sábado, 8 de junio de 2013

Hija de la Diosa, el Misterio más hermoso: ¿Te has preguntado si eres bruja? ¿Como saber si lo eres?





El sábado pasado, a propósito de acercarse la fecha donde celebraré otro aniversario de mi iniciación en brujería - un ritual de corte familiar donde comencé el aprendizaje de mi herencia religiosa -  publiqué un artículo sobre como fue la experiencia para mi y además, hablando un poco de lo que es un ritual de Iniciación para otras visiones religiosas. La intención era tocar el tema  de  manera amena y sobre todo, demostrar que los rituales de paso - los que indican una nueva manera de percibir una creencia - son más comunes de los que suponemos. Nunca tuve la intención de hablar sobre la Iniciación como algo más que una costumbre casi privada, así que, me intrigó, recibir numerosos correos preguntándome no sobre rituales mistéricos, sino sobre un tema que me apasionó: ¿La brujería solo puede heredarse - aprenderse -  por linea matrilineal o de hecho, la brujería - la identidad como bruja, más bien - puede interpretarse como algo más que un legado doméstico? Me gustó muchísimo el cuestionamiento y dediqué unos cuantos días a investigar y ordenar ideas al respecto, con la intención de escribir una respuesta clara sobre el particular a todos quienes me preguntaron. Y lo que descubrí, es un amplio Universo de interpretaciones sobre quién es la bruja bajo diversas interpretaciones y más allá, para la cultura actual.

Hija de la Diosa: La bruja y el misterio.

Para comprender el tema con mayor facilidad, es conveniente aclarar varios puntos antes de avanzar sobre él. La brujería como tal - como creencia, como percepción de una postura cultural y social, como forma de interpretar la idea de la fe -  tiene varios significados en la actualidad, todos por completos válidos. Brujería es de hecho, el nombre genérico que se le brinda a las creencias cuya principal característica es la visión de la  divinidad como femenina: creadora, constructiva y dadora de vida. La brujería es una manifestación religiosa donde la fe se interpreta - se comprende - como una expresión de la individualidad, libertad,  responsabilidad y cuestionamiento espiritual. Pero más allá de los conceptos  filosóficos, la brujería es una herencia cultural que se transmite por diversas vías: En mi caso, la recibí de mi familia, lo que supone una tradición oral que pasa de generación en generación, a través de distintos medios: Libros de las Sombras, rituales que se conservan de manera más o menos integras a través del tiempo, conocimientos prácticos sobre herbología, adivinación e incluso, en casos más elaborados, mitología. La brujería hereditaria se enseña de Madres a hijas y aunque el secretismo no es necesario ni se exige - no en la actualidad, al menos - si lo es conservar el conocimiento de manera privada, para uso de los miembros de la familia y como legado principalmente privado.

Ahora bien, la brujería hereditaria no es la única manera como la creencia en la Diosa se ha preservado, continuado y enseñado: resulta muy interesante encontrar que la visión de la Divinidad femenina se ha extendido culturalmente, a través de un planteamiento muy amplio sobre el paganismo religioso que tiene a la Diosa y el politeismo como base cultural. Existen  numerosas corrientes religiosas basadas en el paganismo matriarcal, más o menos organizadas, que son claras herederas de la brujería por herencia, pero en las cuales no se requiere brindar conocimiento por vía consanguinea o transmitirse de manera hereditaria. La Wicca, el Natib Qadish, el Kemetismo ortodoxo, el  Neodruidismo son todas corrientes del llamado "econstruccionismo pagano", es decir, una reintrepretación de antiguas creencias paganas, que pueden enseñarse de manera casi pedadogica. No obstante, me parece aún más interesante, la interpretación de algunso de mis lectores: ¿Qué ocurre con quienes se sienten naturalmente "brujas" y que no profesan ninguna creencia pagana o no han recibido educación o instrucción al respecto? ¿Que sucede con la bruja que sabe que lo es, que naturalmente se concibe como creyente de la Diosa pero que no forma parte de ninguna creencia organiza o estructurada? Una idea singular que además presupone que ese instinto de búsqueda, de comprensión de la Divinidad como parte de una interpretación del mundo podría considerarse natural, cuando no esencial en el pensamiento humano.

