lunes, 14 de junio de 2010

Psicopata en Armani


La primera obra que leí la obra de Bret Easton Ellis tenía unos catorce años. Lo hice sólo porque estaba en la biblioteca y necesitaba escapar un poco de la prosa depurada, densa y sofocante de Proust. Claro está, lo conocía de oídas - consecuencia de pertenecer a un grupo de lectura donde la mayoría de los miembros me llevaban al menos 16 años de diferencia - pero en realidad no pude leer American Psycho hasta que me convencí que podría tener un valor en sí mismo. Mis largos desvelos me han proporcionado la ocasión de releerlo.

El argumento no deja de ser simple, a pesar de la violencia explicita que al parecer levantó resquemores entre los lectores más mojigatos: Nuestro heroe es Patrik Bateman, un joven ejecutivo a la última moda. Conoce a la perfección como hay que vestirse, cuales son los lugares donde paladear frenési del inmediatismo, la música que hay que escuchar, los difusos valores culturales que debe seguir, si desea pertenecer al privilegiado rebaño idiosincrático al que pertenece. También es un asesino en serie que viola, tortura y mata a sus víctimas. Una combinación dual casi ideal para lo que se considera la psicopatia en estado puro.

No es de extrañar que causara sensación en su momento. La descripción de los crímenes es cruda y sin concesiones. Pero, a diferencia de lo que pensé leyendo Tentativa me parece que su uso es totalmente correcto y el resultado una novela de altura. Por supuesto, si analizamos la idea que Patrick es de hecho, el reflejo de una sociedad de consumo convertida en un refinado instrumento de violencia anónima, podríamos acusar a la novela de simpleza y estereotipo. Pero no estoy de acuerdo con esta simplificación del método. La brutalidad de Bateman se refleja como un deseo inconcreto de libertad, de satisfacción, de definitiva ruptura de los valores, sin renunciar a ello. El personaje deambula con cierta alegría entre un iluminado deseo de alineación y una selectiva angustia existencial que lo conduce al asesinato más deshumanizado. ¿Una dicotomia difusa de la sociedad actual? No podría aventurarme a darle un sentido épico a una obra cuya mayor debilidad es la reiteración de las ideas hasta convertirla en una especie de elaboración enfermiza del verbo social. No obstante, Easton Ellis le da nueva voz a un viejo temor: la muerte sin rostro, la violencia de guante blanco.


A veces me imagino como sería el Patrick Bateman de nuestra época, la década del principio del nuevo milenio: más aislado aun por el anonimato virtual, ganando millones de dolares detrás del monitor de un ordenador personal. Un genio discreto, consumiento drogas de diseño, un depredador nocturno que tal vez exhibiría sus crimenes en espléndidas creaciones interactivas web. Ah, me hace sonreír la idea y me pregunto si Easton Ellis no desea realizar una recreación del mito, una espléndido renacimiento de su personaje más trabajado. Sin duda, yo lo haría. Las posibilidades en la destrucción y la aseveración del aislamiento social son actualmente infinitas.

Mi edición tiene una frase en la contraportada que advierte:

"Patrick es un ciudadano cualquiera de una ciudad cualquiera de Occidente. Patrick es uno de los nuestros."

Sin lugar a dudas, la mayor muestra que Bateman necesita un nuevo rostro, una nueva revisión del mito urbano del asesino que merodea gimnasio, fiestas, coca, entre modelos de rostro perfecto y llevando trajes de alta costura. De ahí a deducir que la carencia emocional de Patrick pueda estar relacionada con su modo de vida, y que los ejecutivos no tienen sentimientos sólo hay un paso. Una idea hilarante sin duda, aunque no totalmente necesaria: Patrick Bateman solo demuestra la idea subyacente que la violencia es tan humana e insensible que cualquier hecho humano podría equipararsele en simple necesidad de expresión.

Claro que, el libro también admite otras lecturas, incluso la posibilidad de que todos los crímenes no sean más que imaginaciones de una mente enferma. En cualquier caso un libro que recomiendo -por algo lo he leído dos veces- de la misma manera que los dos que también tengo del autor: Las leyes de la atracción y Lunar Park.

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