda espera también, de pie, sosteniendose del tubo. Tendrá unos diesiete años, el cabello largo y va muy maquillada. Un sujeto a su lado la mira de arriba abajo, no disimula el gesto. Después sonríe, se inclina, la empuja un poco. La chica se aleja sobresaltada, los dedos apretados en el tubo de metal. El sujeto sigue mirándola, insistiente. Se inclina, le dice algo. La chica aprieta los labios y luego, entre tropezones, se aleja hacia la multitud que se aprieta contra las puertas. El hombre sigue mirándola, con una sonrisa. Para él no ha ocurrido gran cosa. La chica esta asustada, las manos apretadas sobre la falda. Me hace sentir un escalofrío la escena, por las muchas veces que la he visto, por las tantas veces que se repetirá después. Pero lo que más me preocupa y me duele es que a mucha gente le parecerá normal, que la chica "se lo buscó" por llevar una minifalda. Quizás hasta por ser bella y joven. ¿Que clase de percepción sobre lo femenino es esa? ¿Que está queriéndome decir ese silencio que acepta, que normaliza, que invisibiliza el prejuicio, el abuso sutil hasta encajarlo en la normalidad? Cuando finalmente llego a mi estación, paso junto al sujeto: Ahora mira a otra mujer. Sonríe. Se inclina, se aprieta contra ella. El ciclo comienza otra vez.

Más tarde, tomando café con un amigo, comento sobre tema. I. es un hombre que creció en una familia numerosa del oriente del país. Su padre los abandonó siendo niños y la madre los educó con enorme esfuerzo. Una historia común en Venezuela. Por ese motivo, supongo, el tema de la mujer y su percepción social le preocupa, le incomoda un poco más que a la mayoría. O puede ser que I. sea más critico y esté más consciente de esa relación de poder viciada y hasta enfermiza entre lo masculino y lo femenino en nuestro país.

- En este país el hombre asume que la mujer debe "acostumbrarse" a ese tipo de maltrato muy poco visible - dice - te lo digo, porque muchas veces los hombres no entienden realmente porque una mujer reacciona mal hacia ese asedio, porque contesta un piropo con un grito, porque se asusta hacia la mirada insistente.
- La niña para la casa, el niño para la calle - comento. I. suspira, toma un sorbo de café. Me parece que está incomodo. Recuerdo entonces que tiene tres hermanas, una de ellas aún adolescente.
- Peor aún: "Este palito de niño es para la cosita de niña" . Eso me lo dijeron mis tíos durante toda la infancia, y todos reían al decirlo. La idea sexista se educa, se insiste desde niños. La mujer como propiedad, la mujer permisiva, sumisa.
- Eso es tan retrógrado que casi no me lo creo - contesto, con tristeza. Y es así. Miro a mi alrededor, a los hombres de traje y corbata sentados en el café donde nos encontramos, a los chicos de barba y anteojos que rien en voz alta. ¿Como me miran, a mi, enfundada en mis jeans y mi camiseta? ¿Como perciben a la mujer muy bella con un generoso escote que habla por teléfono muy divertida unas mesas más allá? 
- Pues creetelo. Para el hombre Venezolano está bien que la mujer sea emancipada e independiente, pero que "recuerde" su lugar.
- ¿Y cual ese "lugar" ? 
- El que la cultura machista pensó para ti antes que tu nacieras. 


Una frase durísima, que incluso pudiera parecer exagerada. De hecho, así lo piensa mi amiga G., que rie a mandíbula batiente cuando se la leo en voz alta, mientras tomo apuntes para este artículo.
- Eso no es así, el hombre Venezolano sabe que quien manda es la mujer.

No digo nada. G. se define asi misma como una "cuaima". Se vanagloria de "tener bien vigilado" a su novio, un chico fiestero y mujeriego, y siempre que puede, me cuenta sus grandes pelea y pasionales reconciliaciones. Ella misma me ha insistido que ningún hombre podrá "dominarla" nunca. Y la siguiente pregunta que me hago, es porque asume que alguno querría hacerlo.

- Porque los hombres creen que te pueden tomar por pendeja - me explica - todos creen que la mujer tiene que aguantarse sus mierdas. Y yo no lo hago.
- O sea, sí hay una idea sobre la mujer - insisto. Me mira, esta vez sin sonreír. 
- La hay, pero eso no quiere decir que tu la aceptes.
- Pero existe. Y es machista.
- El Machismo es inevitable.
- ¿Por qué?
- Porque así es el país en que naciste.


Me quedo callada otra vez. Así es el país donde naci. Otra sentencia angustiosa, que preocupa. Un país donde pueden decirte bella muchas, pero no inteligente. Un país donde la mujer independiente debe enfrentarse la idea de una sumisión histórica, una presión casi invisible sobre tu identidad. La mujer que "debe" ser, la mujer que la sociedad acepta como normal. ¿Donde queda la mujer grosera? ¿La mujer que no calza en el estereotipo? ¿Que pasa con la soltera? ¿Con la furiosa? ¿Con la gritona? ¿Con la que no es maternal? ¿Con la que usa zapatos deportivos en lugar de tacones altos? ¿Con la que no se quiere ver "arreglada" ni se quiere maquillar? ¿O con la que sí y eso supone una idea sexual directa? ¿Con la que lleva minifalda y debe asumir que "invita al sexo"? ¿La que la acosan por ser "bella"? ¿la que desprecian por ser fea? ¿La que sufre abuso sexual y es "culpable"? ¿La que sufre maltrato y se la buscó? ¿Que ocurre en nuestra sociedad, en nuestra percepción cultural sobre lo femenino?