Entonces, la gran interrogante sobre el tema podría ser ¿Se puede ser bruja sin pertenecer a una familia o a una determinada religión? La respuesta que encontré es tan sugerente como profundamente filosófica: La bruja - o serlo, en todo caso - es una identidad cultural que define un tipo de postura filosófica especifica. En numerosas creencias y culturas, se llama Bruja a la capacidad y habilidad para desarrollar nuestra propia ciencia, nuestros propios saberes para sanarnos a nosotras mismas (y eventualmente los demás). En otras palabras, la Bruja  - o brujo, ¿por qué no? - es el buscador de conocimiento nato. El que intenta encontrar sus propias respuestas, el que construye sus propios razonamientos y lucha con sus cuestionamientos más personales.

¿Es tan sencillo todo? Por supuesto que no. Investigando en diversas fuentes ( sobre todo el interesante y hermoso libro "La Rueda Púrpura" de  Myriam Wigutov ) encontré que La Bruja, es una herencia no solo religiosa, sino además,  espiritual. Wigutov llama Bruja a "todas aquellas intuiciones, visiones y pensamientos que son nuestro instinto, nuestro olfato y el famoso sexto sentido que en nombre de la civilización ha quedado reprimido y degradado, pero que no ha muerto ni quemándolo en la hoguera". Una conocimiento que proviene de la intuición, sobrepasa el razonamiento, la lógica o el simple cinismo.  Porque la identidad de La Bruja parece resumir no solo esa revalorización de la espiritualidad, sino ese territorio inexplorado de mitos, tecnologías femeninas, internas o externas; a ese espacio de unicidad de todos los mundos, de inclusión en un todo ecológico. Lo femenino más allá del tutelaje cultural masculino y a la vez, integradose con la figura del hombre como un concepto que complementa, en igualdad de ideas y percepciones. La bruja como la capacidad de creación y su interconexión con el mundo que le rodea. El poder de la mujer como creadora, más allá de su capacidad biológica, sino como constructora de ideas y planteamientos intelectuales de enorme peso cultural. Se herede como parte de tu identidad o sea parte de manera esencial de concebir al mundo, la Bruja, como identidad, es la manera más profunda y personal de interpretar tu feminidad.


La Rebelde, La loca, la poderosa: 

Avanzando en la investigación, encontré que la Bruja - como identidad - representa además la destrucción del mito femenino supeditado a lo masculino: La cultural patriarcal sobredimensiona los valores de bondad, sumisión y recato, creando un estereotipo femenino donde la mujer parece atrapada por una aparente visión de si misma que insiste en su debilidad fisica y moral. No obstante, para  La Bruja, la espiritualidad es una forma de emancipación, que propugna la  fuerza de la mujer, su  astucia y agresividad. La mujer salvaje, como la llamaría la Psiquiatra Clarissa Pinkola Estes en su libro "Mujeres que corren con lobos". La bruja que ríe y grita, como diría mi abuela, en su sabia manera de proclamar la libertad de las ideas.

Porque el poder de la bruja reside en ese conocimiento natural de su capacidad individual:  de sus opiniones y razonamientos, de esa necesidad de comprenderse como creadora de su circunstancia. En palabras de Wigutov: "El poder de la bruja es el poder del conocimiento de lo cíclico, de la renovación, de la sabiduría para empezar de nuevo de un modo mejor: la sabiduría de dejar morir lo que tiene que morir para que nazca lo que debe nacer".  El poder de la Bruja es el conocimiento de los ciclos naturales del ser, esa es su sabiduría: la de construir su propia idea del mundo, la de aspirar a liberarse de toda convención social, la de soñar con una idea más amplia de a que la que la cultura y la sociedad parece ofrecerle. Porque la bruja - lo heredes, lo aprendas, lo sueñes, sea esencial en ti, o todo a la vez - es el símbolo de la libertad de lo femenino, lo hermoso y  poderoso en ti.

