sábado, 30 de marzo de 2013

Delirios Sabatinos: Cuando hablo de Brujeria ¿A qué me refiero? ¿Por qué me llamo bruja?





He contado la experiencia varias veces en este, su blog de confianza. Ser bruja en esta época no es algo sencillo. Y no lo es, esencialmente, porque en un mundo práctico y la mayoría de las veces cínico, una creencia minoritaria es poco menos que un reliquia cultural. E incluso menos que eso. Porque llamarse bruja en una época donde la fe es moneda falsa, no es tarea sencilla. La cosa es más o menos así: menciono la palabra "bruja" y lo que ocurre a continuación, es una especie de reacción que ya me resulta más o menos familiar: mi interlocutor me observa - ¿estará loca o no? - asume que hablo en serio, y después silencio. Un silencio incómodo, de hecho. Aguardo, con toda la paciencia que he aprendido a tener en estas situaciones.  Que no es mucha, en realidad. Finalmente, surge la pregunta:

- ¿Como que bruja?
- bruja, como suena. 
- Eso es supercheria.
- Son mis creencias.
- ¿Basadas en qué? 
- En mitos, leyendas e historias que heredé oralmente. 
- ¿En esta época?
- ¿Por qué no?


Silencio otra vez. La mayoría de las veces, mi interlocutor decide no continuar preguntando, pero en otras, lo hace. En ocasiones las preguntas son pura curiosidad - que siempre me resultan entretenidas y las respondo con gusto - , en otras, una manera de intentar convencerme de lo equivocada que me encuentro en mi punto de vista sobre la vida, mi manera de creer y crear. También me resulta entretenido, aunque no tanto claro. Procuro comprender ese otro lado de las cosas, esa visión que la cultura ha dejado sobre lo que creo, sobre esa visión de la fe que debe resultar tan desconcertante para una sociedad Patriarcal, para una forma de ver el mundo por completa contraria a la mia. Lo he logrado, casi siempre. En otras no tanto. Igualmente, el mero hecho de poder discutir mi punto de vista, es un gran paso. Es una manera de mirarme, más allá de quién soy y de analizar esto que llamo "mi visión de las cosas" desde otra perspectiva.

Pero volvamos a la conversación que se quedó a medias. Mi interlocutor me observa, y al parecer se está preguntando con genuino interés ¿Por qué no realmente una creencia como la de Aglaia en esta época?. Por último, se inclina, observándome como si lo hiciera por primera vez.

- Una bruja, entonces.
- Ni más ni menos.
- No vuelas.
- Ni como niños, tampoco.
- ¿Que haces entonces?
- Creo.

Porque en resumidas cuentas, la brujería es sin duda una manera de creer.

De la Luna al sol: La creencia como forma de crear. 


Cuando hablo de Brujería, no me refiero por supuesto a esa idea que engloba cualquier creencia no católica o Cristiana bajo una misma denominación. De hecho, es el error más común que se comete: Confudir la brujería o mejor dicho, la Creencia en la Diosa, en cualquier manifestación de fe que no tenga relación con el monoteismo establecido. Por supuesto, la brujería tiene su identidad propia y una forma de comprenderse así misma por completo autónoma: En la religiones más antiguas - en las que por supuesto, se cuenta la Brujería - poderosas y salvajes divinidades femeninas presidían las tradicionales ceremonias de iniciación femenina y enseñaban a las mujeres todas las fases de la vida creativa natural, desde la doncellez a la maternidad, hasta la vejez. Lo primitivo, lo originario, lo brutal y lo crudo era aceptado como parte de la vida - de hecho lo era - y comprendido como parte de una idea general de todas las cosas: una estructura de la memoria universal totalmente válida, portentosa, inabarcable por la mente humana. Sin embargo, esa percepción sincrética y profundamente espiritual terminó convirtiéndose en un estigma: En muchos casos, las mujeres que amaban y adoraban a la Madre Naturaleza tuvieron que proteger cuidadosamente su vida. Al final,la sabiduría de quienes comprendían la memoria natural como una voz cruel y pura, violenta y maternal - la eterna dualidad incontestable del Universo - se transformó en un mito de la memoria y tomó la forma de los cuentos de hadas, el folclore, los estados hipnóticos y los sueños nocturnos más antiguos. Gracias sean dadas a esa idea cultural destructora e intolerante que insiste en una única creencia.

No obstante, con el correr del tiempo, los sistemas religiosos han enterrado esa venerable deidad salvaje - que no obstante, persiste en nuestro espíritu - en la busca de orden, valores morales accesibles, una cierta coherencia en medio del valor humanista de la vida y nuestra comprensión del mundo y la realidad. Por supuesto, ninguna creencia moral actual tiene como uno de sus preceptos adorar y venerar a la Gran Madre Oculta, esa fuerza furiosa y  que se vincula directamente con nuestra forma de pensamiento más proverbial y profunda. Todas propugnan e insisten en la sumisión del poder espíritu a una Divinidad  que juzgara o perdonará nuestros errores, creacionista pero a la vez mecanicista, que a su vez deriva en un pensamiento filosófico que propugna la verdad absoluta.

Sonrío, mientras enciendo las velas de mi altar, repleto de flores, los símbolos de las deidades en las que creo, la Luna brillando en medio de la estrella de cinco puntas. La libertad de un pensamiento personal, de un principio personal que ningún dogma podrá doblegar jamás. Me dejo caer ante el circulo de luz, que danza e ilumina la oscuridad, dándole sentido a un mundo intimo. Extendiendo las manos y por un momento, toda palabra y todo pensamiento pierden sentido, en la  sensación que palpita en mi pecho. La hija de la Diosa, la Bruja, la niña que fui, la mujer que soy, la ciudadana corriente, el espíritu libre que aspiro ser. Las manos extendidas sobre el calor del fuego, la sensación de puro poder personal que me abruma, que me envuelve y otorga sentido y valor a cada una de mis convicciones, esa comprensión de la tolerancia hacia mi propio rostro en el espejo. El viento golpeando la ventana, la tierra Madre sosteniéndome en su regazo. Palpita en todo mi cuerpo la fervorosa sensación de una creencia más antigua que mis pensamientos, solo una sensación oblicua y poderosa.

Porque en mi caso, tal vez el nombre de bruja resuma ese poder que adquirí a medida que comprendí el poder de pensar y crear como una manera de crear:  entregada a la tarea de la profunda iniciación y el desarrollo de la conciencia. Me cuestiono una y otra vez, en busca de la nutritiva naturaleza salvaje, la antigua sabiduría que es una sabiduría Universal, un conocimiento eterno y perdurable, atemporal, magnifico, sin nombre ni voz. Un conocimiento arquetípico, sin medida ni confín.

La necesidad de un tiempo nuevo, la fuerza de la Diosa secreta en mí.

Así sea.

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