Camino por la calle con una rara sensación de angustia. Las portadas de la revista me ofenden de pronto, con todas sus mujeres en Bikini, con sus sonrisas amplias e idénticas. ¿Quienes somos? Me pregunto, sentada en cualquier parte, viendo a las niñas de Uniforme, a las mujeres de traje, a las ancianas de caminar lento. ¿Como nos ve la cultura? No tener la respuesta me desespera, me angustia. Pero sí, me duele más que cualquier otra cosa.

Una interrogante que se multiplica, que parece abarcar cientos de temas complejos. Una mirada directa al mundo que padece la mujer actual.

C'est la vie.


6 comentarios:

jesus calero dijo...

Muy buen articulo, existe el machismo y a mi parecer no es nada sutil en el país, sin embargo me gustaría acotar que es inculcado en los hogares, incluso por las mismas madres que crían a sus hijos e hijas de una manera totalmente distinta. Mientras las niñas aprenden a hacer arepas o ayudan con las labores del hogar y les prohíben los noviecitos a nosotros nos preguntan a diario "mira tienes muchas novias?" o nos dicen "eso chaaaaamo te vi con una carajita, esa es la novia?" Es parte de la crisis de valores que vivimos, en vez de evolucionar involucionamos y cada vez nos alejamos más de una sociedad desarrollada

Rancilyo dijo...

Interesante lectura. Sin dudarlo vivimos en una sociedad machista, de las mujeres sumisas y bellas que sepan complacer a su amo, donde la mujer debe conocer "su puesto" y donde "mujer sola mujer sin dueño" y "todas son putas menos mi mamá, mi hija y mi hermana". Aún recuerdo las pancarta para "prevenir las violaciones" que sacó Acosta Carlés en Carabobo, donde se pedía a las mujeres no usar hilo dental. Totalmente ridículo, por cierto.
El machismo también afecta a los hombres, no te creas. Se nos pide ser fuertes, no llorar, no flaquear, ser el proveedor, ser el que manda en la cama y el que resuelve todo. Si no tienes novia, tienes cabello largo, eres educado o ¡terrible pecado! no te gusta beber, pues es posible que te tilden de "marico" como mínimo. Tanta es la homofobia que la usan para descalificar a políticos, fíjate tu que cosas. Pero a todos les gusta el humor "de locas".
Ojo, no me las quiero dar de mártir acá ni nada. Soy tan machista como el promedio, y puede que no diga piropos vulgares o "restriegue el tostón" en el metro pero igual veo escotes y murmuro "par de tetas". Pudiera defenderme diciendo que al menos identifico el contexto para no desentonar, pero que te vean las tetas es desagradable sea la situación que sea. Supongo que eso se quita al desmitificar el cuerpo e ir erradicando esos fetiches.
Un abrazo y perdón por lo largo (y algo inconexo) comentario.

José F. Lopez C. dijo...

Si, como comenta Rancilyo, el machismo no solo afecta a las mujeres, tambien nos afecta a nosotros y nos obliga a mantener un estandar, o al menos a aparentarlo. Tambien pagan por esto los homosexuales, obligandolos a vivir reprimidos en una forma mas directa y por supuesto con miedo.

Muy buen articulo, te expresas demasiado parecido a mi esposa jaja

Saludos.

Karla Pravia dijo...

Tal pareciera que hay que agradecer que nos dejan trabajar y estudiar. La misión es transformar los paradigmas, y desde nuestro rol como mujeres.

Noely Hernández dijo...

Que triste que a veces ni nos damos cuenta porque ya nos acostumbramos a eso. Me pasa cuando me dicen que parezco un hombre con tetas porque soy "arrecha". Como que si ser mujer es ser sumisa.

Scarlett dijo...

La realidad del machismo es muy triste en toda América Latina, en México no nos quedamos cortos por desgracia. Yo también leí el blog de Martina y me sentí enojada e impotente. Yo crecí en un matriarcado, del cual la cabeza es mi abuelita (migrada muy niña desde España). Total que en proporción es una casa de 6 mujeres y dos hombres. Mi abuelo (hijo de irlandés y mexico-española criado en el norte del país) creció con una madre abandonada por su esposo y otras 4 hermanas. De ahí que lo mismo se le vea limpiar la casa que cocinar sin ninguna queja, y eso que los norteños tienen fama de machos. Cuando salí al mundo real donde a las mujeres no se les dice que son capaces y libres de hacer lo que se les venga en gana (respetando el derecho de los demás y sin herir a terceros)sufrí mucho. En México hay una cultura del machismo horrible, promovida no sólo por los medios masivos de comunicación, sino por las mujeres mismas. Yo entrené artes marciales y si siento el más mínimo amago de acoso o agresión me defiendo. Una vez, en el metro un tipo pretendía tallar sus genitales contra mí y le di un fuerte codazo contra las cotillas. No sólo se enojó y me tildó de loca y neurótica, ¡me dijo que no me denunciaba con uno de los policías porque era macho y no se me metía con las viejas! Resulta que ni siquiera tengo derecho de defender mi integridad, por eso, porque aún se espera una mujer sumisa que se haga menos ante la agresión sexual. Pues bien, prefiero que me tachen de neurótica o incluso de puta a permitir un abuso más. Ya va siendo hora de cambiar paradigmas y esquemas y defender nuestro lugar en el mundo. Hay, por fortuna, muchos hombres que van rompiendo esos esquemas y reacomodando su lugar en la sociedad. Liberándose del peso que bien comentan los chicos, ser el único proveedor, no demostrar sentimientos, ser un dios en la cama o ser menospreciado. La cosa es ver eso, el machismo nos afecta a hombres y mujeres por igual, es hora de botar a la basura lo que no nos sirve.

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