El llamado del misterio: 

No obstante, a pesar de toda la investigación que realicé sobre el tema seguí insatisfecha: la verdad, no sentí que hubiese encontrado la respuesta que buscaba. Así que,  regresé al origen: Mi propia casa. Revisé los  libros de las Sombras de mi abuela, intentando encontrar una respuesta a esas preguntas de mujeres en diferentes lugares del mundo y desconocidas entre sí, pero que sonríen y se llaman Brujas sin dudar. Me recordé de niña, incomoda y angustiada. Tenía once años y una enorme presión cultural a cuestas: porque ser bruja o intentar serlo en un país donde la palabra se confunde con insulto, no es sencillo. Aún no me había iniciado, no sabía si lo haría. Y sin embargo, me sabía bruja, sentía esa extraña convicción, ese vinculo misterioso y secreto con un tipo de conocimiento que poco tenía que ver con libros, con rituales e incluso con nombre. Algo tan personal, que incluso a mis once años era una parte de mi identidad, aunque claro, no lo pensaba de esa manera.

Le comenté a mi abuela mis temores, la confusa sensación de querer pertenecer a algo más grande que yo sin atreverme a dar el paso definitivo. Ella me escuchó, claro. Siempre lo hacia, a la manera perfecta de las abuelas: sonriendo, poniendo atención a mis palabras.

- ¿Te da miedo La Iniciación? - me preguntó. Medité un poco antes de contestar.
- Sí - admití - me da miedo porque no se exactamente que es. 
- ¿Que es para ti la Iniciación?
- Me hará bruja, ¿no? - respondí. Con la divina inocencia de los once, donde imaginaba portentosos secretos guardados en la familia, sin comprender que el mayor misterio nunca viene de otro lugar que no sea nosotros mismos. 

Abuela rió. Me acarició el cabello y me miró largamente. ¿Se recordaba así misma? ¿también de once, muy curiosa, asombrada por la palabra bruja? No lo sé. Pero me gustó esa mirada. La recuerdo a veces, cuando pienso en lo reconfortante que puede ser la sencillez.

- Mi niña, tu no necesitas Iniciarte para ser bruja. Ya lo eres. Naciste siéndolo - dijo - Una bruja lo es por su corazón y su mente. Asi se transmite la historia. Lo demás, solo es una manera de comprender eso. 

Entonces pasó un largo rato, hablándome de las brujas. Y lo comprendí tan claro, que ahora al escribirlo para responder a esas brujas que leen este, su blog de confianza, buscando respuestas, sonrío con lágrimas en los ojos. Porque son ellas, las brujas de todas las épocas y lugares:  Las que miran al cielo y sonríen, las que llevan la herencia de la Luna sin saberlo. ¿Quienes son ellas? ¿Que ocurre con todas las brujas que saben que lo son aún sin llamarse de esa forma? ¿Que sucede con quien se siente diferente y que no encaja en ningún lado? ¿La que mira la Luna y sonríe con una complicidad que no comprende? ¿La que siente el llamado del Antiguo Arte, un tipo de magia tan elemental y sincera que nadie te ha enseñado nunca? ¿Te ha ocurrido que  sientes el poder y la necesidad de crear en cada cosa que haces? ¿Estas connvecida que eres tan distinta que nadie puede comprenderte, que necesitas un tipo de conocimiento que solo obtienes a través del misterio de tu propia mente? La bruja: La mujer que ha sentido estás loca por sentirse conectada con el tierra, el fuego, el mar y el viento. La que se siente solitaria cuando ignora esa intuición profunda y poderosa. Si te han sucedido pequeños prodigios que llamas casualidades, sabes de que te hablo. Si en tu familia, hay varias mujeres que también son llamadas extrañas, locas, rebeldes, sabes a que me refiero. Si has sentido que un tipo de conocimiento que no entiendes, pero que forma parte de ti te guía por un camino profundamente espiritual, si sientes que llevas un nombre verdadero que nadie más conoce...entonces sonríe, como diría mi abuela, la bruja, la sabia. Sonríe al mirar la Luna, levanta los brazos y reconoce esa sensación de poder, que te vincula a la tierra y al cielo, a todo lo que te rodea. Siente el poder que nace de ti, que habla en un viejo lenguaje que puedes reconocer.

Sonríe, porque sin duda eres bruja.

Así sea.

4 comentarios:

Scarlett dijo...

De lado de mi madre, la familia es un matriarcado en regla. En esa familia hay una proporción de 6 mujeres a 2 hombres (lo que no quiere decir que no queramos locamente a nuestros hombres: mi abuelo y mi tío), significa que las casa está llena de esencia femenina. La brujeril y no tradicional que impone la cultura. Mi abuela desde siempre nos enseñó a ser brujas, independientes, empoderadas, sin miedo a decir lo que pensamos. También el valor de las hierbas, las mancias, los sueños premonitorios y esas cosas de la intuición y la magia que van más allá de toda lógica. Eso a ella se lo enseñó su madre (que desafortunadamente murió cuando ella aún era muy pequeñita, de ahí su padre como devoto católico la educó como tal). Supongo que por eso, en ese lado de la familia nadie se sorprendió cuando les dije que salía del armario de las escobas y me volvía pagana. Eso fue para mí forma de dar coherencia a lo que sentía desde siempre en mi interior, que yo era una brujita. Una vez leí que una chica de un blog wicca escribió que todas las wicca son brujas, pero no todas las brujas son wicca. Parece una frase simple pero resume muy bien la idea, más allá de la denominación que se siga, una bruja elige serlo. Curiosamente cuando si ese paso definitivo de declararme pagana fue a los 13 años :P

MYRIAM WIGUTOV dijo...

Gracias por tu apreciación sobre mi Libro LA RUEDA PURPURA!
Aprovecho a saludarte a ti y a todas las mujeres buscadoras de Su Propio Poder!

Myriam Wigutov
www.laruedapurpura.com.ar
myriamwigutov@yahoo.com.ar

Vicky Camacho dijo...

Hola, se que hace tiempo que escribistes esta entrada, pero aun asi queria agradecerte que lo hicieras :)

Gracias por contarnos trocitos de tu historia, de ti, al fin y al cabo de tu alma. Gracias por hacernos entender que todas tenemos un poquito de brujas en nuestro interior. Gracias por ser tu.

Miro a mi Madre mientras enciende incienso y cocina. Se ve feliz mientras escucha sus mantras. La Luna se ve por la ventana de la cocina. Imagino a mi abuela encendiendo una vela blanca en su casa, seguramente en su altar dedicado a la diosa, a los santos, al universo. Me la imagino con su humor extrovertido, valiente y sin miedo. Puedo ver los rasgos que heredo mi madre de ella. Tan diferentes y iguales a la vez, con esa fuerza, ese aura que las rodea, pienso, mientras sostengo una libreta con algunos apuntes sobre brujería contra mi pecho. Poesía sobre una mujer en el bosque, información que encontré en mi casa por aquí y por allá, entre los libros de mi madre. Y mientras guardo mi móvil en el bolsillo trasero de mis jeans después de haber leído una entrada antigua sobre que es realmente una bruja, sonrio.

Lo hago por puro placer, por que sonreír hace querer soñar y crear. Construir.
Acaricio me pelo rizado y mientras miro la Luna a través de la ventana. La luna brilla con fuerza y vuelvo a preguntarme que secretos esconde la vida. Y con una sonrisa me doy cuenta que quiero saberlo. Quiero encontrar respuestas, ayudar, quiero soñar, salir a l calle a gritar y a reír. Quiero ser libre. Y lo soy, me doy cuenta con un poco de sobresalto. Lo soy.

Gracias- te susurro sonriendo- gracias.

Zeltía La Loba dijo...

Hola, me podrías decir quien es el autor de la fotografía que encabeza tu articulo?, gracias de antemano.

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